24 de enero de 2026
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Delantero que dejó Boca, brilló en River y fue sancionado por dopaje

Pertenece al reducido grupo de futbolistas que vistieron de forma consecutiva las camisetas de Boca Juniors y River Plate.

Con notable fortaleza física y buen olfato goleador, fue una pieza clave del River que ganó la Copa Libertadores de 1986. Sin embargo, una sanción por dopaje marcó un quiebre en su trayectoria profesional y truncó una proyección que hasta entonces parecía en ascenso.

El episodio de dopaje que marcó una carrera prometedora

Ramón Miguel “Pelado” Centurión nació el 20 de enero de 1962 en Santa Fe, Argentina. Delantero de gran presencia física, debutó profesionalmente con 16 años en Unión de Santa Fe, donde completó su formación. En esa etapa jugó aproximadamente 140 partidos y anotó cerca de 50 goles.

Sus actuaciones atrajeron la atención de los clubes grandes y en 1985 fue fichado por Boca Juniors. Su llegada generó expectativas, pero una racha prolongada sin goles provocó desconfianza entre los hinchas.

No son habituales los enfrentamientos directos entre un jugador y su propia parcialidad, pero Centurión quedó envuelto en una de las polémicas más recordadas de la década de 1980 con la hinchada de La Ribera.

En un empate sin goles frente a Gimnasia en La Bombonera, marcó sobre el final y, en aparente enojo, hizo un gesto obsceno hacia la tribuna local en provocación a La 12. Minutos después, el árbitro anuló el gol por posición adelantada y la reacción del público fue inmediata.

Tras ese episodio su continuidad en Boca se vio comprometida y a comienzos de 1986 pasó a River. El pase se concretó a través de la empresa intermediaria Puma Internacional, una práctica común en esa época que permitió el traspaso sin una negociación directa entre clubes.

Con la camiseta de River alcanzó el punto más alto de su carrera: en 1986 fue campeón del torneo local y de la Copa Libertadores. En la Libertadores se destacó como máximo anotador del equipo, con siete goles, y fue una de las figuras del conjunto dirigido por Héctor “Bambino” Veira.

No obstante, cuando atravesaba su mejor momento, un control antidopaje previo a las finales de la Libertadores arrojó resultado positivo por metanfetaminas y recibió una sanción que lo dejó fuera de la actividad por un año.

La suspensión tuvo efectos profundos a nivel deportivo y personal: frenó su proyección y lo dejó al margen del equipo que luego se consagró campeón de la Copa Intercontinental.

A diferencia de otros casos, Centurión siempre negó haber consumido drogas de manera intencional. Con el tiempo afirmó en diversas entrevistas que no entendió cómo se produjo el resultado positivo y sostuvo que, de haber conocido el riesgo, no se habría expuesto.

También calificó el episodio como una injusticia deportiva y sugirió que conflictos internos y disputas por el puesto pudieron influir en que su caso derivara en sanción. Esa interpretación, de carácter personal, alimentó durante años su sentimiento de agravio.

El caso de Centurión fue uno de los primeros escándalos de dopaje de relevancia público-deportiva en Argentina. En una época en la que este tipo de episodios eran poco frecuentes, la investigación, la cobertura mediática y la sanción generaron un debate público que dejó una huella en la historia del fútbol nacional.

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