27 de enero de 2026
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Exsenador francés condenado a cuatro años por drogar y abusar de una diputada

El Tribunal Correccional de París condenó al exsenador Joël Guerriau a cuatro años de prisión, de los cuales 18 meses serán de cumplimiento efectivo, por haber administrado éxtasis a la diputada Sandrine Josso con el objetivo de agredirla sexualmente. La sentencia incluye además cinco años de inhabilitación para ejercer cargos públicos, la inscripción en el registro de delincuentes sexuales, la prohibición de acercarse a la víctima y una indemnización de 9.000 euros, de los que 5.000 corresponden a daños morales. Los abogados de Guerriau anunciaron que presentarán recurso.

Josso, de 50 años, calificó el veredicto como un “enorme alivio” tras las dos jornadas de juicio. El fiscal Benjamin Coulon había pedido cuatro años de prisión, tres de ellos firmes, junto con cinco años de inhabilitación, la inscripción en el registro de delincuentes sexuales, la prohibición de contactar a la víctima, una compensación económica y la obligación de someterse a tratamiento. El tribunal impuso la misma pena total, pero redujo el tiempo de cumplimiento efectivo a 18 meses.

Los hechos ocurrieron el 14 de noviembre de 2023. Guerriau, entonces senador por Loira Atlántico del partido centroderecha Horizons, invitó a Josso, diputada del centro por Modem, a su apartamento en París para celebrar su reelección. Ambos eran parlamentarios del mismo territorio y mantenían una relación profesional desde hacía una década. Josso declaró que se sorprendió al ser la única invitada y que originalmente la reunión estaba prevista en un restaurante.

Según la diputada, Guerriau le ofreció champán con un sabor extraño y, poco después, ella comenzó a sentir palpitaciones, temblores, náuseas y sudoración. Describió un comportamiento inusual del anfitrión: insistía en que bebiera, jugó con la iluminación del salón y realizó trucos de magia que ella consideró evocadores de una penetración. Al verlo manipular una bolsita transparente antes de guardarla, sospechó que había sido drogada.

Josso disimuló sus síntomas y consiguió salir del apartamento alegando que debía volver a la Asamblea Nacional. Tomó un taxi, contactó a colegas y fue llevada a urgencias. Los análisis toxicológicos detectaron 388 ng/ml de MDMA en sangre, aproximadamente el doble de una dosis recreativa, según el tribunal. En una inspección al domicilio de Guerriau al día siguiente se halló un sachet con 30 gramos de la misma sustancia.

La MDMA (3,4-metilendioximetanfetamina) es el principio activo del éxtasis, una droga sintética de la familia de las anfetaminas. Popularizada en los años noventa en fiestas rave y clubes, actúa sobre neurotransmisores —especialmente la serotonina— y provoca euforia, desinhibición y una amplificación de las emociones. Sus efectos secundarios pueden incluir aumento de la frecuencia cardíaca, tensión muscular, visión borrosa, náuseas y sudoración; en dosis altas puede causar hipertermia grave, daño hepático o renal e incluso la muerte.

Desde su detención, Guerriau sostuvo que se trató de un acto involuntario. Explicó que atravesaba una depresión y ansiedad vinculadas a su décima campaña electoral y al fallecimiento de su gato. Afirmó que otro senador le había dado meses antes un polvo que él creyó un euforizante para aliviar su malestar. Dijo que la noche anterior había vertido esa sustancia en una copa que pensaba consumir él, pero que la dejó; al día siguiente, aseguró, sirvió champán por error en ese vaso. “En resumen, soy un idiota”, declaró ante el tribunal.

Los investigadores señalaron elementos que cuestionan esa versión. Un mes antes, Guerriau habría realizado al menos veinte búsquedas en internet sobre efectos de MDMA y GHB, con términos relacionados con “droga y violación”, “efectos del éxtasis GHB”, “puntos de venta GHB” o “compra GHB GBL”, y consultó artículos sobre las llamadas drogas de la violación y las reacciones que deberían tener las víctimas. El acusado alegó que esas consultas respondían a su trabajo parlamentario, para entender el fenómeno tras conversaciones con un amigo cuya hija sospechaba haber sido víctima de sumisión química.

Su abogado, Henri Carpentier, sostuvo que las búsquedas fueron breves y no repetidas, y que no prueban penalmente una intención sexual. Añadió que su cliente no realizó gestos de connotación sexual aquella noche y que hubiese sido absurdo intentar violar a una mujer que iba a regresar a la Asamblea, donde su ausencia hubiera sido notada. El letrado advirtió además que la emoción puede borrar matices necesarios en la valoración del caso.

El fiscal Coulon rechazó esas defensas. Afirmó que resulta difícil no observar polvo en el fondo de una copa de champán al verter la bebida y sostuvo que Guerriau “colocó deliberadamente” MDMA en la copa de Josso. Subrayó que, como legislador, tenía el deber de “dar ejemplo” y recordó que había votado a favor de la ley que creó el delito de administrar una sustancia nociva con intención de cometer violación o agresión sexual. El abogado de la parte civil, Arnaud Godefroy, describió el comportamiento del acusado como el patrón típico de quien droga a una mujer: añadir sustancia en un vaso y esperar a que surta efecto mientras observa a la víctima.

Josso relató las secuelas físicas y psicológicas que padece desde la noche de los hechos: hipervigilancia, trastornos del sueño, agotamiento crónico, ciáticas recurrentes, una hernia discal y la pérdida de cuatro dientes por la tensión mandibular. Dijo que acudió a la cena como quien visita a un amigo y se encontró con un agresor. Según su abogado, tuvo seis meses de baja laboral y requirió tratamiento físico, psicológico y psiquiátrico, además de sufrir pesadillas, flashbacks y episodios de disociación.

Guerriau permaneció en el Senado casi dos años tras su imputación, a pesar de las peticiones de dimisión. Su partido Horizons lo expulsó cuando se conoció la denuncia y el presidente del Senado, Gérard Larcher, anunció que estudiaría sanciones disciplinarias. Finalmente renunció a su escaño en octubre de 2025. Había sido senador desde 2011, no tenía antecedentes penales y, según el fiscal, “dedicó parte de su vida al funcionamiento de la democracia francesa”.

El caso fue el primer proceso de sumisión química en el ámbito político francés que alcanzó tanta resonancia pública. Apenas un año antes, el juicio de Mazan —donde Dominique Pelicot fue condenado a 20 años por drogar y violar a su esposa Gisele durante años y permitir que decenas de desconocidos la agredieran— conmocionó a Francia y aceleró un debate nacional sobre la cultura de la violación y cambios legislativos.

En octubre de 2025, el Parlamento francés modificó el Código Penal para definir la violación como cualquier acto sexual no consentido. Hasta entonces, la ley solo consideraba violación la penetración o el sexo oral realizados mediante violencia, coacción, amenaza o sorpresa. La reforma establece que el consentimiento debe ser libre, informado, específico, previo y revocable, y que nunca puede deducirse del silencio o la falta de resistencia. Con ello, Francia se alineó con países como España, Alemania, Bélgica y Suecia que ya aplicaban la regla del consentimiento explícito.

Desde entonces, Josso se ha convertido en una voz activa contra la sumisión química. Coautora junto a la senadora Véronique Guillotin de un informe parlamentario sobre el fenómeno entregado al Gobierno en mayo de 2025, participa en la asociación fundada por Caroline Darian, hija de Gisele Pelicot. Según el Centro de Referencia de Agresiones Facilitadas por Sustancias, en 2022 se analizaron 1.229 casos verosímiles de sumisión química, un aumento del 69% respecto a 2021; alrededor del 90% de las víctimas son mujeres. No obstante, de las 127 personas investigadas por estos hechos en 2023, solo 62 procedimientos llegaron a juicio.

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