3 de mayo de 2026
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Irán: desempleo y crisis económica se agravan tras semanas de guerra

El mercado laboral en Irán atraviesa una crisis profunda vinculada a la guerra: el desempleo ha aumentado y la fuerza laboral se ha reducido. En Rasht, al menos 2.000 trabajadores perdieron su empleo en los últimos dos meses, según informó la Agencia Iraní de Noticias Laborales (ILNA).

Fuentes locales describen un incremento de despidos en los sectores de producción, la industria y los servicios. Entre los afectados se mencionan unos 490 empleados de la empresa Pink, 500 de Paya Modern, 190 de Gilara, 55 de una planta avícola y recortes adicionales en unidades como Darougar Rasht.

Las causas principales de los despidos son la escasez de materias primas y la reducción de recursos financieros derivados de la caída en las ventas. Muchos trabajadores afectados han acudido a las oficinas de empleo para solicitar subsidios por desempleo.

En el plano nacional, se estima la pérdida directa de aproximadamente 135.000 empleos durante la guerra y la salida de casi un millón de personas del mercado laboral, de las cuales alrededor de 300.000 lograron reincorporarse al empleo formal. Además, cerca de 200.000 nuevos solicitantes se sumaron al seguro de desempleo.

El informe anual de la ONG Activistas de Derechos Humanos en Irán (HRANA) para 2025 documentó un total de 638 meses acumulados de salarios retrasados o impagos en 182 unidades industriales y de servicios, 2.458 casos de despidos o reducción de plantilla y 3.761 trabajadores en condiciones laborales inciertas, evidenciando la creciente presión sobre los medios de vida de los trabajadores.

Tras semanas de relativa calma en el frente de combate, la población iraní enfrenta las consecuencias económicas de la confrontación con Estados Unidos e Israel. Aunque las fuerzas iraníes resistieron parte de la ofensiva, la economía muestra un deterioro marcado por aumentos de precios —con incrementos de hasta 100% en algunos alimentos— y una perspectiva económica incierta.

En el bazar de Tajrish, al norte de Teherán, la actividad comercial volvió, pero los comerciantes aseguran que las ventas no se han recuperado. “Solo estamos vivos”, dice Reza, dueño de un puesto de frutas y verduras, quien recuerda los 39 días consecutivos de bombardeos sobre la capital y manifiesta temor ante la posibilidad de nuevos ataques.

El régimen iraní estimó en 270.000 millones de dólares los daños causados por la ofensiva de Estados Unidos e Israel, que afectó a casi 3.000 infraestructuras industriales. A ello se suman el corte del acceso global a internet y un bloqueo naval de Estados Unidos, factores que agravan una economía ya debilitada, aceleran los despidos y elevan la inflación hasta cifras cercanas al 71% en términos generales.

El viceministro de Trabajo, Cooperación y Bienestar Social, Gholamhosein Mohamadi, afirmó que la guerra ha provocado la pérdida de un millón de empleos directos y dos millones indirectos. El analista Hadi Kahalzadeh, del Instituto Quincy, advirtió que la caída del consumo interno, la falta de liquidez y la incertidumbre podrían poner en riesgo a millones de empleos adicionales.

Tras los bombardeos, 50 plantas petroquímicas cerraron y la principal acería, Mobarakeh, necesitará al menos un año para recuperar su capacidad normal, lo que motivó la prohibición temporal de exportaciones en ambos sectores. El impacto también alcanza al sector de la construcción, que emplea a 3,8 millones de iraníes, y a la industria automotriz.

El aumento de precios afecta a plásticos, envoltorios, tuberías, tejidos y productos básicos como los lácteos. El corte del acceso global a internet, impuesto por el régimen desde el 28 de febrero, tiene un costo estimado de 3,3 millones de dólares diarios, según el ministro de Comunicaciones, Sattar Hashemi, y perjudica especialmente a las pequeñas y medianas empresas.

El bloqueo naval impuesto por Estados Unidos desde el 13 de abril busca paralizar las exportaciones petroleras iraníes —que alcanzaron 80.000 millones de dólares el año anterior— con el objetivo de presionar a Teherán para que negocie una salida al conflicto.

El deterioro económico se produce meses después de las protestas de diciembre y enero, que exigieron el fin de la República Islámica y fueron reprimidas, con un saldo de al menos 7.000 muertos según HRANA. La represión de esas manifestaciones fue citada inicialmente por el Gobierno de Estados Unidos como uno de los argumentos para intervenir en el conflicto en apoyo de la población iraní.

(Con información de EFE)

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