15 de enero de 2026
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De la Fuente-Núñez, líder contra el edadismo

El edadismo es un problema global que perjudica la salud física y mental de millones de personas, reduce su calidad de vida y provoca pérdidas económicas significativas, según el Informe Mundial sobre el Edadismo de Naciones Unidas. Su naturaleza estructural y extendida exige políticas sostenidas y medidas concretas para proteger los derechos de las personas mayores y eliminar la discriminación por edad.

En los últimos años la visibilidad del edadismo ha aumentado. La doctora Vânia de la Fuente-Núñez, experta en envejecimiento saludable y coautora principal del informe de la ONU, destaca que desde el inicio de la Campaña Mundial contra el Edadismo en 2016 el fenómeno se ha empezado a nombrar, entender y debatir en la agenda pública y política.

De la Fuente-Núñez, médica y antropóloga, ha ocupado cargos de liderazgo en varias organizaciones, incluida la Organización Mundial de la Salud, donde dirigió la Campaña Mundial contra el Edadismo y áreas de formación y apoyo a países en envejecimiento saludable. Actualmente dirige una consultoría que asesora a gobiernos y organizaciones públicas y privadas para mejorar la vida de las personas mayores y combatir el edadismo.

La especialista, autora del libro La Trampa de la Edad, resalta que el número de países con leyes nacionales contra la discriminación por edad creció de 87 en 2018 a 105 en 2023. También apunta que se está impulsando una Convención de la ONU sobre los derechos de las personas mayores, un proceso que hasta hace pocos años parecía inalcanzable.

—¿Cuáles fueron los principales aprendizajes y avances obtenidos desde el lanzamiento de la Campaña Mundial contra el Edadismo en 2016 y el Informe Mundial sobre el Edadismo de la ONU en 2021?

—Desde el inicio de la Campaña, hasta finales de 2022, se han producido avances relevantes. El primero es la propia visibilidad del problema: el edadismo ahora se identifica, se discute y forma parte de la agenda de gobiernos y empresas. Ese reconocimiento es clave para impulsar medidas efectivas.

Asimismo, se han puesto en marcha políticas concretas. Antes de la Campaña y del Informe Mundial, el tema rara vez aparecía como prioridad; hoy muchos gobiernos lo consideran con mayor seriedad. El aumento de países con legislación contra la discriminación por edad y el avance hacia una Convención de la ONU son indicadores de ese cambio.

Mi aprendizaje principal es que, pese a estos progresos globales, hacen falta más acciones a nivel local y nacional y una mayor implicación de actores que todavía participan poco, como empresas y agentes culturales.

—¿Qué evidencias científicas respaldan la necesidad de políticas activas para reducir el edadismo?

—Las evidencias recogidas en el Informe Mundial sobre el Edadismo de la ONU y la investigación reciente que presento en La Trampa de la Edad muestran que el edadismo es un fenómeno estructural y universal que requiere intervenciones sostenidas. No es un problema marginal, sino un sesgo que puede afectar a todas las personas a lo largo de la vida.

El edadismo es el único sesgo que todos podemos ejercer y sufrir en distintos momentos, especialmente en la juventud y en la vejez. Se infiltra en instituciones y en la vida cotidiana y tiene consecuencias demostradas en la salud.

El impacto es claro: el edadismo se asocia con menor bienestar, más depresión, deterioro cognitivo, comportamientos de riesgo para la salud y una mayor mortalidad prematura. Por tanto, es una cuestión de derechos y de salud pública con costes humanos y económicos. Abordarlo solo a nivel individual no basta; son necesarias políticas públicas sostenidas para cambiar normas culturales y sistemas.

—En su experiencia, ¿cuáles son las formas más comunes en que el edadismo se manifiesta en las sociedades contemporáneas?

—El edadismo suele manifestarse en tres niveles. En las instituciones, cuando la edad se usa para excluir o restringir derechos, por ejemplo al negar acceso a vivienda, crédito, empleo o tratamientos médicos. Son discriminaciones explícitas que a menudo se normalizan.

En las relaciones y en la vida cotidiana, aparece en el lenguaje y en las expectativas sociales: bromas, comentarios como “ya estás mayor para esto” o “eres demasiado joven para…”, que limitan oportunidades y consolidan estereotipos.

Y a nivel individual, cuando las personas interiorizan esos mensajes y modulan su conducta en función de ellos: jóvenes que dudan de sus capacidades y mayores que se autoexcluyen de proyectos o decisiones por creer que “ya no les toca”. Esa interacción entre normas sociales, trato cotidiano y decisiones institucionales explica la extensión del edadismo.

—¿Qué papel desempeñan los medios de comunicación en la reproducción o en la reducción de los estereotipos asociados a la edad?

—Los medios juegan un rol decisivo porque no solo reflejan la realidad, también la construyen. Al reproducir imágenes simplistas —personas mayores siempre dependientes o sabias por defecto, jóvenes siempre inexpertos— refuerzan estereotipos que ocultan la diversidad y legitiman discriminaciones en el trabajo, la salud o la vivienda.

El lenguaje mediático importa: presentar el envejecimiento como un problema o usar discursos anti‐edad dificulta reconocer las capacidades y aportes de las diferentes edades. No obstante, los medios pueden contribuir al cambio si muestran la diversidad real, evitan enfoques paternalistas o ridiculizantes y dan voz a personas jóvenes y mayores como agentes activos.

—¿Qué herramientas está desarrollando la OMS para medir el nivel de edadismo en cada país?

—La OMS ha creado una escala para medir el edadismo que se está validando en distintos países y contextos. Es una herramienta estandarizada diseñada para cuantificar el nivel de edadismo en la población general, monitorear su evolución y comparar datos entre países, de modo que sea posible evaluar el impacto de políticas e intervenciones. Su desarrollo responde a la necesidad de instrumentos robustos y representativos que capten la complejidad del fenómeno.

—¿Cómo se articula la campaña con los objetivos de la Década de Envejecimiento Saludable: 2021–2030?

—La campaña es una pieza central de la Década de Envejecimiento Saludable, porque impulsa la primera área de acción dedicada a combatir el edadismo. El plan de la Década reconoce que reducir este sesgo es imprescindible para avanzar en las otras áreas: mejorar la atención sanitaria, fortalecer los cuidados de larga duración y construir comunidades inclusivas para las personas mayores.

—¿Qué estrategias educativas y comunitarias han demostrado ser más eficaces para acabar con el edadismo?

—Las intervenciones más efectivas combinan formación breve y continuada en el tiempo con actividades experienciales. Los ejercicios prácticos, como los juegos de rol, y los espacios de reflexión posterior ayudan a cambiar actitudes y comportamientos. Cuando estas acciones se integran con encuentros intergeneracionales, los resultados son aún mejores.

Las actividades intergeneracionales son especialmente poderosas: el contacto real y significativo entre generaciones desmonta mitos y reduce prejuicios. Fomentar espacios comunitarios de encuentro y colaboración es una de las mejores maneras de combatir el edadismo.

—En América Latina, donde las desigualdades sociales son estructurales, ¿qué desafíos particulares enfrenta la lucha contra el edadismo?

—En América Latina, el edadismo se entrelaza con desigualdades de clase, género y etnia, por lo que sus efectos varían según la situación social de cada persona. La edad puede agravar barreras en el acceso al empleo, la vivienda o la salud, de modo que es necesario un enfoque interseccional que priorice a quienes están en mayor vulnerabilidad.

Además, en la región existe poca conciencia pública sobre el edadismo: está normalizado en el lenguaje y en muchas prácticas institucionales, y no siempre se reconoce como discriminación. El reto es visibilizar el problema y aplicar políticas integrales que reduzcan desigualdades y transformen normas culturales sobre la edad.

—¿Qué papel deberían asumir las universidades, el sector privado y la sociedad civil en este movimiento global?

—Las universidades deben liderar la generación de evidencia y la formación. En América Latina hay vacíos en investigación sobre prevalencia, impacto e intervenciones eficaces frente al edadismo; las universidades pueden impulsar esta agenda y formar a profesionales en áreas como derecho, medicina, trabajo social, comunicación o diseño para abordar el sesgo desde la formación.

El sector privado debe garantizar entornos laborales libres de discriminación por edad, con igualdad de acceso a contratación, promoción y formación continua tanto para jóvenes como para personas mayores. También tiene responsabilidad en la publicidad y el mercado, evitando mensajes que refuercen estereotipos edadistas.

La sociedad civil es clave para visibilizar el problema, movilizar a la ciudadanía y exigir rendición de cuentas a gobiernos y empresas, impulsando cambios normativos y culturales que protejan los derechos de las personas de todas las edades.

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