El régimen iraní advirtió este domingo que cualquier ataque contra el líder supremo, Alí Jamenei, sería considerado una declaración de guerra.
“Un ataque contra el gran líder de nuestro país equivale a una guerra total contra la nación iraní”, afirmó el jefe de Estado Masud Pezeshkian en un mensaje difundido en sus redes sociales.
El pronunciamiento llega después de declaraciones del presidente estadounidense, Donald Trump, quien exigió “un nuevo liderazgo” en Irán y responsabilizó al ayatolá por la represión y las miles de muertes registradas durante las recientes protestas.
Trump acusó a Jamenei de la “destrucción” del país y le atribuyó la responsabilidad en la respuesta estatal a las movilizaciones iniciadas a finales de diciembre, que dejaron miles de víctimas y numerosos detenidos. Señaló que “gobernar va de respeto, no de miedo y muerte” y afirmó que Irán está “completamente destruido por culpa de los actuales dirigentes”.
Desde Teherán, el fiscal Ali Salehi rechazó con dureza las declaraciones de Trump, calificándolas de “tonterías sin fundamento”, y advirtió que la Justicia iraní actuará “de forma firme, disuasoria y rápida” contra los participantes en las protestas. Negó que se hubiera suspendido la ejecución de ochocientas personas detenidas y aseguró que muchos casos ya han sido remitidos a los tribunales.
En un acto con la presencia de Jamenei, el propio líder supremo reconoció la muerte de “varios miles de personas” durante las movilizaciones. Atribuyó los disturbios a un “complot estadounidense” y sostuvo que Estados Unidos debe rendir cuentas por los hechos, advirtiendo que no quedarán impunes los “criminales internos e internacionales” involucrados.
Organizaciones de derechos humanos con sede fuera de Irán, como Human Rights Activists (HRANA), reportaron 52 ejecuciones entre el 5 y el 14 de enero en 42 prisiones del país. Las autoridades mantienen un apagón parcial de internet desde el 8 de enero, lo que dificulta la verificación independiente de procesos judiciales y cifras oficiales.
Según HRANA, al cierre del vigésimo día de protestas la cifra ascendía a 3.090 muertos, 2.055 personas con lesiones graves y 22.123 arrestos en todo el territorio; otros 3.882 casos de fallecidos seguían pendientes de verificación por la falta de acceso a la información. No obstante, un funcionario iraní dijo a la agencia Reuters que ya se habrían verificado más de 5.000 víctimas.
La subdirectora de HRANA, Skylar Thompson, explicó a CNN que las restricciones de acceso a datos e internet complican la comprobación de cifras. El grupo Hengaw, con sede en Noruega, señaló que aunque no se registran nuevas concentraciones, persiste una fuerte presencia policial y militar en las principales ciudades.
Imágenes verificadas muestran decenas de cadáveres en morgues de Teherán como consecuencia de la represión.
El origen de las protestas se relacionó con la abrupta depreciación del rial y con manifestaciones iniciales de comerciantes en la capital. En pocos días, el movimiento adquirió carácter nacional contra la República Islámica, alcanzando su punto máximo entre el 8 y el 9 de enero, con concentraciones multitudinarias y la intervención de las fuerzas de seguridad.
Kamenei reforzó su postura al afirmar que la “nación iraní debe conjurar a quienes instigaron” los disturbios, reiterando la existencia de injerencia extranjera. Negó que haya intención de iniciar un conflicto, aunque advirtió que habrá respuesta contra los “delincuentes nacionales e internacionales”.


