26 de enero de 2026
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Historias reales de supervivencia en islas desiertas que inspiran cine y literatura

Las historias de personas que sobreviven en islas desiertas vuelven a captar la atención con el estreno de la película Send Help, que aborda los retos del aislamiento extremo. A lo largo de la historia, individuos y grupos han enfrentado situaciones semejantes en lugares remotos, despertando interés por su capacidad de adaptación y las tácticas que emplearon para sobrevivir.

Según Smithsonian Magazine, estos relatos trascienden la ficción y sirven de inspiración para nuevas generaciones.

La literatura y el cine han convertido la supervivencia en islas deshabitadas en un tema recurrente. Títulos como Robinson Crusoe, Cast Away y la reciente Send Help —que se estrenó el 30 de enero en Estados Unidos— mantienen vivo el debate sobre la resistencia psicológica, la creatividad y la fortaleza necesarias para sobrevivir en soledad y con recursos limitados.

Hazañas individuales que desafiaron el aislamiento extremo

Los supervivientes en estas situaciones enfrentaron obstáculos similares: aislamiento total, escasez de alimento y agua, entornos adversos y la carga emocional de la soledad.

Smithsonian Magazine señala que las diferencias entre los casos dependieron de los recursos disponibles, las decisiones tomadas y la capacidad individual o colectiva para superar el miedo y adaptarse.

Un caso histórico notable es el de Alexander Selkirk, marinero escocés que en 1704 decidió quedarse en la isla Más a Tierra (hoy isla Robinson Crusoe, archipiélago Juan Fernández) porque consideró su barco inseguro; la nave finalmente se hundió. Selkirk vivió allí cuatro años y cuatro meses utilizando herramientas básicas, cazando cabras y recolectando frutas; a su regreso a Inglaterra inspiró la novela Robinson Crusoe y alcanzó fama pública.

A comienzos del siglo XVI, el portugués Fernão Lopes vivió un exilio prolongado tras convertirse al islam durante la conquista de Goa. Eligió autoexiliarse en la isla de Santa Elena, donde permaneció cerca de 14 años alimentándose de plantas y pescado; regresó brevemente a Portugal y luego volvió a la isla, donde murió en 1545.

La francesa Marguerite de la Rocque fue abandonada en la Isla de los Demonios (Canadá) junto a su amante y una sirvienta como castigo por su relación. Durante el exilio dio a luz y, tras la muerte de sus acompañantes, logró sobrevivir cazando con las armas que conservó, dedicando tiempo también a la lectura y la oración. Fue finalmente rescatada por pescadores y regresó a Francia.

En el siglo XVIII, Philip Ashton fue secuestrado por piratas y abandonado frente a las costas de Honduras. Tras escapar, quedó varado sin provisiones y sobrevivió 16 meses alimentándose de frutos y huevos; más adelante recibió herramientas de otro náufrago y fue rescatado por un barco británico en 1724.

En el siglo XX, destaca la historia de Ada Blackjack, la única superviviente de una expedición a la isla Wrangel, en el Ártico, entre 1921 y 1923. Contratada como costurera, resistió tras la partida de sus compañeros en busca de ayuda, cazó zorros y aves, confrontó osos polares y esperó el rescate para reunirse con su hijo enfermo. La prensa la describió como una “Robinson Crusoe femenina”, aunque ella evitó la notoriedad.

Cooperación y legado de los supervivientes

El caso de los náufragos tonganos ofrece una visión colectiva de la supervivencia. En 1965, seis adolescentes que huyeron de un internado en Tonga naufragaron y llegaron a la isla deshabitada de ʻAta tras una tormenta. Sobrevivieron gracias a la cooperación: construyeron refugios, repartieron tareas y cuidaron animales que encontraron. “Trabajamos todos juntos como si fuésemos a vivir en la isla durante mucho tiempo”, relató Sione Filipe Totau a Smithsonian Magazine. Fueron rescatados tras 15 meses y su experiencia contrasta con la visión pesimista de obras como El señor de las moscas.

En 2000, Joseph Rangel y Lorenzo Madrid, dos pescadores de origen mexicano, quedaron varados en una isla del Mar de Cortés. Sobrevivieron casi dos semanas alimentándose de crustáceos y pequeños animales marinos; Madrid murió por deshidratación y el rescate llegó 48 horas después. Al volver a tierra, Rangel criticó la falta de medidas básicas de seguridad, como una radio o un plan ante emergencias, según Smithsonian Magazine.

Estas vivencias trascienden lo individual: inspiran libros, películas y debates sobre la resiliencia humana, la capacidad de enfrentar el aislamiento y la creatividad para superar la adversidad. Smithsonian Magazine subraya que, a pesar de las diferencias culturales y temporales, todos estos supervivientes llevaron al límite la resistencia humana.

Algunos optaron por rehacer su vida lejos del foco mediático; otros alcanzaron fama. En todos los casos, la experiencia extrema dejó una huella duradera.

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