12 de marzo de 2026
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Ciberguerra y drones cambiaron la estrategia militar

Gabriel Zurdo, especialista en ciberseguridad, sostuvo que este conflicto es el primero en estar completamente marcado por la tecnología. La aparición de la ciberguerra y el uso extendido de drones han alterado el escenario de seguridad internacional: ataques digitales y plataformas aéreas no tripuladas forman parte central de la estrategia de estados con capacidades tecnológicas, incluso cuando sus recursos son limitados, y este fenómeno afecta tanto a Medio Oriente como al resto del mundo.

Como ejemplo temprano, en 2010 la planta de Natanz en Irán fue atacada por medios informáticos, lo que provocó alteraciones en las centrifugadoras empleadas para enriquecer uranio y redujo la capacidad operativa de esa infraestructura.

En los años siguientes, la ciberguerra se intensificó. Zurdo indicó que la Guardia Revolucionaria Islámica creó el Instituto Mavna con el propósito de formar hackers e intrusos digitales y sustraer información académica. Durante ese periodo se compromitieron más de 170 universidades, buscando datos relacionados con energía nuclear, centrifugadoras y tecnología de drones.

Los drones y el acceso a tecnología militar de bajo costo

Zurdo describió la proliferación de drones de origen iraní y su exportación: algunas estimaciones mencionan más de 80.000 unidades de distintos modelos. La versión rusa optimizada se denomina Geran-2 y la serie iraní se conoce como Shahed, cuyo inicio se asocia al modelo 136B.

En cuanto a capacidades, estos vehículos pueden transportar cargas explosivas del orden de 30 a 50 kilos, mientras que ciertos modelos rusos admiten hasta alrededor de 90 kilos; en Venezuela se los identifica como Zamora B.1. Su fabricación tiene un perfil económico: piezas y ensamblaje de bajo costo, con un precio de fabricación estimado entre 20.000 y 30.000 dólares, y motores comparables a los de pequeñas motos de 50 cc.

Ese bajo costo operativo contrasta con el gasto de las defensas: interceptar un solo proyectil puede costar millones de dólares, de modo que el empleo de tácticas de enjambre —lanzar varios drones simultáneamente— obliga a gastar recursos elevados por parte de los sistemas de defensa.

Limitaciones técnicas y ventajas tácticas de los drones actuales

Las plataformas analizadas presentan limitaciones técnicas: son relativamente lentas (en torno a 180 km/h), vuelan bajo y tienen autonomías que pueden alcanzar grandes distancias. Al mismo tiempo, muestran una firma térmica y de radar reducida. Muchos de sus componentes provienen de la industria occidental y varios motores proceden de proveedores chinos.

La combinación de tecnología barata, producción adaptada a escala doméstica y herramientas de inteligencia artificial genera capacidades inéditas. Zurdo mencionó además que Estados Unidos e Israel recurrieron a servicios en la nube como herramienta de inteligencia en operaciones recientes, usando soluciones como las de Anthropic y sistemas de inteligencia militares como Maven.

Según el especialista, la integración de estas herramientas permitió identificar y atacar numerosos objetivos en plazos muy cortos: en un caso, afirma que en 24 horas se identificaron y atacaron alrededor de mil objetivos, con planificación realizada en cuestión de minutos mediante servicios en la nube y IA.

Inteligencia artificial y vigilancia masiva: nuevos desafíos

Zurdo advirtió sobre la ausencia de regulaciones eficaces y el alcance global de la industria tecnológica, que opera más allá de fronteras y gobiernos. Señaló riesgos vinculados a plataformas abiertas de gestión informática, que pueden tener acceso a datos personales y controlar puertos de comunicación, facilitando la vigilancia masiva.

Como respuesta, algunos gobiernos, entre ellos el norteamericano, están adoptando enfoques como el de Confianza Cero: prepararse para detectar y mitigar intrusiones y diseñar respuestas cuando ocurran, en lugar de confiar únicamente en prevenir intentos de hackeo.

El experto también destacó la magnitud del ecosistema conectado: hoy existen miles de millones de dispositivos en red —estimó unos 15.000 millones— y las proyecciones para 2030 varían entre 30.000 y 50.000 millones, lo que plantea desafíos adicionales, incluso en términos de suministro energético suficiente.

El acceso a la información y la falta de regulaciones éticas

Zurdo alertó sobre la carencia de un marco ético y regulatorio consolidado para el uso de algoritmos y herramientas tecnológicas avanzadas. Si no se establecen normas y controles, advirtió, será difícil convivir de forma segura y ordenada con estas tecnologías.

Concluyó señalando la asimetría de costos entre ofensiva y defensa: organizar equipos de hackers para obtener información o fabricar drones con capacidades bélicas comparables a las de países desarrollados resulta mucho más barato que desplegar defensas equivalentes. Por eso, el acceso a la información y a tecnologías críticas se ha vuelto un factor decisivo en la capacidad militar.

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