El calor de esta época obliga a adaptar el cuidado de la piel.
Las temperaturas más altas requieren revisar productos y rutinas, reforzando la protección y la hidratación para prevenir daños, brotes y envejecimiento prematuro.
“Los cambios bruscos y extremos de temperatura impactan en la piel porque ésta cuenta con receptores tanto del calor como del frío”, explicó a Infobae la médica cirujana y especialista en medicina estética Johanna Furlan (MN 122.975).
Entre las consecuencias del calor extremo mencionó la deshidratación, mayor sensibilidad, producción excesiva de sebo y la alteración del equilibrio cutáneo. Para ella, “es fundamental conocer la propia piel, observar su respuesta y ajustar la rutina cuando sea necesario”.
Desde la Sociedad Argentina de Dermatología (SAD), el dermatólogo Christian Sánchez Saizar (MN 97.895) advirtió que la piel “gasta más energía, aumenta la oxidación y libera más radicales libres” para compensar agresiones como los rayos UV, el viento, la sudoración y el contacto con químicos.
“Como resultado se produce un déficit en la hidratación natural que debe ser corregido rápidamente”, señaló Sánchez Saizar; si no se repone, la piel pierde elasticidad y se vuelve áspera, tirante y frágil.
El dermatólogo funcional Lucas Ponti (MN 130.388), especialista en psiconeuroinmunología y longevidad, indicó que el error más común ante el calor es “combatirlo aplicando más productos”. Propone simplificar la rutina y potenciar la autorregulación cutánea, ya que el calor genera un estado de estrés biológico con dilatación vascular, más sudoración y alteraciones del pH y del microbioma. Esto puede traducirse en más acné, dermatitis, brotes de rosácea y pérdida de luminosidad.
La dermatóloga Lilian Demarchi (MN 88.365), también de la SAD, enfatizó la prevención: evitar la exposición solar y usar filtros químicos o físicos con protección anti-UVA y anti-UVB. Recordó que el sol es la principal causa del envejecimiento cutáneo y que cara, cuello, escote y manos son las zonas más vulnerables.
Ingredientes y activos clave para el verano
Los especialistas coinciden en que el protector solar es imprescindible. Furlan lo calificó de “indispensable” y añadió que la vitamina C protege frente al daño ambiental, mientras que las vitaminas A y E ayudan a la regeneración. Sánchez Saizar recomendó ácido hialurónico —que retiene agua sin sensación pesada— y pantenol, que repara y suaviza; también son útiles aloe vera, alantoína, ceramidas y antioxidantes como el resveratrol.
Ponti sugirió buscar “humectantes inteligentes”, por ejemplo ácido hialurónico de bajo peso molecular combinado con glicerina, ceramidas, niacinamida y pantenol. Recomendó además activos calmantes como centella asiática y avena, y aconsejó evitar cremas oclusivas y pesadas, rutinas complejas y activos irritantes como retinoides o exfoliaciones agresivas durante los meses calurosos.
Texturas y productos recomendados
El consenso es priorizar texturas ligeras. Para pieles grasas, Sánchez Saizar recomendó cremas ligeras o en gel y sueros; advirtió que las cremas densas pueden obstruir poros y aumentar la sensación de calor y sudoración. Sugirió serums livianos, emulsiones tipo gel o gel-crema, brumas hidratantes y cremas oil-free con acabado mate.
Furlan matizó que no es necesario evitar todas las cremas de mayor estructura, pero subrayó que el producto debe absorberse bien y no bloquear la piel. Tanto ella como Ponti destacaron el valor de lociones sin alcohol, tónicos y aguas termales para hidratar, calmar y refrescar.
Rutinas diarias: la importancia de la hidratación y protección
Sánchez Saizar explicó que la piel deshidratada se vuelve opaca, menos flexible y pierde parte de su función de barrera. La hidratación adecuada aporta beneficios inmediatos y a largo plazo: piel más suave, luminosa y con menor deterioro por envejecimiento, además de un microclima que favorece la elasticidad y la producción de colágeno y fibras elásticas, resumió Demarchi.
Recomendó empezar el día con la piel hidratada y aplicar protector solar antes de salir, renovándolo cada dos horas y tras transpirar o bañarse. Aconsejó programar actividades al aire libre temprano o tarde y usar ropa protectora incluso en días nublados, ya que los rayos UV y las radiaciones reflejadas en arena, agua, cemento o nieve también dañan la piel.
Cuidados frente a brotes de acné e irritación
El calor y la sudoración pueden agravar el acné y la irritación. Furlan aconseja consultar a un profesional ante brotes persistentes y realizar limpiezas acordes al tipo de piel, evitando el uso excesivo o inapropiado de productos. Sánchez Saizar recomendó limpiadores suaves, no jabonosos, evitar exfoliaciones agresivas y productos muy oclusivos, y optar por hidratantes oil-free. Para tratar brotes sugirió ingredientes como niacinamida, zinc, ácido salicílico o mandélico. También aconseja no tocar las lesiones y mantener la piel seca después de transpirar.
Hidratantes y nutritivos: por qué no son lo mismo y cuáles son sus funciones
Sánchez Saizar distinguió hidratantes y nutritivos: los hidratantes aportan y retienen agua —ideales en verano— con ingredientes como ácido hialurónico, glicerina o aloe vera y texturas ligeras. Los nutritivos aportan lípidos para reparar la barrera cutánea —más útiles en pieles secas o en invierno— con aceites, ceramidas o mantecas y texturas más densas.
Demarchi aclaró que muchos productos combinan ambas funciones, pero es importante conocer las diferencias: las cremas hidratantes suministran agua a capas intermedias de la piel, mientras que los agentes humectantes ayudan a retener esa humedad.
La noche: oportunidad para reparar y nutrir
La rutina nocturna es clave para la recuperación cutánea. Sánchez Saizar recomendó limpiar el rostro, retirar el maquillaje y aplicar una crema antiage que nutra en profundidad durante el sueño. Demarchi coincidió y agregó que elegir el producto adecuado al tipo de piel es esencial, ya que los activos actúan mejor mientras la piel está relajada por la noche.


