25 de abril de 2026
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Presentan investigación del crimen de Diego Fernández, un drama real como una serie

“El caso de Diego Fernández es particular por varios motivos”, dice Virginia Messi. “Se parece a una serie de las plataformas, pero es un drama real”. Messi, periodista con amplia trayectoria en policiales, acaba de publicar Crimen y misterio en Coghlan, donde reconstruye un asesinato que permaneció oculto durante décadas y que salió a la luz casi por casualidad. Esta tarde, a las 16, presentará el libro en la Feria del Libro, sala Alejandra Pizarnik, acompañada por Maco Somigliana, del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), y la periodista Luciana Geuna.

En junio de 1984, Diego Fernández, entonces de dieciséis años, le dijo a su madre que iba a la casa de un compañero y desapareció. La familia sospechó inicialmente de la secta Moon, que en los ochenta generaba temores similares a los de un “hombre de la bolsa”. Las búsquedas no arrojaron resultados: solo hubo una posible observación desde un colectivo en la que un conocido lo saludó con un “Chau, Gaita”, pero no hubo más pistas. La causa se caratuló como “fuga de hogar” y perdió seguimiento.

El caso cambió el 20 de mayo del año pasado, cuando en una obra en construcción se desplomó la medianera y afloró una tumba desde el jardín contiguo. En un primer momento se pensó en un sacerdote por la cercanía de iglesias y por versiones del propietario de la casa, pero el EAAF intervino y determinó que se trataba de un homicidio: el cuerpo presentaba una lesión de arma blanca en la quinta costilla derecha, compatible con una puñalada por la espalda. Además, la osamenta correspondía a un adolescente y la ropa y un reloj Casio —fabricado en 1982— situaron el crimen a partir de ese año.

El hallazgo cobró interés público cuando se vinculó al lugar donde había estado la obra: esa vivienda, tras pasar por manos de una familia alemana, fue adquirida por Marina Olmi —hermana de Boy Olmi— y en 2002-2003 fue hogar de Gustavo Cerati. Ese dato alimentó especulaciones y vínculos imaginarios con Cerati por una letra conocida, aunque la investigación aclaró que el cadáver provenía del terreno contiguo, propiedad de una familia Graf que vivía allí desde 1974; por tanto, cuando desapareció Diego la familia Graf ya residía en la parcela del hecho.

La identificación implicó un trabajo conjunto entre medios, el EAAF y la Fiscalía. Se tomó ADN de dientes y huesos, pero faltaba una muestra de referencia. Por eso se difundieron imágenes del reloj y de una corbata escolar para que la gente los reconociera. Así apareció la familia de Diego, especialmente su sobrino Pedro Lacour; el padre sugirió la posibilidad de que fuera su hermano. Se obtuvo luego una muestra de la madre —con una excusa por su edad— y el análisis confirmó que los restos eran de Diego Fernández, lo que permitió reconstruir su historia.

La investigación continuó cuando, desde México, un excompañero informó a la Fiscalía que Diego había sido compañero de colegio de Cristian Graf, residente en la casa contigua. Es decir, el cuerpo había sido enterrado en la propiedad de un compañero de escuela. Quedó pendiente explicar por qué Diego estaba allí: en 1983 habían sido alumnos del mismo curso, pero en 1984 Diego repitió y Graf no; no eran amigos y no hay datos concluyentes sobre la motivación del hecho. Se barajaron hipótesis como venganza por bullying, una posible relación afectiva —sin evidencia— o relaciones vinculadas a la actividad informal de Diego como vendedor; ninguna hipótesis está probada y la causa presenta dificultades para esclarecerse.

Esas dificultades se deben, en gran parte, al contexto temporal: en 1984 no existían teléfonos celulares, no había antenas de geolocalización ni cámaras en la vía pública, y muchos testigos han fallecido —incluido el joven que lo saludó desde el colectivo—. El caso difícilmente avance sin que alguien aporte información relevante; la esperanza está en que alguien con conocimiento del entorno Graf decida contar lo que sabe.

En términos judiciales, es prácticamente imposible que haya penas de prisión: en Argentina las causas prescriben a los doce años, o a los quince cuando la pena en expectativa es la prisión perpetua, y ya han transcurrido cuarenta y un años desde el hecho. Lo máximo que puede esperarse es un proceso orientado a establecer la verdad y declarar responsabilidades, pero no una condena carcelaria por este crimen.

Messi explica que escribió el libro porque considera el caso entre los más interesantes de su carrera de treinta años en policiales. Lo define como un ejemplo de true crime; la redacción del libro fue una extensión de su investigación periodística y resultó relativamente breve. También confía en que, si surgen nuevas pruebas o testimonios, pueda haber un segundo volumen que explique quién mató a Diego y por qué, aunque reconoce que no será fácil.

En la Feria del Libro

Título: Crimen y misterio en Coghlan

Cuándo: Sábado 25 a las 16.

Dónde: Sala Alejandra Pizarnik.

Presentan: Maco Somigliana y Luciana Geuna.

La entrada, los horarios, los días

Entrada: La entrada a la Feria del Libro de Buenos Aires costará 8.000 pesos de lunes a jueves y 12.000 los viernes, sábados y domingos.

Con esa entrada, el visitante recibirá un “chequelibro” con el que podrá obtener descuentos en librerías al finalizar la Feria.

Gratis: de lunes a jueves desde las 20 h.

Fecha: La Feria se realizará entre el 23 de abril y el 11 de mayo de 2026.

Horarios: de lunes a viernes de 14 a 22 h; sábados, domingos y feriados de 13 a 22 h.

Dónde: En La Rural, Av. Sarmiento 2704, Av. Cerviño 4476 y Av. Santa Fe (Plaza Italia).

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