18 de julio de 2026
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Actividad física regular combate la depresión según estudio

Estudios recientes indican que el entrenamiento con pesas, además de desarrollar la musculatura, puede reducir los síntomas de depresión y ansiedad. La práctica regular de ejercicios de fuerza aparece como una alternativa respaldada por evidencia para mejorar la salud mental.

Una revisión publicada en la revista International Journal Mental Health Nursing analizó 32 estudios controlados que incluyeron a más de 3.000 adultos con diagnóstico de depresión o ansiedad. El resultado principal fue claro: el ejercicio aeróbico, el de resistencia o una combinación de ambos producen mejoras significativas y sostenidas en los síntomas.

El metaanálisis consideró intervenciones de distintas intensidades y duraciones, y encontró que los beneficios se mantenían independientemente del tipo de ejercicio practicado y de la edad de los participantes.

La revisión científica que cambió paradigmas

Los programas incluidos variaron en exigencia y duración, pero la regularidad resultó ser la clave para los efectos positivos. Con sesiones dos o tres veces por semana y una progresión gradual, muchos participantes consiguieron mejoras mensurables.

Según los autores, “estos efectos positivos no dependen del tipo de ejercicio, sino de la constancia y la adecuación al paciente”.

Los hallazgos respaldan la incorporación del entrenamiento de fuerza en los protocolos de tratamiento de la depresión, colocándolo al mismo nivel que intervenciones tradicionales como la psicoterapia y la medicación. Además, se observó una alta adherencia, lo que sugiere que este enfoque es viable y sostenible para la mayoría de las personas.

Cambios profundos en cuerpo y cerebro

El ejercicio de fuerza produce efectos fisiológicos reales. Durante el entrenamiento se incrementa la disponibilidad de neurotransmisores como serotonina, dopamina y noradrenalina, todos implicados en la regulación del estado de ánimo.

También aumenta la producción de BDNF (factor neurotrófico derivado del cerebro), una proteína que favorece la plasticidad cerebral y la formación de nuevas conexiones neuronales.

La revisión destaca también el papel de las mioquinas, moléculas liberadas por el músculo durante la contracción que actúan como señales hacia el cerebro y otros órganos, lo que sugiere una función endocrina del músculo con impacto en la salud mental.

Otro hallazgo relevante fue la reducción de marcadores inflamatorios en sangre, actualmente asociados con la biología de la depresión. La práctica regular del entrenamiento de fuerza contribuye a disminuir estos indicadores, lo que podría explicar parte de su efecto terapéutico.

Recuperar la sensación de progreso

Los estudios muestran que el entrenamiento con pesas facilita establecer objetivos concretos y alcanzables, como completar una rutina o aumentar gradualmente la carga. Estos progresos medibles ayudan a mantener la motivación y la adherencia al tratamiento.

No se exige experiencia previa ni muchas horas de práctica para obtener beneficios: los programas analizados usaron rutinas sencillas y adaptables a las capacidades individuales. La constancia y una progresión gradual fueron factores determinantes para mejorar la salud mental.

El ejercicio de fuerza se recomienda como estrategia complementaria a la medicación y la psicoterapia cuando estos tratamientos son necesarios. La literatura científica respalda su inclusión en enfoques multidisciplinarios para tratar la depresión y la ansiedad.

Mientras continúan desarrollándose nuevas tecnologías y terapias farmacológicas, estos hallazgos subrayan que prácticas accesibles y cotidianas, como el entrenamiento con pesas, pueden contribuir de forma importante a la respuesta frente a los trastornos mentales.

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