8 de mayo de 2026
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Hábitos para combatir la adicción al celular

La adicción al teléfono móvil se ha convertido en un problema de salud y social global tras más de veinte años de expansión de los teléfonos inteligentes. Expertos consultados por The New York Times señalan que limitar solo el tiempo de uso no basta para abordar la dependencia digital; hacen falta intervenciones prácticas y humanas adaptadas a las dinámicas familiares, escolares y comunitarias.

La relación con el móvil es cada vez más compulsiva. Diversos estudios internacionales indican que niñas, niños, adolescentes y adultos reconocen dificultades para dejar de usar el dispositivo, lo que genera un ciclo de uso problemático asociado a ansiedad, pérdida de concentración y trastornos del sueño.

Un informe especial de The New York Times documenta que escuelas y comunidades educativas han tomado medidas frente a la caída del rendimiento académico y al aumento de dificultades en la socialización vinculadas a la distracción digital.

Por ello, cientos de centros educativos en distintos países han restringido el uso de celulares en el aula para mejorar el desempeño escolar y promover la interacción presencial entre estudiantes.

Respuestas institucionales y legales frente a la dependencia digital

La preocupación por los efectos negativos del móvil también ha llegado al ámbito judicial. Padres, autoridades y organizaciones de consumidores han presentado demandas colectivas contra empresas tecnológicas, responsabilizando a desarrolladores de aplicaciones por fomentar hábitos de uso compulsivo.

Un caso reciente en California llevó a un jurado a considerar a Meta y Google responsables por daños vinculados a la exposición constante a sus plataformas. Al mismo tiempo, la sobreabundancia de estímulos digitales ha impulsado el interés por los llamados “teléfonos básicos” o feature phones.

Estos dispositivos, limitados a funciones esenciales como llamadas y mensajes, son elegidos por familias y usuarios que buscan reducir la sobrecarga mental y recuperar el control del tiempo y la atención.

Aunque el debate público suele centrarse en el tiempo de pantalla de adolescentes, los especialistas advierten que los adultos también contribuyen al problema. Padres que establecen límites para sus hijos con frecuencia no aplican normas semejantes a sus propios hábitos, lo que debilita la eficacia de las reglas domésticas.

Según los expertos citados por The New York Times, medir solo las horas de uso no aborda las causas profundas de la dependencia digital. Ese enfoque de restricción horaria no altera los patrones de comportamiento ni fortalece la autorregulación. Por eso se propone un cambio de paradigma que priorice el acompañamiento, la educación y el desarrollo de hábitos saludables.

Estrategias recomendadas para una convivencia digital saludable

Frente a este escenario, especialistas y docentes recomiendan acciones prácticas:

Parentalidad consciente: Los adultos deben ejercer liderazgo mediante un uso equilibrado del móvil y promover diálogos abiertos sobre los retos digitales en el hogar.Selección de contenidos apropiados: Es importante aplicar filtros y acompañar a niñas, niños y adolescentes al elegir aplicaciones, juegos y redes sociales, priorizando opciones educativas y seguras.Zonas libres de pantallas: Establecer espacios en la casa —como comedor, dormitorios y áreas comunes— donde los dispositivos estén restringidos, favorece los vínculos familiares y mejora la calidad del descanso.Dispositivos simplificados: Optar por teléfonos básicos disminuye la exposición a estímulos constantes y ayuda a regular la interacción con el mundo digital.Acuerdos familiares y educativos: Definir normas claras y consensuadas sobre el uso de la tecnología, tanto en el hogar como en la escuela, facilita la convivencia y previene conflictos.Fomento de la autorregulación: Más allá del control externo, es esencial enseñar a niñas, niños y adolescentes a identificar señales de uso excesivo y a gestionar de forma autónoma su relación con la tecnología.

Estas medidas buscan no solo reducir el uso excesivo del móvil, sino también preservar el bienestar emocional y cognitivo en un entorno saturado de estímulos digitales.

La dependencia digital es un fenómeno global. La Organización Mundial de la Salud y la Academia Americana de Pediatría han publicado recomendaciones sobre el uso responsable de la tecnología en menores, subrayando la importancia del acompañamiento adulto y la promoción de hábitos saludables desde la infancia.

El desafío para autoridades, familias y comunidades educativas es hallar un equilibrio entre los beneficios de la conectividad y la protección frente a los riesgos de la hiperconectividad.

El debate actual apunta a una transformación cultural que valore el uso consciente, la desconexión periódica y el fortalecimiento de los vínculos sociales presenciales, en consonancia con la evidencia científica y las mejores prácticas internacionales.

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