23 de febrero de 2026
Buenos Aires, 24 C

Opciones de ataque de Donald Trump contra Irán

Steve Witkoff, enviado de Donald Trump a Oriente Medio y otras regiones, declaró el 21 de febrero en Fox News que el presidente no entiende por qué Irán no ha “capitulado” ante las exigencias estadounidenses sobre su programa nuclear, dadas la masiva presencia militar de Estados Unidos en la zona. El 19 de febrero, un E-3 AWACS sobrevoló la costa mediterránea de Israel a 31.000 pies, visible a simple vista, y se dirigía a una base aérea en Arabia Saudita donde están desplegadas tropas estadounidenses. Ese tipo de avión serviría para coordinar múltiples salidas en operaciones aéreas complejas sobre Irán si llegara a estallar un conflicto. Estados Unidos ha concentrado en Oriente Medio la mayor presencia militar extranjera en más de dos décadas, con más de un tercio de sus buques de guerra disponibles en la región, lo que le ofrece al presidente varias opciones si decide atacar.

Trump ya ordenó ataques contra Irán anteriormente: en junio envió siete bombarderos furtivos B-2 que volaron 18 horas desde Misuri para lanzar bombas antibúnker contra instalaciones nucleares iraníes. Si ordenara otra ofensiva, es muy probable que los objetivos fueran mucho más amplios y que las consecuencias fuesen inciertas.

En los próximos días llegará a la región un segundo portaaviones. Con su presencia, Estados Unidos sumaría alrededor de 200 aviones de combate, apoyados por aviones de mando y control (AWACS), aviones cisterna, equipos de guerra electrónica y aviones de búsqueda y rescate. Además dispone de buques capaces de lanzar cientos de misiles de crucero Tomahawk. Las defensas antimisiles en la región también se han reforzado con baterías THAAD y Patriot, y con escuadrones de F-15E equipados para derribar drones iraníes. Según Eden Attias, exgeneral de la Fuerza Aérea israelí, la abundancia de recursos desplegados sugiere la intención de preparar no una incursión puntual sino una campaña aérea sostenida con misiones repetidas y presencia en el espacio aéreo iraní.

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Las conversaciones entre negociadores estadounidenses e iraníes están previstas en Ginebra para el 26 de febrero. El presidente ha manifestado repetidamente su voluntad de buscar una solución diplomática, pero Witkoff señaló que, pese a la presión implícita de la amenaza militar, resulta “difícil” lograr que los iraníes reconozcan públicamente que renuncian a las armas. Mantener el nivel actual de preparación militar es muy costoso y, en algún momento, puede dejar desprotegidas otras regiones.

Si Trump pierde la paciencia y opta por un ataque, sus generales barajarían varias alternativas. Una sería apuntar al líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei, y a su círculo cercano, con la esperanza de provocar un cambio de liderazgo más proclive a negociar con Estados Unidos, en un resultado similar al que algunos atribuyen a otras crisis internacionales. Existen rumores de negociaciones discretas en esa dirección, pero la ira por la reciente represión de manifestantes en Irán hace probable que reemplazar a un dirigente por otro sea percibido por muchos iraníes como una traición, especialmente tras las promesas de Trump de apoyar a los manifestantes.

Otra opción sería atacar al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC), responsable de la represión, atacando su sede, intentando eliminar a sus mandos o golpeando otras capacidades militares, incluido el ejército regular. Washington también podría atacar bases de misiles balísticos que amenacen sus enclaves y los de sus aliados, o volver a centrarse en instalaciones nucleares aún operativas. Una operación militar podría abarcar cualquiera o todos esos objetivos; incluso un ataque limitado al IRGC podría ir acompañado de un esfuerzo mayor para reducir la capacidad iraní de lanzar represalias.

Irán, por su parte, tiene opciones más acotadas. Su fuerza aérea es reducida y en gran parte está compuesta por aviones antiguos comprados cuando aún gobernaba el sha. En ausencia de una fuerza aérea moderna, Teherán ha desarrollado una capacidad significativa de misiles balísticos y de crucero, así como drones de largo alcance. En la guerra de junio pasado lanzó salvas de misiles contra Israel pese a que la fuerza aérea israelí logró la superioridad aérea y efectuó cientos de ataques.

La elección de objetivos iraníes dependerá de cómo interprete el régimen la situación. Podría atacar a Israel, lo que ampliaría el conflicto, o dirigirse contra bases estadounidenses y las de sus aliados en la región, especialmente en los Estados del Golfo, como ocurrió en Qatar el verano anterior. Un alto oficial israelí observa que en rondas previas los ataques fueron breves y limitados, con todas las partes buscando una salida; sin embargo, el tamaño del despliegue estadounidense y los rumores sobre un posible cambio de régimen podrían llevar a los líderes iraníes a pensar que no tienen nada que perder y a responder de forma masiva, incluidas acciones de Hezbollah en Líbano y de los hutíes en Yemen con misiles suministrados por Irán.

Ese panorama coloca a Trump ante un dilema. No queda claro qué pretende exactamente lograr con su poderío militar: las llamadas a castigar al régimen por la represión han perdido fuerza, ha mencionado el cambio de régimen, y al mismo tiempo insiste en su deseo de un acuerdo nuclear. Los ataques aéreos limitados probablemente no bastarían para forzar concesiones sustanciales sobre el programa nuclear; una campaña mayor destinada a provocar un cambio de régimen podría arrastrar a Estados Unidos a otra guerra prolongada en Oriente Medio con resultados imprevisibles, algo que parece poco deseable para la administración. Es posible que la estrategia sea seguir aumentando la presión, quizá con ataques limitados, con la esperanza de que los líderes iraníes, debilitados, cedan; pero no está claro que los bombardeos por sí solos consigan un cambio político en el terreno.

Copyright The Economist – 2026.

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