A medida que envejecemos —especialmente después de los 60 años— se acumulan mutaciones en el ADN mitocondrial, el material genético de las mitocondrias, orgánulos celulares responsables de parte de la producción de energía. Un estudio reciente destacado por el cardiólogo y experto en longevidad Eric Topol en su cuenta de X plantea que muchas de esas alteraciones permanecen “crípticas”, es decir, presentes pero indetectables en análisis convencionales, hasta que se amplifican por expansión clonal de ciertas células y entonces se asocian con cambios medibles en la salud.
La hipótesis se basa en un trabajo publicado en Nature que examinó datos de genoma completo de cerca de 750.000 personas y observó un patrón claro: las variantes del ADN mitocondrial detectadas en sangre aumentaron de forma abrupta a partir de los 60 años. En la mayoría de los casos estas variantes estuvieron en niveles bajos, lo que sugiere que muchas no impulsan por sí mismas el crecimiento celular, sino que se hacen visibles cuando cambia la composición de las células sanguíneas con la edad.
Qué es el ADN mitocondrial y por qué importa después de los 60
Las mitocondrias contienen su propio ADN (ADNmt). A diferencia del ADN nuclear, el ADNmt existe en muchas copias dentro de cada célula y puede acumular mutaciones a lo largo de la vida. Medirlo en sangre ofrece una forma accesible de detectar señales de envejecimiento en un tejido fácil de obtener, sin necesidad de biopsias.
En el estudio, los autores analizaron variantes del ADNmt presentes en sangre mediante secuenciación genómica masiva. El hallazgo más notable fue que ciertas variantes —especialmente cambios de una sola base (variantes de un solo nucleótido)— se acumularon de forma brusca a partir de los 60 años. Además, la mayoría apareció con bajos niveles de heteroplasmia, un aspecto técnico que explica por qué muchas de estas variantes permanecen inadvertidas durante años.
Qué significa “heteroplasmia” y por qué puede pasar desapercibida
La heteroplasmia es un concepto de genética mitocondrial que indica la coexistencia, en una misma persona o incluso en la misma célula, de ADNmt intacto y de copias con mutaciones. Si la proporción de copias mutadas es muy baja, un análisis que promedia millones de células puede no detectarlas.
El estudio describe precisamente ese escenario: mutaciones que emergen a bajas frecuencias y permanecen “crípticas” en el promedio de la muestra hasta que su frecuencia relativa aumenta.
El mecanismo propuesto: errores de copia del ADN mitocondrial, no “daño oxidativo”
Durante años se ha atribuido el aumento de mutaciones con la edad al “daño oxidativo” producido por moléculas reactivas del metabolismo. En este trabajo, el patrón de mutaciones observado no concuerda bien con esa explicación y es más compatible con errores de replicación del ADNmt, es decir, fallos en el proceso de copia del ADN mitocondrial cuando las células se dividen.
Ese matiz importa: sugiere que una proporción de las mutaciones podría originarse por procesos internos de copia del ADN más que por daños químicos externos acumulados.
Por qué se volvieron detectables con la edad: expansión clonal en sangre
Los autores proponen un mecanismo en dos etapas. Primero, cada célula acumula al azar pequeñas cantidades de mutaciones del ADNmt que permanecen por debajo del umbral de detección en un análisis global de sangre. Después, con la edad se produce la expansión clonal: algunos grupos de células, descendientes de una misma célula progenitora, aumentan su representación en la sangre.
Cuando un clon se expande, incorpora las mutaciones mitocondriales ya presentes en la célula madre como “pasajeras”. Así, esas variantes que antes eran invisibles pasan a ser detectables en el promedio de la muestra sanguínea y parecen surgir con fuerza a partir de los 60 años.
La relación con la hematopoyesis clonal y el término CHIP
La hematopoyesis es la producción de células sanguíneas. La hematopoyesis clonal (CH, por sus siglas en inglés) se refiere a la situación en la que ciertos clones de células madre hematopoyéticas aumentan su representación con el tiempo. En la literatura se usa también el término CHIP (clonal hematopoiesis of indeterminate potential) para describir la presencia de clones con determinadas mutaciones en sangre, aun cuando no haya criterios clínicos de cáncer hematológico.
El estudio asoció la carga de variantes del ADNmt con señales en el ADN nuclear: encontró asociaciones con variantes heredadas próximas a genes como TERT, TCL1A y SMC4, regiones ya vinculadas con la hematopoyesis clonal. También observó que una elevada carga de variantes mitocondriales tendía a coexistir con mutaciones “impulsoras” (drivers) de hematopoyesis clonal.
Topol, en su publicación en X, resumió esa conexión y señaló una cuestión abierta: aunque el fenómeno se relacione con CHIP, las mutaciones mitocondriales podrían tener efectos independientes en desenlaces de salud.
Qué implica para la salud después de los 60 (y qué no permite afirmar todavía)
Con los datos actuales, la conclusión más sólida es de carácter biológico y metodológico: el ADNmt medido en sangre constituye una señal sensible del envejecimiento y, en particular, refleja la expansión de clones celulares con la edad. Por su gran número de copias y su tasa de mutación, el ADNmt se perfila como un candidato para marcar ese proceso en sangre.
Sin embargo, el estudio no establece por sí solo el grado ni los mecanismos clínicos: no permite afirmar que estas mutaciones causen directamente enfermedades concretas en mayores de 60 años, ni justificar su uso como prueba de rutina sin estudios adicionales que vinculen estos hallazgos con eventos de salud definidos y con valor predictivo comprobable.
Los autores concluyeron proponiendo un marco integrador: el mecanismo descrito conecta tres aspectos del envejecimiento que suelen estudiarse por separado —variantes heredadas próximas a TERT, la hematopoyesis clonal y la acumulación de mutaciones del ADNmt— bajo una explicación común plausible basada en errores de replicación y en la expansión clonal asociada a la edad.

