El 23 de diciembre de 2024, el carguero ruso Ursa Major se hundió en aguas próximas a España mientras navegaba desde San Petersburgo con destino a Vladivostok. Posteriormente se informó que transportaba material nuclear que no había sido declarado oficialmente.
Quince tripulantes fueron evacuados y 14 sobrevivientes fueron rescatados del lugar. El rescate y los reclamos posteriores generaron versiones cruzadas y aumentaron las tensiones diplomáticas en la región. España asumió la investigación del suceso.
El itinerario del Ursa Major indicaba que bordearía Europa, cruzaría el Mediterráneo y el canal de Suez para llegar al Lejano Oriente ruso. Según los registros oficiales, la embarcación declaraba llevar contenedores vacíos, dos grúas y dos tapas pesadas, lo que despertó sospechas por la aparente falta de carga útil coherente con la ruta seguida.
La falta de coherencia entre la ruta y la carga declarada motivó seguimiento por parte de autoridades portuguesas antes de que el buque ingresara a aguas españolas y cesara la vigilancia.
En aguas españolas las autoridades detectaron una caída brusca de velocidad del buque. Al comunicarse con la tripulación, inicialmente recibieron la respuesta de que no había problemas. Horas más tarde se emitió una alarma y se activaron operaciones de rescate.
Según reportes, los escoltas rusos que acompañaban al carguero reclamaron la devolución de los rescatados, petición que fue denegada por España, que mantuvo a los supervivientes bajo custodia mientras el barco se hundía y se intensificaban las comunicaciones oficiales y los movimientos navales en la zona.
Investigación en España y sospechas de tecnología nuclear
La empresa propietaria del Ursa Major atribuyó en un comunicado inicial el hundimiento a un “ataque terrorista selectivo”. Días y semanas después se registraron retornos de buques rusos a la zona y explosiones submarinas, lo que aumentó la presión pública y política para obtener explicaciones claras.
Las autoridades españolas informaron que, tras interrogatorios, el capitán admitió que la carga no era únicamente contenedores vacíos y que a bordo había dos reactores nucleares, según declaraciones citadas por analistas. Ese hallazgo transformó el incidente en un hecho con posibles implicaciones internacionales y de seguridad.
El contexto geopolítico del momento añadió preocupación: en diciembre de 2024, Corea del Norte anunció el lanzamiento de un submarino nuclear, lo que generó especulaciones sobre transacciones de material militar entre Rusia y Corea del Norte, según analistas consultados.
Informes y observaciones previas mostraban ya cooperación militar entre Rusia y Corea del Norte en otros frentes, lo que alimentó la hipótesis de un intercambio de tecnología nuclear por apoyo militar.
Hipótesis de sabotaje y análisis técnico
Las causas directas del hundimiento siguen siendo objeto de investigación y hay discrepancias entre peritos. Se ha señalado la existencia de un agujero de aproximadamente 50 centímetros en el casco, sin indicios de una gran detonación en la superficie, lo que abre distintas hipótesis.
Entre las teorías se barajan dispositivos adherentes tipo mina y armas de alta velocidad subacuáticas (por ejemplo, torpedos supercavitantes) capaces de perforar el casco sin producir una explosión aparente a distancia. Ese tipo de mecanismo explicaría daños localizados sin evidencia de una detonación masiva.
La posición final del Ursa Major, a unos 2.500 metros de profundidad, dificulta el acceso a la estructura y al posible material a bordo, y complica las operaciones de recuperación y la verificación de pruebas en el lugar.
Se han reportado intentos posteriores de detonar cargas en profundidad en el área, presuntamente para destruir restos de la carga o neutralizar riesgos radiológicos. En las investigaciones también se mencionó la posibilidad de que la carga incluyera un reactor naval tipo BM-4SG o equipo similar de origen militar.
Seguimiento internacional y repercusiones
La comunidad internacional desplegó medios para monitorizar la zona. Se registraron misiones de aviones de vigilancia de Estados Unidos especializados en detectar trazas radiactivas en la atmósfera, lo cual indica la preocupación por posibles liberaciones o actividad nuclear en el área.
Estos aviones, conocidos por su capacidad para detectar elementos radiactivos en el aire, fueron utilizados para buscar señales de contaminación o pruebas de manipulación del material hundido.
El caso atrajo atención internacional por la posibilidad de un intercambio de tecnología nuclear entre Rusia y Corea del Norte y por las implicaciones de seguridad regional. El Ursa Major permanece hundido a gran profundidad en el Mediterráneo y las investigaciones oficiales y las consultas internacionales continúan en curso.
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