24 de mayo de 2026
Buenos Aires, 11 C

La tragedia que impulsó a Samuel Morse a inventar el telégrafo eléctrico

“¿Qué ha hecho Dios?”. Esa frase, tomada del Libro de los Números y transmitida el 24 de mayo de 1844, marcó un antes y un después en las comunicaciones. Un cable de cobre conectó dos ciudades y redujo las distancias: la sala de la Corte Suprema en Washington fue el escenario de la demostración que dio origen a las telecomunicaciones modernas.

Ante científicos, políticos y funcionarios, el inventor Samuel Morse presentó su aparato. Accionó una palanca que convertía letras en una serie de impulsos eléctricos —cortos y largos— con el propósito de probar que la información podía viajar a la velocidad de la electricidad, mucho más rápido que los trenes.

A unos sesenta kilómetros, en la estación de trenes de Baltimore, Alfred Vail supervisó el receptor electromagnético. La máquina empezó a imprimir puntos y rayas en una cinta de papel, reproduciendo exactamente el mensaje enviado desde Washington. Esa transmisión inauguró la primera línea telegráfica comercial de Estados Unidos y dio inicio a una revolución en la forma de comunicar.

La tragedia personal detrás del invento

Antes de dedicarse a la telegrafía, Samuel Morse era un pintor retratista conocido. Nació en Charlestown, Boston, hijo del geógrafo y pastor Jedidiah Morse y de Elizabeth Ann Finley Breese. Estudió en la Phillips Academy de Andover y en Yale, donde cursó Filosofía Natural, Matemáticas y Química, y tuvo formación en electricidad con profesores como Benjamin Silliman y Jeremiah Day. Su talento pictórico le permitió sostenerse económicamente; se graduó con honores y fue admitido en la sociedad Phi Beta Kappa.

A los 27 años se casó con Lucretia Pickering Walker, con quien tuvo tres hijos. En febrero de 1825 recibió en Washington una carta sobre la grave enfermedad de su esposa tras un parto y, poco después, otra informándole de su muerte. El viaje hasta Connecticut le tomó cuatro días y llegó demasiado tarde para despedirse o asistir al funeral. La experiencia lo marcó profundamente y lo impulsó a buscar un medio para transmitir noticias de manera instantánea.

La idea tomó forma en 1832, durante un viaje en barco desde Europa, cuando conversó con otros pasajeros sobre los avances en electromagnetismo y comprendió el potencial de la electricidad para transmitir información. A lo largo de la década de 1830 trabajó con el científico Leonard Gale y con el maquinista Alfred Vail para construir un prototipo capaz de enviar impulsos eléctricos por cables. Junto con Vail desarrolló también un sistema de representación —el Código Morse— que asignaba combinaciones de puntos y rayas a las letras, resolviendo el problema de la codificación de los impulsos.

La batalla en el Congreso y el tendido del cable

Con el invento en mano, Morse enfrentó la falta de financiación. Durante años solicitó apoyo en el Congreso para instalar una línea experimental, pero muchos legisladores mostraron escepticismo, considerando la propuesta innecesaria o costosa.

En marzo de 1843 el panorama cambió: el Congreso aprobó por estrecho margen un presupuesto de 30.000 dólares para construir una línea telegráfica de 64 kilómetros entre el Capitolio y la estación de trenes de Baltimore. Ese financiamiento permitió a Morse, Vail y Gale llevar a la práctica su proyecto.

La obra contó con la participación del ingeniero Ezra Cornell. Inicialmente intentaron enterrar los cables en tuberías de plomo, pero la humedad dañó el aislamiento. Ante ese fracaso, optaron por colgarlos en postes de madera con aislantes de vidrio, siguiendo la ruta de las vías del tren. Cornell y los equipos completaron el tendido en tiempo récord y para mayo de 1844 la conexión estaba lista para la prueba final.

El éxito de mayo y la demostración ante el mundo

La mañana del 24 de mayo de 1844 la Corte Suprema estaba llena de dignatarios. Annie Ellsworth, hija del comisionado de patentes, eligió la frase bíblica que pasaría a la historia: “¿Qué ha hecho Dios?”. Morse tecleó el mensaje en código y lo envió a Baltimore, donde Vail recibió los impulsos, marcó la cinta y retransmitió el texto a Washington. La demostración fue un éxito rotundo y la audiencia reaccionó con asombro y aplausos.

Tras años de espera, el telégrafo mostró su utilidad práctica: durante ese mes transmitió en tiempo real los acontecimientos de las convenciones políticas en Baltimore, permitiendo a políticos y periódicos en Washington conocer resultados mucho antes que por correo o tren. Ese hecho transformó la circulación de la información pública.

Desde entonces, el invento de Morse cambió el comercio, el periodismo y la estrategia militar. Empresas y mercados empezaron a recibir precios y datos al instante, y la electricidad dejó de ser un fenómeno de laboratorio para convertirse en un motor de integración nacional.

El mapa se achica: de los postes al cable transatlántico

La inauguración entre Washington y Baltimore desató una rápida expansión telegráfica. En menos de diez años Estados Unidos contaba con decenas de miles de kilómetros de cables que unieron la costa este con el interior. En octubre de 1861 se completó la línea transcontinental que conectó el Atlántico con el Pacífico, desplazando servicios más lentos como el Pony Express.

El siguiente reto fue cruzar los océanos. En agosto de 1858, tras varios intentos previos, se tendió el primer cable transatlántico entre Irlanda y Terranova, que permitió un histórico intercambio entre la reina Victoria y el presidente James Buchanan. Aunque ese primer cable funcionó solo unas semanas por problemas de aislamiento, demostró la viabilidad de la comunicación intercontinental; en 1866 un cable más resistente estableció la conexión permanente entre Europa y América.

El telégrafo transformó el periodismo y propició la creación de agencias de noticias como Associated Press; además, por el costo de transmisión, se incentivó un estilo informativo más breve y directo. Gobiernos e imperios utilizaron la red para administrar territorios lejanos, y las empresas ferroviarias mejoraron la seguridad y la puntualidad. La red de cables acortó distancias y modificó la percepción del tiempo en la vida cotidiana.

A casi dos siglos de la demostración de Morse, su legado sigue presente en el mundo digital. El sistema de pulsos y silencios fue un primer paso hacia la digitalización de la información y anticipó la lógica de codificación que hoy emplea la informática. Aquella línea de cobre abrió las puertas a la era de la información; el correo electrónico, el teléfono, Internet y las aplicaciones de mensajería son herederos directos de esa primera conexión eléctrica.

El 24 de mayo de 1844 marcó el comienzo de la era de la información. El telégrafo no solo aceleró la difusión de noticias, sino que transformó la economía, la política y las relaciones sociales, haciendo el mundo notablemente más pequeño y permitiendo, por primera vez, comunicarse a la velocidad de la electricidad.

Artículo anterior

Fin de una era en el Gobierno y advertencia por la interna

Artículo siguiente

Soldado israelí muere en ataque con dron de Hezbolá en el norte de Israel

Continuar leyendo

Últimas noticias

Comienza el Mundial en: