Irán invitó al Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) a inspeccionar sus instalaciones y a identificar los depósitos de material enriquecido, según reveló el enviado especial de Donald Trump, Steve Witkoff, en un informe confidencial ante legisladores de Estados Unidos. Esa divulgación coincidió con la primera declaración pública del líder supremo Mojtaba Khamenei en la que avaló negociaciones directas con Washington, lo que refuerza el acuerdo alcanzado entre ambos países.
Witkoff comunicó a presidentes del Congreso y a miembros de comités de seguridad nacional que Irán añadió una carta lateral al memorando de entendimiento (MOU) recientemente firmado, invitando al director general del OIEA, Rafael Mariano Grossi, a enviar inspectores a Teherán. Dos fuentes presentes en la reunión confirmaron la información. Según Witkoff, esa carta permitiría al organismo identificar y rastrear las reservas de uranio enriquecido, un elemento central para cualquier verificación nuclear.
Grossi, que se encontraba en Ginebra para una conferencia prevista, afirmó que el acuerdo reconoce el “rol indispensable” del OIEA. Añadió que el organismo nunca cortó el contacto con Irán, pero que el nivel de acceso técnico permitido en el país está por debajo de lo que consideran necesario para una supervisión completa.
El director del OIEA explicó que sus expertos realizan “ciertas inspecciones” en Irán, pero no siempre en todos los sitios ni con la profundidad requerida. También indicó que podría participar en la reunión de Bürgenstock el viernes, donde se discuten aspectos del proceso.
La invitación es clave para cualquier marco de verificación: desde hace más de un año el OIEA no tiene acceso efectivo a las instalaciones iraníes. Tras los ataques de Israel y Estados Unidos en junio de 2025, el Parlamento iraní suspendió la cooperación y los inspectores se retiraron por motivos de seguridad. Un acuerdo para retomar las inspecciones alcanzado en El Cairo en septiembre de 2025 quedó sin efecto semanas después, cuando Teherán lo anuló alegando falta de independencia del organismo.
El contexto es de larga data: desde que Estados Unidos, bajo la presidencia de Trump, se retiró del Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA) de 2015, Irán amplió su programa de enriquecimiento. Para febrero de 2026 acumulaba alrededor de 440 kilogramos de uranio enriquecido al 60%, una cantidad que expertos consideran próxima al umbral relevante para fines armamentísticos. Los ataques de 2025 y 2026 dañaron parte de las instalaciones, pero la ausencia de inspectores impidió una evaluación independiente completa.
El MOU establece un plazo de 60 días para negociaciones técnicas que deberían derivar en un acuerdo permanente. En el Congreso de Estados Unidos ha habido críticas bipartidistas sobre la falta de mecanismos de verificación precisos: el demócrata Richard Blumenthal calificó el texto de error que dejaría a Irán en mejor posición que antes del conflicto. Por su parte, el portavoz del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf, advirtió que Teherán podría no cumplir sus compromisos, lo que añade incertidumbre.
La posición de Mojtaba Khamenei, quien asumió la jefatura suprema tras la muerte de su padre durante los bombardeos de febrero de 2026, es significativa porque rompe con la retórica previa contra el diálogo directo con Washington. Analistas, sin embargo, señalan que el marco ideológico de confrontación del régimen con Estados Unidos sigue presente.
Grossi había advertido que cualquier acuerdo sin inspecciones sería “una ilusión de acuerdo”. La carta lateral mencionada por Witkoff indica que ambas partes han tenido en cuenta esa advertencia, aunque los detalles operativos aún están por resolverse. En los próximos 60 días el OIEA deberá determinar la localización exacta del material enriquecido y evaluar el alcance de los daños en las instalaciones iraníes.
(Con información de EFE)



