Teresa Costantini es directora de cine, teatro y televisión, además de actriz, guionista y productora; forma parte de la escena cultural argentina desde hace más de cuatro décadas. Sus trabajos fueron reconocidos en festivales importantes en Europa, Canadá, Estados Unidos y China. Aunque su nombre completo es Teresa Costantini desde que se casó a los 17 años con el empresario Eduardo Costantini, en diciembre de 2025 su exmarido inició un reclamo judicial para que dejara de usar el apellido y promovió la anulación del matrimonio religioso. A pesar de su extensa y activa carrera, Teresa mantuvo un perfil bajo hasta que recientemente publicó una carta para compartir su desconcierto y su dolor por lo que está viviendo.
– ¿Cuánto tiempo llevás trabajando en la cultura?
– Llevo más de cuarenta años. En cine es donde se extiende más, pero entre película y película siempre escribí y trabajé en teatro y otros proyectos.
– El apellido Costantini forma parte de tu identidad pública.
– Sí, por supuesto. Me casé a los 17 años y en ese momento ponerme el apellido no me resultó extraño; en mi documentación figuraba como “de Costantini”.
“RECIBÍ UN WHATSAPP CON LA PETICIÓN DE NULIDAD DEL MATRIMONIO RELIGIOSO; FUE MUY IMPACTANTE”
– Ahora tu exmarido te pide que dejes de usar el apellido y solicita la anulación religiosa. ¿Cómo te enteraste?
– Me avisaron por WhatsApp; después supe que lo envió una abogada canónica solicitando la nulidad. Fue un impacto físico y emocional fuerte. Me pregunté por qué me dolió tanto y creo que tiene que ver con los años compartidos, los hijos y quienes fuimos como pareja cuando nos casamos. Fue muy difícil.
“PARA MIS HIJOS FUE UN GOLPE TERRIBLE; NO ENTRAN EN LO ABSURDO DE PEDIR ESO”
– Debió ser duro recibir algo así de alguien con quien compartiste tantos años.
– Fue contundente, especialmente porque hace treinta años que estamos divorciados. Para mis hijos fue un golpe enorme; ellos me piden que no acepte la medida. Es difícil entender por qué pedirían algo así.
“ES INCREÍBLE; ES TODO TAN ABSURDO QUE NO SABÉS QUÉ HACER”
– ¿Pudiste hablar directamente con él para saber por qué?
– No, no hubo diálogo. Intenté agotar las instancias posibles para conversar, pero todo llegó por carta documento, mensajes y finalmente la demanda eclesiástica. Me pregunto por qué no pudo llamarme y sentarnos a hablar.
– ¿Ustedes renovaron los votos religiosos en algún momento?
– Sí, lo hicimos a los 25 años de casados. Monseñor Laguna, que nos había casado y fue amigo y confesor, celebró una misa en nuestra casa con la familia y luego hubo una gran fiesta que muchos recuerdan.
“FUE UN MATRIMONIO DE 28 AÑOS; FUE BUENO Y ME HIZO FELIZ”
– No fue un matrimonio breve.
– No, 28 años es mucho tiempo y no fue efímero. Fui feliz durante esos años y creo que ambos lo fuimos; no sentí haber sido engañada.
– Esto suena como un intento de clausurar una etapa y borrar lo vivido.
– Es fuerte. A mi edad —tengo 76 años— miro mi historia personal y profesional para entender quién soy. Este hecho me hizo revisar muchos recuerdos de esos años, y fue muy emotivo revivirlos porque no se me borran.
“TUVIMOS CINCO HIJOS Y EMPEZAMOS DE CERO; ESO NO SE OLVIDA”
– Son recuerdos valiosos.
– Muy valiosos. Tuvimos cinco hijos, muchos viajes y empezamos prácticamente de cero. Vivimos con mis suegros al principio y, con el tiempo, construimos nuestra vida con la ayuda de la familia. Fueron años maravillosos.
– ¿La demanda te hizo repasar esa etapa?
– Sí, me obligó a revisarla de manera profunda. Yo escribo mucho y también lo hago ahora, porque mis hijos y mis nietos me preguntan sobre ese tiempo.
– ¿Qué argumento plantea la demanda para pedir que no uses el apellido?
– Alegan “confusión”, que mi uso del apellido confundiría a muchísimas personas. Me cuesta entender qué tipo de confusión podría existir con una familia tan grande y conocida.
“MIS HIJOS ME DICEN QUE LUche; ESTO NO TIENE LÓGICA”
– ¿Qué te dicen tus hijos?
– Me piden que luche; piensan que no tiene sentido esta demanda.
– ¿Todos tus hijos quieren que mantengas tu identidad pública?
– Sí, sin duda. Además hay muchas figuras públicas que siguieron usando apellidos de matrimonios breves por razones profesionales, como ejemplos que suelen mencionarse.
– No parecería haber motivo para el conflicto.
– A menos que en el divorcio se haya acordado otra cosa o que no exista una trayectoria pública con ese nombre, no veo razón.
“EN EL DIVORCIO NO EXISTIÓ NADA RELACIONADO CON ESTO; 30 AÑOS DESPUÉS ES EXTRAÑO”
– ¿Hubo alguna disposición sobre el apellido en el divorcio?
– No, no hubo nada. Por eso la sorpresa: que aparezca esto treinta años después resulta muy raro.
– Tienen una familia numerosa; ¿no hubo posibilidad de que la propia familia interviniera para evitar esto?
– Ahora todos apoyan y actúan según lo que corresponde; hablan entre ellos pero es complejo. Tengo esperanza y fe de que todo se resolverá.
“NO ME PUEDEN QUITAR QUIÉN SOY: MIS RECUERDOS, MI VIDA Y MI VOLUNTAD DE SEGUIR TRABAJANDO”
– Esto viene desde diciembre y lleva meses. ¿Por qué tenés fe en que saldrá bien?
– Porque me siento cuidada y protegida, y porque estoy convencida de que no pueden arrebatarme mi historia ni mi deseo de seguir trabajando. No quiero que esta situación me quite la energía para dedicarme a lo que me apasiona.
– ¿Estás en terapia?
– De vez en cuando. Medito todas las mañanas; la meditación me ayuda a calmar la ansiedad y a ordenar ideas.
– Los momentos de angustia o decepción deben ser difíciles de manejar.
– Tengo buena compañía: amigos, pareja, mi equipo, mis hermanas y mis hijos. También valoro estar sola en silencio; así afronto los malos momentos.
– Es especialmente doloroso porque se trata del padre de tus hijos, no de un ex cualquiera.
– Es cierto, pero siento algo particular: deseo que él sea feliz. Hace treinta años que no estamos juntos; ha tenido otras parejas e hijos que son cercanos a los míos. Quiero vivir mi vida sin desearle daño a nadie.
– ¿Seguís desconcertada?
– Sí, es la primera vez que hablo públicamente de esto, y me resulta extraño. Estoy conmovida y aún procesando.
“MIS HIJOS QUERÍAN QUE LO HICIERA PÚBLICO”
– Decidiste hacerlo público. ¿Por qué tomaste esa decisión?
– Me costó mucho llegar a esa decisión; pasé por un proceso de reflexión y consultas. Mis hijos querían que lo hiciera porque pensaron que podría favorecer una reacción del otro lado. Después de meditarlo y escribir sobre el tema, tomé aire y lo hice público.
– ¿Por qué pensaban tus hijos que convendría hacerlo público?
– Creían que podría generar una respuesta o acercamiento. Yo siempre mantuve mi vida privada fuera del foco mediático y solo hablo del trabajo, por eso fue una decisión importante. La reacción del público y el apoyo recibido han sido muy grandes y me sorprendieron gratamente.
“SON CASI 60 AÑOS CON EL NOMBRE TERESA COSTANTINI; CUMPLO 77 EN OCTUBRE”
– No se trata solo de un apellido, es una identidad que te acompaña desde los 17 años hasta ahora.
– Efectivamente son casi sesenta años con ese nombre; cumplo 77 en octubre.
– Tus hijos te piden que defiendas esa identidad.
– Sí, lo piden por mí y también porque la cuestión religiosa afecta a la familia; hay muchas preguntas sobre qué implicaría la nulidad.
“EXISTE UNA HISTORIA QUE NO SE PUEDE BORRAR”
– ¿Por qué afecta tanto a los hijos la intención de anular el matrimonio religioso?
– Por la historia familiar y la fe; para ellos es importante que no se borre lo vivido. La idea de que se cuestione lo sucedido en la iglesia les resulta muy dolorosa y escandalosa por lo público del caso.
– Deberíamos hablar de tu trabajo en Irlanda y de tus proyectos recientes.
– Tengo muchos proyectos. Dejar de trabajar sería resignarme; mi deseo es contar historias y hacer películas. Me entusiasma la posibilidad de filmar en otro país, en otro idioma, y eso me motiva mucho.
– ¿Todo esto no te frena profesionalmente?
– No, al contrario: me obliga a seguir. Trabajo regularmente con una guionista irlandesa y ese impulso creativo me ayudó a mantenerme ocupada.
– ¿Las demandas aparecieron mientras trabajabas?
– Sí, mientras avanzaban dos proyectos, uno de ellos el guion que mencioné, y la ficción que me ayudó mucho en este tiempo.
– ¿Cómo está el proceso judicial?
– Hay que esperar; todo está en manos de profesionales. Mi deseo es que se resuelva cuanto antes, pero no depende solo de mí. En la vida a veces aparecen situaciones imprevistas y hay que adaptarse.
– Te veo desconcertada pero serena; no transmitís ira ni tristeza profunda.
– Me cuesta enojarme; soy conciliadora por naturaleza y no me gusta sacar ese lado. Con el tiempo he logrado elaborar el impacto y recuperarme. Tengo momentos de shock y luego me repongo.
“NO ME DAN OTRA OPCIÓN; YA ESTOY CANSADA Y QUIERO QUE SE SEPA”
– ¿No sentís enojo?
– Sí, lo siento y lo canalizo. Creo que ante situaciones así es útil estar serena y clara para no dejarse llevar por la pasión del enojo, que suele nublar el juicio. Publicar mi experiencia no fue un arrebato, sino una decisión porque ya no tenía alternativas; estoy cansada y quería que se supiera.
– Es afirmarte públicamente.
– Exacto. Es la primera vez que levanto la voz de esta manera y es importante para mí; me ayuda a plantarme en público.
– Ojalá se resuelva pronto y de la mejor manera.
– Tengo fe en que así será. He conversado mucho con mis hijos y, pase lo que pase, el cariño y el apoyo que surgieron alrededor de esto ya tienen un valor enorme para mí. Me conmovió mucho lo que publicó mi hija Mariana, y ese abrazo familiar es muy valioso.
“‘PAPÁ, ¿DÓNDE ESTÁS? TE EXTRAÑAMOS’ — ASÍ LO ESCRIBIÓ MI HIJA”
– ¿Qué dijo Mariana?
– Escribió que le enseñé a tener valentía para salir a hablar. También agregó un mensaje dirigido a su padre: “Papá, ¿dónde estás? Te extrañamos”. Me reconforta que el amor construido en la familia no se borra.
– ¿Habías pensado antes en cuestiones de identidad personal?
– Sí, lo había reflexionado en otros casos, pero nunca imaginé enfrentar algo personal de esta naturaleza. Me parece una afrenta; como diría Hamlet, es un mundo que se desquicia cuando pasa algo así.


