2 de marzo de 2026
Buenos Aires, 23 C

Megaestudio global: diferencias en salud mental entre menores de 34 y mayores de 55

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define la salud mental como un estado de bienestar que permite a las personas afrontar el estrés, desarrollar su potencial, aprender y trabajar de forma adecuada, y contribuir a la comunidad; la OMS la considera tanto valiosa en sí misma como un derecho humano fundamental.

Un informe global advierte que casi la mitad de los adultos jóvenes presenta problemas de salud mental de importancia clínica, una proporción que cuadruplica la observada en las generaciones de sus padres y abuelos.

El estudio señala que las personas de 18 a 34 años experimentan una disminución sostenida en su capacidad para enfrentar desafíos cotidianos y desempeñarse de forma productiva, una tendencia que empeora respecto a generaciones anteriores.

Se identifican cuatro factores principales que explican hasta tres cuartas partes de esta declinación: el deterioro de los vínculos familiares, la reducción de la espiritualidad, el uso de teléfonos inteligentes a edades tempranas y el incremento del consumo de alimentos ultraprocesados.

El reporte del Global Mind Project de Sapien Labs, basado en más de un millón de respuestas de 85 países, muestra que la brecha generacional en salud mental se agrava con los años. La investigadora jefe Tara Thiagarajan describe la métrica utilizada, el Cociente de Salud Mental (MHQ), como una medida de la capacidad para sortear dificultades y funcionar productivamente.

El MHQ integra capacidades y problemas emocionales, sociales y físicos que determinan el funcionamiento diario de las personas.

Según el informe, los adultos mayores de 55 años mantienen puntuaciones de MHQ cercanas a 100, el valor de referencia para una población con buena salud mental.

En contraste, las puntuaciones de los adultos jóvenes muestran una caída persistente que se profundizó durante la pandemia de COVID-19 y no ha mostrado recuperación posterior.

Silvia Blitzer Golombek, especialista regional para América Latina en la plataforma, explica que llevan cuatro años investigando qué aspectos de la vida moderna impulsan esta tendencia negativa, y que emergen cuatro factores clave que, combinados, predicen la crisis global en salud mental.

Los vínculos familiares y la espiritualidad corresponden a dimensiones socioculturales en retroceso entre los jóvenes. Mantener lazos familiares estrechos se asocia con mayor resiliencia frente a retos y con menos síntomas depresivos.

La espiritualidad se entiende en sentido amplio (incluye la religiosidad, la conexión con la naturaleza, la compañía de mascotas o la dedicación a hobbies) y se vincula con menores tendencias suicidas y mayor bienestar emocional.

En Argentina, el uso temprano de smartphones sitúa al país en el puesto 13 a nivel mundial entre los adultos jóvenes, una posición destacada en la región, aunque el informe advierte que la exposición precoz a estos dispositivos se relaciona con un mayor deterioro en la salud mental en la adultez.

El consumo de alimentos ultraprocesados es el cuarto factor identificado; el reporte estima que este hábito puede explicar entre el 15% y el 30% de la carga total de problemas de salud mental. En Argentina, la similitud en el consumo entre jóvenes y mayores sugiere que los patrones alimentarios influyen de manera transversal en la población.

Tara Thiagarajan subraya que casi la mitad de los jóvenes adultos padece problemas de salud mental clínicamente relevantes que afectan su capacidad para desenvolverse de forma productiva en la vida diaria.

La situación en América Latina

El informe ubica a Argentina en el puesto 34 de 85 países en términos de salud mental, y muestra una brecha intergeneracional influida por hábitos y entorno social. Otros ejemplos citados en el reporte son Colombia y Paraguay en el puesto 25, Uruguay en el 34, España y Perú en el 46, y México en el 52.

El documento identifica matices regionales: en América Latina, los adultos mayores tienden a mostrar mayor resiliencia mental que los jóvenes.

Los países de habla hispana ocupan posiciones destacadas en los primeros lugares del ranking de vínculos familiares estrechos, y buena parte del Top 10 en salud mental para adultos mayores proviene de la región.

También existe una brecha en la espiritualidad: en Argentina, las personas mayores de 55 años se sitúan en el puesto 50, mientras que los jóvenes están en el 54, lo que refleja la influencia de factores sociales, ambientales y culturales sobre las nuevas generaciones.

Thiagarajan advierte que el descenso es más pronunciado en los países más ricos y desarrollados, y que el mayor gasto en atención de salud mental no ha revertido la tendencia; para solucionarlo, señala la necesidad de abordar causas fundamentales en lugar de limitarse a tratar los síntomas.

El informe alerta sobre las consecuencias sociales de un futuro en el que una proporción significativa de la población no pueda afrontar los retos de la vida ni funcionar productivamente, y enfatiza la urgencia de intervenir ahora para revertir la crisis entre los adultos jóvenes y proteger a las generaciones futuras.

La ONG vinculada al estudio señala que la crisis en la salud mental de las generaciones más jóvenes persiste en 2026 y se ha prolongado durante dos décadas, situación que se traduce en dificultades para escuelas y familias que enfrentan problemas que no vivieron las generaciones anteriores.

En consecuencia, el llamado final es a actuar de manera inmediata y a implementar cambios estructurales que no solo amplíen el acceso a la atención convencional, sino que también modifiquen los factores ambientales y sociales que moldean la salud mental de los jóvenes.

Artículo anterior

Nuevo bono en dólares: debut, análisis y uso

Artículo siguiente

Kim Jong-un amenaza con destruir Corea del Sur si percibe intimidación de Seúl

Continuar leyendo

Últimas noticias