3 de agosto de 2026
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Gemelos digitales: el futuro va más allá de los datos del pasado

En Argentina se presentó una herramienta destinada a simular políticas públicas antes de aplicarlas. Existe el riesgo de confundir anticipación con adivinación y de desarrollar modelos tecnológicos sin las garantías ni los marcos adecuados.

El llamado Gemelo Digital Social se describe como una herramienta basada en inteligencia artificial para simular el impacto de políticas sociales antes de su implementación. La meta anunciada es pasar de un Estado que reacciona a los problemas a uno con capacidad de anticipación, simulación y prevención.

Conviene reconocer que el diagnóstico general es válido. Un Estado que solo repara lo ocurrido actúa siempre tarde y a mayor costo. La administración pública suele operar con ciclos de decisión largos mientras los cambios sociales se aceleran, y toma decisiones con información incompleta, sesgada y desactualizada. Que el Estado busque anticipar es una señal positiva.

Sin embargo, hay una distinción clave: anticipar no es predecir.

Predecir supone que el futuro es una extensión lineal del pasado; anticipar parte de la existencia de múltiples futuros posibles y consiste en prepararse para varios de ellos. La prospectiva no adivina, construye escenarios posibles, probables y deseables para orientar decisiones presentes. Un modelo alimentado exclusivamente con datos históricos no anticipa: extrapola, es decir, proyecta el pasado hacia adelante sin contemplar discontinuidades.

El ejemplo habitualmente citado lo ilustra: Virtual Singapore integra datos geoespaciales, de tránsito, demográficos y climáticos para simular el impacto de obras o planificar respuestas a emergencias. Funciona, pero exigió una inversión enorme, depende de datos de muy alta calidad que no todas las administraciones pueden generar y proteger, y plantea dilemas importantes de privacidad.

Su límite se evidenció en la pandemia por una razón estructural más que técnica: un modelo entrenado con registro histórico solo reconoce patrones previos. Cuando el comportamiento social cambió de forma inédita, el sistema no pudo inferir lo que venía. Falló justamente cuando más hacía falta anticipar. Los gemelos digitales son herramientas potentes, pero no oráculos; su valor depende de la solidez de sus supuestos y de la capacidad interpretativa de quienes los usan.

Por eso el orden es importante. El plan anunciado propone definir primero la arquitectura tecnológica y después abrir un espacio para debatir privacidad, ética algorítmica y marcos legales. Eso está al revés: esos temas no son un trámite moral posterior, sino condiciones técnicas del funcionamiento. Sin claridad sobre qué datos entran, su calidad, el marco legal y las garantías, no puede construirse un modelo confiable. La ética debe incorporarse desde el diseño.

Anticipar con seriedad requiere integrar tres elementos que suelen tratarse por separado: prospectiva estratégica, gobernanza de datos e inteligencia artificial. Ninguno basta por sí solo. La prospectiva sin datos queda en especulación; los datos sin prospectiva optimizan sistemas que pueden estar obsoletos; la IA sin dirección estratégica es un motor de optimización sin un destino elegido. Si la intención es construir el futuro deseable, hay que tomar hoy decisiones que establezcan las bases: datos ordenados, reglas claras y equipos transdisciplinarios formados. Sin eso, la herramienta más sofisticada será solo un modelo tridimensional muy costoso.

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