1 de febrero de 2026
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Trump confirma conversaciones con el régimen iraní para reducir tensiones

Donald Trump afirmó que Irán ha iniciado un diálogo con su administración, en medio de semanas caracterizadas por advertencias y tensiones en la región del golfo Pérsico.

“Irán está hablando con nosotros y veremos si podemos hacer algo, de otra forma veremos qué pasa… Tenemos una gran flota desplegada allá”, dijo el presidente de Estados Unidos a Fox News, en referencia al incremento de fuerzas estadounidenses próximas a aguas cercanas a Irán.

Y añadió: “Están negociando”.

Desde Teherán se registraron tanto mensajes confrontativos como declaraciones orientadas al diálogo. El jefe de Estado, Masud Pezeshkian, afirmó que “la República Islámica de Irán nunca ha buscado ni busca de modo alguno la guerra, y está firmemente convencida de que una guerra no beneficiaría ni a Irán, ni a Estados Unidos, ni a la región”.

En el mismo sentido, Ali Larijani, jefe del Consejo de Seguridad Nacional de Irán, reconoció la existencia de contactos diplomáticos con Washington en medio de la tensión. Según IRNA, Larijani atribuyó la percepción de ausencia de diálogo a una “propaganda de guerra” y afirmó que existe un “marco de negociación”, sin detallar plazos ni condiciones.

En cuanto a las condiciones para un posible acercamiento, las posturas de ambos países siguen enfrentadas. IRNA citó al ministro de Exteriores, Abás Araqchi, desde Estambul, señalando que “preservaremos y ampliaremos nuestras capacidades defensivas en la medida que sea necesario para defender el país”. Araqchi sostuvo que cualquier acuerdo debe excluir la ‘capacidad de defensa’ y el desarrollo de ‘misiles balísticos’ iraníes del proceso negociador, y reclamó que todo diálogo se conduzca sin presiones ni amenazas. Estados Unidos, en cambio, exige la paralización del programa de misiles iraní como condición previa para avanzar y mantiene el régimen de sanciones, exigencia que Teherán rechaza, condicionando cualquier avance significativo al levantamiento previo de las sanciones.

La dimensión militar del conflicto también se ha intensificado. Según The New York Times, la armada estadounidense mantiene el portaaviones Abraham Lincoln en el mar Arábigo, acompañado por buques con misiles Tomahawk, así como cazas F-35 y aviones F/A-18. Este grupo naval, bajo el mando del Comando Central de Estados Unidos, opera con capacidad de respuesta inmediata contra posibles objetivos en Irán, con el objetivo de disuadir a Teherán y proteger rutas comerciales estratégicas.

El Comando Central advirtió que no tolerará maniobras “inseguras” de la Guardia Revolucionaria de Irán, especialmente durante ejercicios en el estrecho de Ormuz, paso clave para el tránsito energético mundial. Estados Unidos considera peligrosos los sobrevuelos cercanos a sus buques y las aproximaciones agresivas de embarcaciones iraníes, al entender que aumentan el riesgo de enfrentamientos y desestabilizan la región.

En respuesta, la Guardia Revolucionaria iraní llevó a cabo maniobras navales de dos días con fuego real en el estrecho de Ormuz, argumentando que las operaciones buscan fortalecer la defensa nacional. IRNA señaló que estas maniobras se realizaron poco después de que la fuerza fuese incluida por Estados Unidos y la Unión Europea en la lista de “organizaciones terroristas”, designación que las autoridades iraníes rechazaron.

Paralelamente, diversos actores regionales han intensificado esfuerzos diplomáticos para evitar una escalada militar. El primer ministro y canciller de Qatar, Sheikh Mohammed bin Abdulrahman Al Thani, visitó Teherán con la intención de reducir tensiones. Líderes de Turquía, Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita también han ampliado sus gestiones diplomáticas, mientras que la llegada de un destructor estadounidense al puerto israelí de Eilat confirma el aumento de la presencia militar internacional en una zona clave para el transporte de petróleo y gas.

La tensión en el estrecho de Ormuz presiona al comercio energético global, dado que gran parte del tránsito internacional de crudo cruza ese corredor estratégico. Un incidente en la zona tendría consecuencias graves para la estabilidad regional y el suministro mundial.

En el plano interno, y pese a la presión internacional, Irán mantiene como prioridad el avance científico y tecnológico y la defensa de su programa nuclear. Las autoridades de Teherán insisten en que no cederán en esos ámbitos ante amenazas externas.

Ante el riesgo persistente de conflicto, los dirigentes iraníes han advertido sobre las consecuencias de un error de cálculo tanto para actores locales como para alianzas internacionales, subrayando que la inestabilidad podría extenderse más allá de las fronteras regionales.

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