25 de marzo de 2026
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Niall Ferguson advierte: disrupción energética puede provocar recesión global

La actual crisis en Oriente Medio, iniciada tras una operación militar estadounidense en apoyo a Israel y seguida por represalias de productores de petróleo liderados por Irán, ha provocado una perturbación significativa en los mercados energéticos internacionales, la mayor en al menos una generación.

Un análisis de Niall Ferguson para The Free Press indica que el cierre efectivo del Estrecho de Ormuz y los ataques a infraestructuras clave han reducido el suministro de crudo en cerca de 10 millones de barriles diarios, aproximadamente el 10 % de la oferta mundial, presionando los precios y aumentando el riesgo de una recesión global.

Aunque se establecen paralelismos con la crisis petrolera de 1973–74, la magnitud del choque actual supera episodios más recientes como la Primavera Árabe de 2011 o la ruptura del acuerdo nuclear con Irán en 2018.

Ferguson cita un informe de The Economist que señala que la pérdida de producción excede largamente la de eventos previos y que la reparación de infraestructuras estratégicas —por ejemplo, una planta de gas licuado de Qatar que abastece casi una quinta parte del mercado mundial— podría demorarse hasta cinco años. Incluso en el mejor escenario de un alto el fuego inmediato, expertos consultados por The Economist estiman que la normalización del mercado requeriría al menos cuatro meses adicionales.

La escalada actual tiene raíces en una decisión política estadounidense, en un paralelo evocador con la maniobra de Richard Nixon en octubre de 1973, cuando el envío masivo de ayuda militar a Israel desencadenó un embargo petrolero árabe que casi cuadruplicó los precios y llevó a una recesión mundial. En aquel entonces hubo advertencias sobre posibles represalias petroleras que no fueron atendidas, y la crisis tardó meses en resolverse.

En el presente escenario, la ofensiva militar estadounidense continúa a pesar del repliegue diplomático anunciado por Donald Trump, quien aplazó ataques previstos sobre ciertas instalaciones iraníes hasta el cierre de los mercados. Mientras tanto persisten ataques a otros objetivos en la región y aumenta la presencia militar de Estados Unidos en el Golfo.

Las amenazas iraníes —como minar el Estrecho de Ormuz o atacar plantas de desalinización esenciales para los Estados del Golfo— han convertido una vulnerabilidad geopolítica en una crisis económica regional con repercusiones mundiales.

El impacto histórico de los shocks energéticos en la economía mundial

Ferguson, apoyándose en el trabajo de Tyler Goodspeed, subraya que los shocks energéticos han sido responsables de cerca de la mitad de las recesiones en Estados Unidos y Reino Unido durante los últimos 300 años, según estudios que abarcan desde 1721 hasta 2008.

Las consecuencias de estos shocks son variadas y profundas: el aumento de los precios reduce el poder adquisitivo de los hogares; la incertidumbre retrasa compras de bienes duraderos; el temor a perder empleos incrementa el ahorro y limita el gasto; y las empresas intensivas en energía suelen frenar contrataciones o reducir plantilla ante el encarecimiento de la producción.

La historia muestra efectos semejantes con otros combustibles. En el siglo XIX y principios del XX, huelgas de mineros de carbón en Gran Bretaña y Estados Unidos provocaron recesiones severas; por ejemplo, en 1920 la producción británica cayó a una tasa anual notable y el desempleo superó el 12 %, según datos citados por Goodspeed y mencionados por Ferguson.

Aunque Estados Unidos ha avanzado hacia mayor independencia energética y existe un despliegue creciente de alternativas, la vulnerabilidad estructural frente a shocks de oferta persiste. Ferguson recuerda que en la crisis financiera de 2008 el alza del precio del combustible tuvo un impacto mayor que el encarecimiento de las hipotecas, un aspecto a menudo subestimado en análisis posteriores.

En crisis anteriores, como la invasión de Kuwait por Irak en 1990, la pérdida combinada de producción y sanciones eliminó cerca del 7 % de la oferta mundial, provocando un aumento del WTI del 73,2 % en pocas semanas. La recesión subsiguiente en Estados Unidos incluyó una caída del PIB real del 1,3 %, un desempleo del 7,8 % y una caída del S&P 500 cercana al 20 %.

La diferencia en el presente es la confluencia de factores agravantes: el mayor shock energético en décadas, una tensión creciente en el sistema de crédito privado y un debilitamiento del mercado laboral, con la creación de empleo concentrada en gran medida en el sector sanitario.

Expectativas en los mercados y el factor psicológico del shock

El crudo Brent ha superado los 110 dólares por barril, un incremento cercano al 10 % respecto al promedio de los últimos tres años, y supera umbrales que, según el economista James Hamilton, tienden a reducir el crecimiento trimestral de Estados Unidos en alrededor de 1,4 % anualizado. Ferguson advierte que la duración esperada del cierre del Estrecho de Ormuz es tan determinante como su duración real para amplificar el daño económico. Además, las primas de seguro elevadas y la renuencia de las flotas a transitar la zona han frenado el comercio internacional de energía, con efectos colaterales sobre fertilizantes y metales industriales.

Ferguson concluye que la evidencia histórica y los datos recientes convergen en una advertencia clara: frente al mayor recorte de suministro energético del siglo y a una acumulación inédita de amenazas económicas, los indicadores apuntan a la entrada inminente de la economía mundial en una nueva recesión.

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