Por Luis Miguel Pascual
La rusa Mirra Andreeva ingresó ayer al grupo de las grandes campeonas al conquistar en Roland Garros su primer Grand Slam. Con 19 años, su triunfo anticipa una trayectoria prometedora.
La jugadora siberiana, que desde hace tiempo había mostrado un nivel cercano al de las mejores, venció con claridad a la polaca Maja Chwalinska por 6-3 y 6-2; Chwalinska se convirtió en la primera tenista procedente de la fase previa en alcanzar una final en París.
El cuento de hadas de la polaca de 24 años, la finalista con peor ránking del torneo, no resistió el juego contundente de Andreeva, que desplegó un tenis intenso y variado para alzarse con su primer grande.
Sin bandera ni himno, prohibidos desde la invasión rusa de Ucrania en 2022, la siberiana es la primera rusa que gana Roland Garros desde Maria Sharapova en 2014 y la más joven en imponerse desde Monica Seles en 1992. El trofeo le fue entregado por Mary Pierce, campeona en 2000, y en la ceremonia estuvo presente Conchita Martínez, actual entrenadora de Andreeva.
“Nadie quiere tener una guerra, pero yo no pienso en esas cosas, demasiadas cosas tengo en la cabeza”, dijo la jugadora alude a la polémica para no entrar en ella.
Con su primer grande, Andreeva se acerca al top-5 y corona una temporada destacada: encabeza la lista de victorias con 36 y, sobre tierra batida, ha ganado 20 de 23 partidos este año.
La consagración era necesaria tras una serie de buenas actuaciones sin título decisivo: después de ganar en Linz cayó en la final de Madrid frente a la ucraniana Marta Kostyuk, perdió en semifinales de Stuttgart contra Elena Rybakina y en cuartos de Roma ante Coco Gauff.
En París evitó a las principales favoritas en las primeras rondas, que fueron cayendo sucesivamente: la defensora del título, Coco Gauff, quedó eliminada en tercera ronda; Iga Świątek, cuatro veces ganadora, lo hizo en octavos; y la número 1, Aryna Sabalenka, en cuartos.
Los resultados de la rusa en los Grand Slam han sido constantes: en los tres últimos Abiertos de Australia alcanzó los octavos de final; además, en los torneos sobre hierba y tierra ha mostrado progresión, y la temporada pasada llegó hasta los cuartos en Wimbledon.
Sobre su estilo y mentalidad, explicó que su psicólogo le sugirió elegir qué tipo de tenista quiere ser, y ella optó por ser una luchadora inspirada en la actitud de Roger Federer. “Nunca tendré su aura, pero quiero imitar su actitud, no ser una jugadora frustrada”, afirmó.
Andreeva debía dar un paso adelante y ahora tendrá que confirmarlo para demostrar que puede competir regularmente entre las mejores en un circuito femenino cada vez más abierto e imprevisible.
En lo que va de década, Andreeva se convierte en la duodécima tenista distinta en levantar un Grand Slam, un indicador de la dificultad para encontrar una dominadora absoluta en el circuito femenino.


