Un estudio de Frontiers in Public Health, que analiza datos de 29 países europeos entre 2011 y 2024, describe cómo la mayor participación digital de la población adulta mayor está transformando el acceso a servicios públicos, los patrones de consumo digital y el desarrollo económico. El avance tecnológico y el envejecimiento demográfico modifican la forma en que las personas mayores interactúan con la economía.
La integración digital de las personas de 55 a 74 años se asocia de manera distinta con indicadores económicos según el tipo de actividad. Cuando el uso de tecnologías se orienta a transacciones —como el comercio electrónico— o a la formación continua, se observa una relación positiva con el PIB per cápita. En cambio, usos centrados en redes sociales o en la búsqueda de información sanitaria en internet tienden a vincularse con niveles de desarrollo más bajos. Por tanto, el impacto económico depende más del propósito de la interacción digital que de la frecuencia de uso en sí.
La capacidad de los mayores para acceder y aprovechar recursos digitales contribuye tanto al crecimiento económico como a la eficiencia de los servicios públicos. El estudio indica que actividades transaccionales (compra en línea) y formativas (cursos digitales) son las que permiten a los países obtener mayores beneficios económicos de la digitalización en sociedades envejecidas.
Impacto de las actividades digitales en la economía
Los resultados muestran que no todas las actividades digitales tienen el mismo efecto sobre la prosperidad. Un mayor porcentaje de adultos mayores que compran por internet está asociado con aumentos en el PIB y la Renta Nacional Bruta per cápita. En el análisis de regresión, la compra en línea tiene el coeficiente más alto (0,770), lo que la sitúa como el principal impulsor de la madurez digital a nivel nacional.
La participación en cursos digitales también se relaciona positivamente con el crecimiento económico, con un coeficiente de 0,447 para el PIB per cápita. Esto sugiere que el acceso de los mayores a formación y plataformas educativas favorece la modernización y la prosperidad. Por el contrario, la mera frecuencia de uso de internet aporta menos valor explicativo que las actividades transaccionales o formativas.
En cambio, la búsqueda de información sanitaria en línea y la participación activa en redes sociales muestran asociaciones negativas con el PIB: coeficientes de −0,461 para búsqueda de salud y −0,221 para redes sociales. Esto sugiere que, cuando la digitalización no se orienta a actividades productivas, su efecto sobre la economía puede ser neutro o incluso negativo.
Cambio en los servicios públicos y el consumo
El envejecimiento poblacional está redefiniendo el diseño de servicios públicos y las tendencias de consumo digital. La “economía asociada al envejecimiento” plantea no solo retos fiscales, sino oportunidades para el mercado y la innovación. La adopción de herramientas como la administración electrónica y la telemedicina agiliza trámites y promueve la autonomía de las personas mayores.
El informe subraya que la variación en habilidades digitales y el acceso a infraestructura generan una brecha digital multifacética, que incluye diferencias en banda ancha, confianza, seguridad y la adaptación de plataformas. Los Estados que desarrollan mercados digitales estables y mayor capital humano digital convierten el envejecimiento en un factor de progreso económico, fomentando la participación activa en servicios digitales.
Desafíos y recomendaciones para la inclusión digital y económica
El estudio identifica dos desafíos principales: la inclusión digital debe ir más allá del acceso a internet y centrarse en competencias productivas (formación continua y comercio electrónico), y debe superarse la falta de habilidades entre los mayores mediante programas de capacitación adaptados y diseños digitales accesibles.
Entre las recomendaciones figuran fortalecer la capacidad institucional para crear entornos digitales inclusivos, mejorar la protección del consumidor en entornos virtuales y fomentar la confianza en la administración electrónica.
El informe enfatiza que “el principal determinante económico es la utilización de tecnologías digitales para transacciones y aprendizaje, no el simple acceso a internet”, por lo que las políticas públicas deberían priorizar iniciativas orientadas a estas actividades.
Aunque hay una relación sólida entre digitalización y desarrollo económico a nivel de país, el estudio aclara que se trata de correlaciones agregadas, no de causalidad individual. Factores estructurales en países como Luxemburgo, Irlanda o Noruega pueden explicar desviaciones, y las crisis macroeconómicas recientes disminuyen la precisión de las previsiones en periodos de fuerte impacto.
La conclusión principal es que solo una inclusión digital orientada a actividades productivas —como el comercio electrónico y la formación continua— aporta beneficios económicos tangibles en las sociedades europeas envejecidas; la mera ampliación del acceso a internet sin objetivos claros tiene un efecto limitado sobre la prosperidad nacional.

