25 de junio de 2026
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Uno de cada cuatro adolescentes participó en retos virales en el último año

Un estudio con 848 adolescentes argentinos de 11 a 17 años halló asociaciones entre la participación en retos virales en redes sociales y niveles más altos de adicción digital, especialmente relacionados con un uso problemático de Instagram e internet. La investigación fue publicada en la revista internacional Youth & Society.

Los datos muestran que los retos virales forman parte de la experiencia habitual de una proporción significativa de jóvenes: el 14% dijo haber realizado uno o dos retos en el último año, el 5% participó en tres o cuatro y el 6% en cinco o más. En total, uno de cada cuatro adolescentes informó haber participado al menos en un reto viral en los últimos doce meses.

“Esto no implica que todos los retos virales sean negativos o peligrosos. Sin embargo, algunos pueden afectar de manera nociva la salud física y mental. Ejemplos son intentar permanecer mucho tiempo sin dormir o autosofo­carse hasta perder el conocimiento. Ha habido niños y adolescentes que han fallecido por estos motivos”, advierte Santiago Resett, investigador independiente del CONICET-Universidad Austral y docente de la Universidad Argentina de la Empresa (UADE).

Además, el 11% indicó que le agrada que otras personas lo imiten y repitan el desafío que compartió, y el 6% señaló que disfruta hacer retos virales con otros para sentirse parte de un grupo.

El trabajo analizó conductas en plataformas como TikTok, Instagram, YouTube y WhatsApp, donde los llamados “retos virales” se difunden con rapidez entre adolescentes. Estos retos suelen consistir en grabarse realizando ciertas acciones y compartir el video para que otros lo imiten y la cadena continúe, como ocurrió con las amenazas de tiroteo que se propagaron recientemente tras la tragedia de San Cristóbal, en Santa Fe.

“Más que prohibir las nuevas tecnologías o dar sermones moralizantes a los adolescentes, es necesario trabajar desde la reflexión y enseñar a pensar en las consecuencias de las acciones. Una pregunta para promover esa reflexión podría ser: ¿pensaste cómo esa publicación que subiste a las redes sociales puede afectar a los demás y a nosotros como familia?”, propone Resett.

Los investigadores encontraron correlaciones positivas entre la participación en retos virales y distintos indicadores de uso problemático de redes e internet. En términos estadísticos, se registró una correlación de r = .376 entre la motivación social para participar en desafíos y los problemas asociados al uso excesivo de internet. Es decir, cuanto más importante resulta para los adolescentes participar para sentirse incluidos o aceptados, mayores tienden a ser las dificultades relacionadas con el uso compulsivo de internet.

Asimismo, el estudio reportó una correlación de r = .365 entre la satisfacción que generan los retos virales y la adicción a Instagram. Esto indica que los adolescentes que más disfrutan participar en estos desafíos suelen presentar también un uso más problemático de esa red social.

Según los autores, la necesidad de pertenencia, aceptación y reconocimiento social aparece como uno de los factores principales detrás de este fenómeno digital entre adolescentes.

El estudio identificó dos factores centrales en este fenómeno: la satisfacción personal que generan los desafíos virales y la motivación social o presión del grupo de pares para sumarse.

La investigación advierte además que algunos retos virales pueden conllevar riesgos físicos, psicológicos y sociales para los adolescentes. Entre los ejemplos mencionados figuran desafíos relacionados con autolesiones, privación del sueño o conductas de riesgo que se difunden masivamente en redes sociales.

El trabajo también destaca la alta penetración de las plataformas digitales entre jóvenes argentinos: según datos citados, YouTube llega al 95% de adolescentes y jóvenes, TikTok al 67% e Instagram al 62%. “Muchas investigaciones indican que estas dos plataformas son sumamente adictivas, en comparación con otras, como Facebook”, detalla el investigador de la Universidad Austral.

Finalmente, los autores coinciden en que fortalecer el pensamiento crítico digital y promover un uso responsable de las redes sociales es clave para prevenir conductas de riesgo vinculadas a los retos virales. “Desde las familias y las escuelas se debería trabajar el uso responsable de estas tecnologías y no introducirlas precozmente”, concluye Resett.

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