24 de febrero de 2026
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Historia oscura de una isla paradisíaca australiana

Desde las costas de Perth, en el suroeste de Australia, se recorta en el horizonte una colina azul que parece cambiar de humor: en algunos días se muestra cercana y en otros queda oculta entre brumas. “A veces quiere ser vista y a veces quiere esconderse en las sombras”, dijo a CNN Travel Glen Stasiuk, profesor de la Universidad de Murdoch y director del documental Wadjemup: Black Prison — White Playground.

Así comienza la historia de Rottnest Island, conocida por los aborígenes Noongar como Wadjemup, un lugar de gran belleza que guarda una de las páginas más oscuras de la historia australiana.

La morada de los espíritus

Para el pueblo Noongar, Wadjemup va más allá de sus playas de arena blanca y aguas claras. Es un sitio de profundo significado espiritual: “En la historia Noongar, cuando una persona muere, su espíritu abandona el cuerpo y viaja al oeste, a las islas, al lugar de los fantasmas”, explicó Len Collard, profesor emérito de la Universidad de Australia Occidental y anciano Noongar.

Wadjemup fue y sigue siendo la morada de esos espíritus, aunque su carga espiritual se intensificó con la colonización, cuando la isla se convirtió en el lugar con el mayor número de muertes de aborígenes bajo custodia en Australia.

La llegada de los británicos en 1788 marcó el inicio de conflictos violentos con los pueblos originarios, custodios del “Country” australiano durante al menos 65.000 años. En 1838, Wadjemup empezó a funcionar como prisión para niños y hombres aborígenes. Los primeros prisioneros llegaron en bote y durmieron en cuevas costeras mientras extraían piedra caliza y construían la propia cárcel.

La mayoría fueron detenidos por delitos menores, como el robo de ganado o de raciones de harina, y encarados a un sistema judicial ajeno a su cultura y en un idioma que no entendían. Stasiuk señala que muchos procedían de regiones tan remotas como Kimberley, a más de 2.000 kilómetros, y que varios jamás habían visto el mar antes de ser encadenados y trasladados a la isla.

Una vez allí, se les obligó a realizar trabajos forzados: “El muelle, las cabañas, la prisión, la casa del gobernador… todo esto fue construido por prisioneros aborígenes”, detalló Stasiuk. Collard añadió que este trabajo permitió justificar el gasto colonial y emplear a los aborígenes como mano de obra barata en proyectos posteriores.

La vida en la prisión fue dura y las condiciones insalubres. La superpoblación y las enfermedades eran habituales, y la violencia de algunos responsables agravó la situación. Henry Vincent, un alcaide descrito por Stasiuk como “particularmente bárbaro”, habría encadenado, golpeado e incluso disparado contra prisioneros, sin que fuera procesado por esos actos. Una calle de la isla mantuvo su nombre hasta 2022.

Hacia finales del siglo XIX aumentó la presión para cerrar la prisión. Finalmente, en 1902, tras 93 años de funcionamiento, el presidio fue clausurado. Cerca de 4.000 hombres y niños aborígenes pasaron por Wadjemup; 373 murieron allí y la mayoría están enterrados en tumbas sin nombre.

Del dolor al turismo: la reinvención de Rottnest

Aunque conserva ese pasado, CNN Travel señala que más de 800.000 turistas visitan cada año Rottnest Island para disfrutar de sus playas y conocer al quokka, el marsupial que se hizo popular en redes sociales. Sin embargo, muchos desconocen la historia sombría sobre la que caminan.

Tras el cierre de la prisión, el edificio principal se reconvirtió en alojamiento vacacional en 1911. Collard apunta que la instalación de tuberías y electricidad y la demolición de muros destruyeron buena parte del patrimonio original: “Los turistas ahora pagan por una habitación, se acuestan en una cama y hacen el amor donde estos hombres murieron”, afirmó.

Peor aún, la zona donde reposan los restos de los prisioneros se transformó en un camping llamado Tentland, donde durante 90 años los veraneantes durmieron apenas a 60 centímetros sobre una de las mayores fosas comunes indígenas de Australia.

Stasiuk recuerda haber sufrido una enfermedad inexplicable tras acampar en Tentland en la década de 1970, hasta que su abuela le explicó la razón: “Es warra, es malo”. Aunque en 1970 se hallaron restos óseos, el camping no cerró hasta 2007 y el antiguo presidio dejó de operar como resort turístico recién en 2018. Actualmente hay otras opciones de alojamiento en la isla, alejadas del área de Tentland.

La actualidad: memoria, ritual y reconciliación

A pesar de la transformación turística, para los Noongar Wadjemup sigue siendo un lugar espiritual. “Es como un centinela, un faro que arroja luz para mostrar que algo está allí”, reflexiona Collard. Stasiuk enfatiza la importancia de mantener viva la memoria aborigen de la isla.

En 2020, la Rottnest Island Authority lanzó el Proyecto Wadjemup, con el objetivo de reconocer formalmente los hechos ocurridos mediante ceremonias, memoriales y narrativas históricas. El proyecto contempla dignificar el cementerio, conservar el edificio original de la prisión y organizar ceremonias culturales como parte del proceso de sanación.

En 2024 se realizó el Wadjemup Wirin Bidi (Sendero del Espíritu), una ceremonia privada en la que unas 200 personas aborígenes de todo el país se reunieron para despedir a sus ancestros y liberar sus espíritus. Hoy, esta compleja historia forma parte de la oferta turística a través de recorridos culturales dirigidos por guías aborígenes.

Casey Kickett, guía local Noongar y directora de Koordas Crew, define su trabajo como un puente entre la belleza de la isla y su tragedia. Mediante talleres y caminatas acerca a los niños a la cultura Noongar, preparándolos para conocer la historia oculta de Wadjemup cuando sean mayores. Collard subraya que, pese al horror vivido, sigue visitando Wadjemup con placer: “Mis ancestros están enterrados allí y me alegra ir a saludarlos”.

Hoy los visitantes pueden recorrer el Museo Wadjemup o unirse a tours culturales liderados por guías aborígenes. Kickett recomienda un gesto sencillo de respeto: “Al bajar del muelle, arrojen un poco de arena al agua. Preséntense al Country, a nuestros ancestros”. “La próxima vez que crucen, salúdenlos. Díganles que conocen lo que ocurrió y que harán lo posible para reparar el pasado en nuestro presente”, concluyó Collard.

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