Eduardo Guarini dejó la fotografía comercial al descubrir el Shiatsu Somático, una práctica que le permitió reconectar con el cuerpo, las emociones y los procesos de sanación. Antes fotógrafo y hoy terapeuta y docente, conoció la disciplina en un retiro en Córdoba y desde entonces cambió su trayectoria profesional y personal.
“El Shiatsu Somático se basa en el Shiatsu Zen, la rama más tradicional, y en otra variante denominada Shiatsu en Movimiento”, explicó este artista de Lomas de Zamora. Este método proviene de una compilación realizada por el director de la escuela “Shiatsu por el Mundo”, Federico Bouzas, quien integró experiencias como yoga y tantra para proponer una forma distinta de terapia.
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“A diferencia de otros enfoques, no partimos de un diagnóstico cerrado, sino que seguimos lo que la persona va sintiendo”, señaló. Así, una sesión puede comenzar con una pregunta simple: “¿Qué llama tu atención ahora en tu cuerpo?”. A partir de esa respuesta se acuerda el proceso entre terapeuta y paciente.
“El saber del terapeuta queda subordinado a la sabiduría del cuerpo del paciente. Confiamos en la capacidad del cuerpo para autorregularse”, afirmó.
La terapia utiliza estímulos sostenidos en el tiempo para potenciar esa capacidad natural de autorregulación.
Una fotografía del Shiatsu Somático
El objetivo no es solo aliviar el dolor sino generar conciencia corporal. “La intención es que la persona entienda cómo se originan sus tensiones o dolores; esa comprensión permite tomar decisiones que eviten que vuelvan a repetirse”, explicó.
Para el terapeuta, cada proceso es único. “Es un camino profundo que se desarrolla de forma personal; la idea es que la persona se responsabilice de su proceso”, dijo. El terapeuta acompaña y orienta sin imponer soluciones rápidas ni recetas rígidas.
“Se produce un cambio de paradigma en la posición del terapeuta y del paciente. No hay nada forzado ni mágico; es un proceso amable donde el espacio terapéutico debe ser un lugar de confianza”, añadió.
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Un encuentro inesperado
La llegada de Eduardo al Shiatsu Somático no fue planificada. “Me apareció en el camino”, recordó. En un retiro en Córdoba, mientras intercambiaba fotografías con alguien que trabajaba con gongs y cuencos tibetanos, conoció a una persona que practicaba Shiatsu y se interesó.
Al volver encontró la escuela Shiatsu por el Mundo y le atrajo el lugar, el director y su enfoque. Lo que más le gustó fue la falta de solemnidad: “Estaba cansado de quienes se presentan como gurús, algo frecuente en la medicina holística”, afirmó.
Se formó entre 2017 y 2020 y considera que el aprendizaje es continuo. Desde 2021 trabaja en la escuela donde estudió; al año siguiente empezó a dictar seminarios y talleres. Actualmente integra el equipo docente, formando nuevos terapeutas y viajando para difundir la práctica.
Imagen: WhatsApp, 22-05-2026
Una de las principales enseñanzas para Guarini fue “la claridad en la intención del contacto”.
Al principio estudió para su propio beneficio: le permitió conectarse con su cuerpo y mejorar sus vínculos. Aprendió, dijo, “la claridad en la intención del contacto”.
Escuchar el cuerpo, la clave
El Shiatsu Somático busca sentir más que interpretar. Durante las sesiones se trabaja sobre tensiones corporales asociadas a emociones como angustia, pena o estrés. “Esas emociones pueden abordarse desde el cuerpo si el paciente lo desea”, aclaró.
El cuerpo tiene herramientas para equilibrarse. “El cuerpo dispone de la capacidad para autorregularse; lo que le falta a veces es tiempo y atención”, señaló. Por eso la terapia mantiene el contacto y la atención en zonas concretas para que el sistema nervioso pueda enfocarse y escuchar lo que necesita ese lugar.
Imagen: WhatsApp, 22-05-2026
Se formó entre 2017 y 2020 y afirma que sigue aprendiendo continuamente.
“Confiar en esa capacidad es clave”, insistió.
Marcó diferencias con enfoques tradicionales: “Muchos masajes o terapias buscan soluciones rápidas para eliminar un dolor, como si cortar un resfrío y seguir adelante. No se escucha la pausa que propone el cuerpo”, reflexionó.
Desde su visión, el cuerpo intenta proteger y sostener a la persona, incluso cuando aparecen dolores o tensiones. “El cuerpo hace lo mejor que puede con el trauma o el dolor; a veces lo encapsula para poder seguir viviendo”, explicó. Por eso el enfoque no busca reparar sino acompañar, aprender y aceptar.
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El cuerpo siempre intenta proteger y sostener a la persona, incluso cuando surgen dolores o tensiones.
El terapeuta destacó que muchas experiencias que parecen extraordinarias son, en realidad, muy simples. “Estamos alejados de la magia cotidiana y nos deslumbra lo elaborado; sin embargo, esto responde al pulso propio de la vida”, reflexionó.
Concluyó con una imagen que resume su visión terapéutica: “Es como el yuyo que crece en el asfalto. Parece algo mágico, pero en realidad es volver a lo común, estrechamente ligado a la tierra y la naturaleza”.


