Cristian Batallán es un músico callejero de Monte Grande conocido por su habilidad con el bandoneón. Aunque el instrumento suele asociarse con trayectorias iniciadas desde la infancia, Batallán empezó a tocar cerca de los 27 años, una edad poco habitual para aprenderlo. Sin embargo, él valora su recorrido y considera que ese comienzo tardío no fue un impedimento: sigue estudiando y practicando con constancia para mejorar su técnica y enriquecer su repertorio.
Vivir exclusivamente de la música le resulta complicado. Batallán explica que la dedicación que exige la carrera musical —estudio, práctica y presentaciones— convive con las necesidades cotidianas, lo que obliga a dividir el tiempo entre la actividad artística y trabajos que garanticen ingresos. En su caso, complementa la música trabajando como conductor de Uber. Esa labor, además de proveerle recursos, le permite mantener un vínculo con el tango: por las noches suele sintonizar la radio 2×4 en su auto y recibe comentarios positivos de pasajeros que valoran ver a un joven escuchando ese género tradicional.
A pesar de las dificultades económicas y de la exigencia del doble turno entre trabajo y estudio, Batallán continúa ofreciendo su música en el espacio público y en locales de la zona. Quienes quieran escucharlo pueden encontrarlo los fines de semana en el túnel de Monte Grande y en el de Banfield, además de en presentaciones ocasionales en bares y establecimientos gastronómicos cercanos. Su presencia en la calle forma parte de la escena cultural local y permite al público acceder al tango en contextos cotidianos.
Para seguir su actividad y enterarse de sus próximas presentaciones, Batallán publica actualizaciones en Instagram bajo el usuario @CrisBatallan14, donde comparte videos, fechas y fragmentos de su repertorio. Su historia refleja la realidad de muchos músicos que combinan la pasión por un instrumento con trabajos alternativos para sostenerse, al mismo tiempo que buscan espacios para tocar y consolidar su carrera artística.
En síntesis, Cristian Batallán es un ejemplo de perseverancia: comenzó tarde en el bandoneón, mantiene una rutina de estudio constante y compagina la música con el trabajo como conductor para poder vivir. Su presencia en espacios públicos y redes sociales permite a vecinos y transeúntes disfrutar del tango interpretado por un músico comprometido con su formación y difusión.



