El aumento de las temperaturas en Países Bajos motivó la activación de un plan nacional para enfrentar las olas de calor, según informó el diario británico The Guardian. El programa incluye recomendaciones dirigidas a la población para afrontar veranos más cálidos en un país cuya arquitectura tradicional priorizaba captar la luz y aislar frente al frío.
Especialistas como Eline Coolen, coordinadora de la lucha contra el calor en el Instituto de Salud Pública de Ámsterdam, advirtieron que muchas viviendas neerlandesas tienen grandes ventanales pensados originalmente para acumular luz y calor durante el invierno.
“Siempre hemos construido pensando en el invierno, cuando se desea la mayor cantidad de sol y calor posible en la casa”, explicó Coolen, citada por The Guardian. La experta promovió en redes sociales una campaña que insta a colgar cortinas o sábanas en el exterior de las ventanas para bloquear la radiación solar y reducir la transferencia de calor al interior.
“Si se puede evitar que el sol dé en las ventanas, habrá menos transferencia de calor en la casa”, afirmó. La preocupación está avalada por cifras: solo en Ámsterdam, alrededor de 110 personas mueren cada año por causas relacionadas con el calor, y las proyecciones estiman que la cifra podría alcanzar las 600 si no se adoptan medidas efectivas.
Nuevas ideas para el espacio urbano y alternativas al aire acondicionado
Mientras el gobierno difunde consejos sobre el cuidado de personas mayores y grupos vulnerables, investigadores y urbanistas prueban soluciones más allá de los métodos convencionales. Según The Guardian, las propuestas incluyen árboles artificiales, instalaciones artísticas que generan sombra y “bloques de jungla” móviles que procuran frescura y sombra en espacios públicos.
El profesor de ingeniería mecánica de la Universidad Heriot-Watt, Bert Blocken, defendió opciones alternativas al aire acondicionado, destacando el elevado consumo energético de estos aparatos. “La mayor parte del tiempo la pasamos en interiores, incluso en días muy bonitos y soleados, porque estamos trabajando o durmiendo, y también es cuando nos recuperamos de las olas de calor”, dijo Blocken.
El académico subrayó que la clave es proteger los edificios del sol, recomendando persianas y toldos exteriores aunque no siempre coincidan con criterios estéticos modernos.
Blocken recordó que civilizaciones como la egipcia, griega o romana ya empleaban técnicas similares para mantener sus hogares frescos. “Si yo fuera alcalde, mi primera orden ejecutiva sería instalar parasoles exteriores en todos los edificios”, señaló.
Concienciación, prevención y respuestas ciudadanas
El RIVM (Instituto Nacional de Salud Pública de los Países Bajos) identificó tres niveles de acción frente a las olas de calor: cambios en el comportamiento, adaptaciones en las viviendas y diseño urbano. Werner Hagens, coordinador del plan neerlandés para la ola de calor, explicó al portal británico que campañas sencillas de concienciación han contribuido a reducir la mortalidad durante estos episodios.
Un estudio de la asociación de propietarios Vereniging Eigen Huis indicó que el 23% de los consultados considera que su vivienda se vuelve demasiado calurosa durante una ola de calor, aunque cuatro de cada cinco han tomado medidas para refrescar sus hogares. Iniciativas ciudadanas, como el uso de cortinas improvisadas y la difusión de consejos en redes sociales, evidencian una rápida adaptación de la población a las nuevas condiciones climáticas.
Vegetación urbana y rentabilidad económica
La vegetación y el diseño urbano aparecen como elementos clave en la adaptación de las ciudades. Blocken señaló que tejados y fachadas verdes, así como la ampliación de parques y la plantación de árboles, ayudan a reducir la temperatura ambiente. El profesor Jeroen Kluck, experto en ciudades resilientes al clima en la Universidad de Ciencias Aplicadas de Ámsterdam, propuso también árboles artificiales, pérgolas cubiertas de plantas y estructuras móviles de sombra como alternativas viables en espacios urbanos limitados, con beneficios para peatones y para la biodiversidad urbana.
Desde el punto de vista económico, la inversión en adaptación climática resulta rentable para municipios y empresas. Sandra Phlippen, economista y jefa de estrategia climática del banco ABN Amro, calculó que una noche sin dormir puede costar cerca de 200 euros (USD 229,26) por persona en términos de productividad perdida. “Imagínate una calle donde viven 100 personas, todos duermen mal durante tres noches por una ola de calor y al día siguiente son improductivos. Esa es tu inversión en árboles durante todo el año”, explicó Phlippen, citada por el periódico británico.
Las autoridades neerlandesas mantienen campañas de información y promueven la adaptación de infraestructuras ante veranos cada vez más intensos. Los expertos coinciden en que combinar soluciones tradicionales e innovadoras, junto con la concienciación ciudadana, puede marcar la diferencia frente a los riesgos vinculados al calentamiento global.


