22 de enero de 2026
Buenos Aires, 26 C

Ola de calor en Córdoba: preparación y riesgos

Las olas de calor han dejado de ser episodios aislados: en los últimos veranos Córdoba registró temperaturas máximas por encima de 40 °C, con sensaciones térmicas aún mayores en zonas urbanas. Especialistas señalan que estos episodios son ahora más largos, intensos y frecuentes, una tendencia vinculada al cambio climático y al crecimiento de la ciudad.

En Córdoba y en muchas localidades del interior, la isla de calor urbano —causada por asfalto, cemento y la escasez de espacios verdes— agrava el impacto de las altas temperaturas, afectando sobre todo a barrios con viviendas precarias, poca ventilación o acceso limitado a servicios.

Cómo prepararse para la ola de calor en Córdoba

El calor extremo no solo provoca malestar: incrementa el riesgo de deshidratación, agotamiento por calor, golpe de calor y descompensaciones en personas con patologías. Durante estas jornadas, las guardias y centros de salud suelen registrar más consultas, especialmente cuando las altas temperaturas se prolongan varios días.

Los grupos más vulnerables son las personas mayores, los niños pequeños, quienes padecen enfermedades crónicas (cardíacas, respiratorias o renales), las embarazadas y quienes toman fármacos que afectan la regulación térmica. También están en riesgo quienes realizan tareas intensas al aire libre o viven en viviendas sin aislamiento térmico.

Signos de alarma incluyen fiebre muy alta, mareos, dolor de cabeza intenso, confusión, náuseas, piel caliente y seca, pérdida de conciencia o desorientación. Ante cualquiera de estos síntomas es importante buscar atención médica de inmediato.

Recomendaciones clave para atravesar una ola de calor

La prevención reduce riesgos. Entre las principales medidas sanitarias y prácticas para protegerse están:

Hidratarse con frecuencia, aun sin sed; priorizar agua potable. Evitar la exposición solar directa entre las 11 y las 17 horas. Usar ropa ligera, de colores claros, gorra y protector solar. Ventilar las viviendas aprovechando las horas frescas de la noche y mantener cortinas o persianas cerradas durante el día. Reducir o reagendar la actividad física intensa en las horas de más calor. Vigilar a personas mayores y niños, asegurándose de que beban agua y permanezcan en lugares frescos. En trabajos al aire libre, adaptar horarios, establecer pausas frecuentes y garantizar acceso a agua y sombra.

Un desafío que excede lo individual

Las olas de calor ponen en evidencia limitaciones estructurales: mayor demanda eléctrica, presión sobre los servicios de salud y desigualdad en el acceso a viviendas y entornos saludables. Por eso la respuesta debe combinar acciones individuales con políticas públicas: planificación urbana que aumente el arbolado y las áreas verdes, diseño de entornos que reduzcan la isla de calor, campañas de información clara y medidas de prevención y adaptación.

Mientras los registros térmicos siguen batiéndose, anticiparse y aplicar medidas de protección continúa siendo la forma más eficaz de cuidar la salud ante el calor extremo.

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