2 de junio de 2026
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Buscan en Bélgica las joyas robadas del Louvre

El 19 de octubre de 2025, a las 9:00, cuatro personas con capuchas ingresaron en la galería de Apolo del Museo del Louvre en París y, en aproximadamente siete minutos, sustrajeron ocho piezas de la colección histórica de joyas de la Corona. El robo movilizó a la comunidad internacional dedicada a la protección del patrimonio cultural.

Entre las piezas sustraídas figuran un collar de diamantes y esmeraldas que Napoleón regaló a la emperatriz María Luisa, joyas pertenecientes a las reinas María Amelia y Hortensia, y la tiara de perlas y diamantes de la emperatriz Eugenia, esposa de Napoleón III. Interpol estimó el valor del botín en 88 millones de euros y calificó el incidente como uno de los hurtos más relevantes cometidos contra una colección pública europea.

La dirección del Louvre reconoció ante la prensa deficiencias en el sistema de videovigilancia exterior tras el asalto. Esta admisión desencadenó un debate en Francia sobre la seguridad en las instituciones culturales y aceleró la revisión de los protocolos de protección en museos nacionales, según informó Associated Press.

Pista telefónica y expansión internacional de la pesquisa

Meses después del robo, el análisis de teléfonos móviles incautados a varios sospechosos aportó nuevas pistas. Fuentes periodísticas francesas indican que los individuos serían de Europa del Este, con antecedentes en delitos similares y experiencia presunta en el robo de objetos de alto valor.

En los dispositivos se encontraron comunicaciones y fotografías de la galería de Apolo tomadas antes del golpe, lo que apunta a una preparación planificada. El examen de los registros telefónicos mostró vínculos con contactos en Bélgica, país identificado como posible base logística o refugio de la organización criminal.

Ante esos indicios, investigadores franceses se desplazaron a Bélgica para profundizar las pesquisas en colaboración con la policía belga. Las pesquisas se centran en el entorno cercano de los sospechosos vinculados en Francia y en la identificación de posibles cómplices o intermediarios implicados en la organización del robo y en la salida de las joyas del territorio francés.

La investigación conjunta sugiere la existencia de una red criminal internacional que podría operar por encargo de coleccionistas privados o de estructuras dedicadas al tráfico de arte y objetos valiosos. Según fuentes consultadas por la prensa, los movimientos detectados y los contactos registrados orientan la investigación hacia Bélgica como punto de apoyo de la organización.

El botín sigue desaparecido y se esperan avances

A pesar del refuerzo de las pesquisas y de la participación de Interpol, hasta el momento no se ha recuperado ninguna de las piezas robadas. La ubicación de las joyas sigue siendo desconocida, lo que aumenta la presión sobre las fuerzas de seguridad y mantiene en alerta a los mercados de arte y antigüedades en Europa.

Medios franceses y belgas señalan que podrían producirse avances en los próximos días: algunos sospechosos en Francia estarían valorando colaborar con la justicia a cambio de una reducción de condena para revelar el paradero de las piezas. No obstante, las autoridades mantienen cautela hasta disponer de pruebas concretas.

El caso permanece abierto y se ha convertido en un ejemplo de los desafíos que enfrentan las instituciones culturales ante organizaciones criminales sofisticadas. El Museo del Louvre continúa con medidas de vigilancia reforzada mientras la investigación avanza, especialmente en territorio belga.

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