Los buques siguieron transitando por el Estrecho de Ormuz a pesar de un ataque contra un carguero que obligó a suspender la evacuación de marineros coordinada por la ONU; mientras tanto, los precios del petróleo cayeron con fuerza ante las expectativas de una posible normalización del tráfico marítimo en la zona.
El incidente, que el presidente de Estados Unidos Donald Trump atribuyó al disparo de un dron iraní, alcanzó la cubierta superior de un buque de carga el jueves. Trump calificó el hecho como una violación del alto el fuego. La operación de evacuación coordinada por la Organización Marítima Internacional (OMI) había logrado liberar 115 embarcaciones y unos 2.500 marineros desde el cierre del estrecho antes de quedar paralizada tras el ataque.
Según la plataforma de rastreo Kpler, al menos 42 buques mercantes —incluyendo petroleros, gaseros y graneleros con fertilizantes— cruzaron el estrecho el jueves, frente a un máximo de 57 registrado el miércoles. Aproximadamente la mitad de esos tránsitos se realizó por un corredor sur cercano a la costa de Omán, una ruta que Irán no ha autorizado.
El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) criticó que Omán y la OMI anunciaron ese nuevo corredor sin consultar a Teherán, y afirmó que las únicas rutas autorizadas son las designadas por la República Islámica de Irán. Pese a la advertencia, 17 de los 29 buques que cruzaron el viernes por la tarde eligieron también la ruta omaní.
El centro británico United Kingdom Maritime Trade Operations (UKMTO) confirmó que un portacontenedores con bandera de Singapur fue alcanzado por un proyectil mientras transitaba por ese corredor el jueves. La plataforma MarineTraffic registró alrededor de 15 petroleros y cargueros cruzando el estrecho entre las 14:10 GMT, momento del ataque, y la medianoche de ese mismo día.
El crudo Brent, referencia internacional, retrocedió más de un 5% hasta situarse en torno a los 71,50 USD por barril. El contrato estadounidense West Texas Intermediate (WTI) cayó un 4,5%, por debajo de los 69 USD, un movimiento que reflejó el optimismo del mercado ante la posibilidad de normalizar el tráfico por Ormuz.
Sin embargo, expertos advirtieron contra lecturas apresuradas. Richard Meade, editor jefe de la revista especializada Lloyd’s List, describió el aumento del tráfico como una liberación de demanda reprimida —“un estallido de tonelaje como de una botella de kétchup”— y señaló que, aunque el estrecho esté más concurrido, no por ello es más seguro. Añadió que la idea de un retorno a la normalidad es más esperanza que pronóstico hasta que se conozcan y se respeten los términos de cualquier régimen posterior al alto el fuego.
En paralelo, el director general del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), Rafael Grossi, advirtió que el acuerdo de posguerra entre Teherán y Washington debe incluir salvaguardas robustas que garanticen que Irán no desarrolle armas nucleares. Grossi subrayó la necesidad de un sistema de verificación sólido y rápido, y reconoció que el OIEA apenas ha iniciado conversaciones con Irán.
El acuerdo provisional estipula que el arsenal iraní de uranio enriquecido —estimado antes de la guerra en unos 440 kilogramos con enriquecimiento al 60%— debe ser reducido en concentración bajo supervisión del OIEA. La cuestión nuclear es uno de los puntos más controvertidos en las negociaciones para poner fin al conflicto, junto con el control del estrecho y la situación en Líbano.
El Estrecho de Ormuz es un canal estrecho entre Irán y Omán que conecta el Golfo Pérsico con el Océano Índico y por el que normalmente circula cerca de una quinta parte de las exportaciones mundiales de petróleo y gas. Irán lo cerró durante la guerra, iniciada tras ataques estadounidenses e israelíes sobre Teherán el 28 de febrero, y su control de la vía se ha convertido en una palanca de negociación clave.
Teherán propuso cobrar tarifas por el tránsito del estrecho, una idea que Washington y la mayoría de los países del Golfo rechazaron con firmeza. El secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, en una visita a la región, descartó la propuesta al advertir que podría provocar “caos total”. Irán también ha exigido que cualquier acuerdo regional incluya un alto el fuego en Líbano, demanda que el presidente libanés Joseph Aoun ha intentado desvincular de las negociaciones bilaterales entre Teherán y Washington.
Aoun expresó la disposición de Líbano a aceptar “cualquier fórmula internacional que refuerce las capacidades de sus fuerzas armadas, preserve su integridad territorial e impida que su territorio sea escenario de escalada o tensiones regionales”.
Pese a los avances diplomáticos, residentes de Teherán consultados por la AFP dijeron no percibir mejoras en su vida diaria. “En general, nada ha mejorado”, afirmó Amir, de 28 años y empleado público. Mehdi, de 35 años y creador de contenido digital, añadió que hasta que los cambios no se noten cotidianamente, la esperanza seguirá acompañada de dudas y acabará dando paso al agotamiento y la ansiedad.


