16 de junio de 2026
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Cúpula iraní eliminada en tres meses por EE. UU. e Israel

La oficina destruida de la cadena de televisión catarí Al Araby tras un bombardeo en el norte de Teherán. EFE/EPA/ABEDIN TAHERKENAREH

El 28 de febrero de 2026, Estados Unidos e Israel iniciaron una ofensiva sin precedentes contra Irán, dirigida a blancos militares y al liderazgo del régimen. En el primer día de operaciones fueron eliminadas varias figuras centrales; en las semanas siguientes la campaña continuó alcanzando ministros, comandantes y asesores clave. El balance inicial describió una depuración sistemática de la élite política y militar iraní sin precedentes en la región.

El entonces presidente Donald Trump llegó a afirmar que la intervención había provocado un “cambio de régimen”. Sin embargo, Teherán mostró una capacidad notable para sustituir a sus dirigentes y mantener el funcionamiento de las instituciones estatales a pesar de los ataques y la presión internacional.

La muerte del líder supremo y la sucesión dinástica

FOTO DE ARCHIVO: El Líder Supremo de Irán, Ayatolá Ali Khamenei, habla durante una ceremonia de duelo por la muerte de comandantes militares y científicos iraníes, que murieron en la guerra de 12 días de Irán con Israel, en Teherán, Irán, 29 de julio de 2025
Oficina del Líder Supremo iraní/WANA (Agencia de Noticias de Asia Occidental)

La muerte de Larijani, registrada el 17 de marzo, fue considerada por analistas como una de las pérdidas más significativas tras la del propio líder supremo. Larijani ejercía como jefe del Consejo de Seguridad Nacional y, en la práctica, había coordinado la política del régimen durante los períodos en que el líder supremo se mantuvo discreto para evitar ataques. Falleció en un ataque en la región de Teherán que también causó víctimas entre sus familiares. Días antes había participado en una manifestación progubernamental en la capital.

La cúpula militar, golpeada desde el primer día

La ofensiva del 28 de febrero alcanzó a varios mandos superiores del aparato de seguridad. Mohammad Pakpour, comandante en jefe de los Guardianes de la Revolución, murió en el ataque inicial; Pakpour había asumido el cargo tras la muerte de su predecesor en junio de 2025 y, según las fuentes, su reemplazo fue Ahmad Vahidi, exministro del Interior y de Defensa.

En la misma jornada también perdieron la vida Alí Shamjani, asesor del guía supremo y miembro destacado de las fuerzas armadas desde los años ochenta; Aziz Nasirzadeh, ministro de Defensa y veterano de la guerra entre Irán e Irak; Mohammad Shirazi, jefe de la oficina militar del líder supremo responsable de coordinar las distintas ramas de seguridad; y Abdolrahim Mousavi, jefe del Estado Mayor de las fuerzas armadas, quien había asumido el cargo meses antes tras la muerte de su antecesor.

Los mandos intermedios, también en la lista

La campaña se extendió más allá de la cúpula. El 16 de marzo fue abatido Esmail Ahmadi, director de inteligencia de los Basij, la milicia voluntaria del régimen. Al día siguiente murió Gholamreza Soleimani, otro comandante de esa fuerza. El 18 de marzo un ataque en Teherán provocó la muerte de Esmail Jatib, ministro de Inteligencia desde 2021 y señalado por organizaciones de derechos humanos por su papel en la represión de protestas. En una fecha no precisada también cayó Alí Mohammad Naini, portavoz de los Guardianes de la Revolución; poco antes de confirmarse su muerte, la agencia Fars había difundido declaraciones suyas sobre la continuidad de la producción de misiles pese al conflicto.

La lógica de la resistencia

Tras meses de pérdidas en la cúpula, no se produjo el colapso que algunas voces habían pronosticado. En su lugar surgió una capacidad de reemplazo rápida: cada vacante fue ocupada y las estructuras estatales continuaron operando. El nuevo líder supremo emitió su primer mensaje estratégico el 12 de marzo, prometiendo que la venganza no había concluido y pidiendo a los países vecinos que expulsaran a los que llamó invasores.

Desde la Revolución Islámica solo ha habido una transferencia previa del cargo de líder supremo, hace casi medio siglo, y la República Islámica demostró que su doctrina de resistencia no depende exclusivamente de una figura individual. Si el conflicto deriva en un desgaste mutuo prolongado o si el régimen enfrentará límites reales para seguir reponiendo a sus pérdidas es una cuestión que, por ahora, sigue sin respuesta concluyente por parte de los analistas.

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