7 de abril de 2026
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Bar Maturi, origen de Villa Hipódromo

El bar de Maturi vio nacer a Villa Hipódromo, además de ser testigo de grandes cambios en Lomas de Zamora.

Antes de que la actual calle Cerrito adoptara ese nombre y cuando el camino seguía siendo de tierra, comenzó a forjarse una de las historias más representativas de lo que hoy es Villa Hipódromo. En 1857, Guillermo Maturi inauguró un almacén que se convirtió en un emblema del barrio y en testigo del crecimiento de la zona.

Según relata Luis Ángel Legnani en su libro “Un Lomas que yo he visto”, el almacén de Maturi ocupaba la esquina de las actuales Cerrito y Amero. En su interior, un largo mostrador reunía a reseros que llevaban hacienda a los mataderos, a obreros del área y a cuidadores y jockeys del cercano hipódromo; entre tragos y picadas, el local funcionaba como punto de encuentro de distintas realidades sociales.

Un punto de encuentro en Lomas de Zamora

Por su antigüedad, ese boliche fue testigo del desarrollo del barrio y del crecimiento de Lomas de Zamora: desde la tracción a sangre hasta la aparición de los primeros colectivos, pasando por el empedrado de las calles y por las kermeses y el cine “San Martín”, que dejaron huella en la vida de los vecinos.

En el boliche se hacía política de manera encubierta y discreta: allí coincidían adversarios que, en conversaciones mano a mano y con cierta dosis de confidencia, podían acercarse mediante la promesa de alguna favor. Las diferencias se limaban y las distancias se acortaban frente a una botella de vino compartida.

Tras la muerte de su fundador, Giocondo Maturi, hijo de Guillermo, continuó al frente del negocio durante varias décadas. En 1975, el local fue alquilado a Osvaldo Galeazzi, quien mantuvo su función como espacio de encuentro barrial hasta que con el tiempo fue ocupado por nuevos comercios.

El bar de Maturi marcó el origen de Villa Hipódromo y acompañó las transformaciones de Lomas de Zamora.

En el corazón de Villa Hipódromo, el Bar de Maturi se erige como símbolo de la historia y la tradición comunitaria. “Mi padre lo convirtió en un punto de reunión para inmigrantes europeos y en sede de tertulias políticas”, recordó Lorena Galeazzi, hija de Osvaldo.

Aunque el histórico almacén ya no funciona, su huella permanece viva en la memoria de los vecinos, que conservan y relatan la historia de ese bar de campo que con los años se transformó en un emblema identitario de Villa Hipódromo.

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