23 de marzo de 2026
Buenos Aires, 19 C

Día Mundial de la Rehabilitación: salud cardíaca y beneficios duraderos

La rehabilitación cardiovascular enfrenta un reto mundial: aunque su eficacia para prevenir complicaciones y mejorar la calidad de vida está respaldada por la evidencia, solo una minoría de quienes podrían beneficiarse accede y completa estos programas.

“Las tasas de participación en rehabilitación son bajas: entre 20% y 40% de los pacientes a quienes se les prescribe este tipo de programas nunca lo inician, mientras que otro grupo relevante abandona antes de completarlo”, señala la doctora Tabatha Rivas, jefa del Servicio de Rehabilitación Cardiovascular del ICBA Instituto Cardiovascular, con motivo del Día Mundial de la Rehabilitación.

La rehabilitación cardiovascular es un programa multidisciplinario recomendado tanto tras un evento cardíaco como para personas con factores de riesgo —hipertensión, diabetes, obesidad o antecedentes familiares—. Sociedades científicas internacionales, como la American Heart Association y el American College of Cardiology, recomiendan su uso para prevenir eventos y mejorar la calidad de vida.

Según la doctora Rivas, la baja participación responde a múltiples causas: desconocimiento de los beneficios, barreras económicas y de acceso, limitaciones físicas y psicológicas, y condiciones sociales que impiden iniciar o mantener el tratamiento. En muchos casos, la falta de percepción del riesgo o el “sesgo de optimismo” llevan a subestimar la necesidad del programa, aun con síntomas leves o factores de riesgo acumulados.

La rehabilitación cardiovascular combina sesiones supervisadas de ejercicio, control de factores de riesgo, apoyo psicosocial y educación en salud. “La rehabilitación cardiovascular no es exclusiva para quienes tuvieron un infarto. Las personas con múltiples factores de riesgo o alto riesgo cardiovascular también pueden beneficiarse de programas estructurados de prevención, incluso antes de un evento crítico”, explica Rivas.

Las guías internacionales indican que la inclusión se basa en el perfil de riesgo y no en la edad cronológica; no existe una edad mínima ni máxima para iniciarla. Intervenir tempranamente aumenta el impacto sobre la expectativa y la calidad de vida, puesto que la prevención primaria puede evitar el primer episodio cardiovascular.

Modalidades y duración de los programas de rehabilitación

Los programas suelen durar alrededor de 12 semanas, con 24 a 36 sesiones, y se adaptan a las necesidades individuales. Incluyen evaluación inicial, ejercicios aeróbicos y de fuerza, manejo de hipertensión, colesterol, tabaquismo y peso, estrategias para el estrés y educación en hábitos saludables.

Hoy conviven la modalidad presencial con alternativas virtuales y domiciliarias, lo que ayuda a sortear barreras geográficas y laborales. “Estudios recientes demostraron que los programas domiciliarios no son inferiores a los presenciales en cuanto a mejora de la aptitud cardiovascular y la calidad de vida. Esta opción es especialmente útil para pacientes con dificultades de acceso, personas activas laboralmente o en zonas sin centros especializados”, explica Rivas.

La evidencia muestra que la rehabilitación cardiovascular aumenta la capacidad cardiorrespiratoria, reduce la fatiga y las readmisiones hospitalarias, mejora el metabolismo y facilita la adherencia a los tratamientos. El beneficio más visible es la mayor capacidad funcional tras un episodio cardíaco, lo que favorece una recuperación más rápida y eficiente.

Barreras, percepción de riesgo y el rol del sesgo de optimismo

Muchos pacientes, sobre todo quienes no han sufrido un infarto, no perciben la importancia de iniciar la rehabilitación. “Síntomas iniciales como disnea leve, fatiga, menor tolerancia al esfuerzo o dolor torácico atípico suelen atribuirse al estrés, la edad o el sedentarismo. La enfermedad aterosclerótica es silenciosa en etapas tempranas, lo que alimenta una falsa sensación de seguridad. A este fenómeno se lo conoce como optimistic bias (sesgo de optimismo) y genera la creencia de que los eventos negativos ‘les suceden a otros’”, explica Rivas.

“La evidencia en prevención cardiovascular muestra que la baja percepción de riesgo y la subestimación de síntomas son barreras frecuentes para iniciar intervenciones estructuradas, incluida la rehabilitación. Esto es particularmente relevante en personas que aún no han tenido un evento agudo. Frases como ‘no es para tanto’ o ‘a mí no me va a pasar’ son comunes, aunque la enfermedad cardiovascular puede desarrollarse en silencio durante años”, añade la jefa del Servicio de Rehabilitación Cardiovascular.

Equipos interdisciplinarios y futuro de la prevención cardíaca

El ICBA Instituto Cardiovascular subraya el trabajo conjunto de cardiólogos, especialistas en rehabilitación, entrenadores, técnicos en cardiología, educadores en salud y nutricionistas. Estos equipos diseñan rutinas personalizadas, monitorean la actividad física y brindan educación sanitaria para promover cambios de hábitos y controlar eficazmente los factores de riesgo.

Una parte esencial del programa es capacitar a los pacientes para que mantengan la rutina fuera del hospital, adaptando el ejercicio a la vida diaria y reconociendo los signos que requieren atención médica.

“La rehabilitación cardiovascular es más que ejercicio: combina evaluación médica, entrenamiento supervisado, educación y control de factores de riesgo en un equipo multidisciplinario, lo que potencia los beneficios clínicos y funcionales. Es una herramienta basada en la evidencia que complementa los medicamentos y constituye una inversión en salud y bienestar a futuro”, concluye Rivas.

Estudios publicados en revistas especializadas durante 2025, como BMC Cardiovascular Disorders y Global Heart, confirman que la rehabilitación cardiovascular reduce la mortalidad y la morbilidad, por lo que debe integrarse en la estrategia de atención de pacientes cardíacos y personas en riesgo.

Aunque la rehabilitación cardiovascular está científicamente respaldada y recomendada por sociedades internacionales, sigue siendo un recurso subutilizado. Su acceso temprano y sostenido puede modificar el pronóstico y la calidad de vida de las personas con riesgo o enfermedad cardíaca, siempre que se garantice información adecuada y equipos preparados para acompañar el proceso.

Artículo anterior

Cómo se financia el FMI y su cooperativa billonaria

Artículo siguiente

AIE advierte que la crisis energética por la guerra en Irán pone en riesgo la economía mundial

Continuar leyendo

Últimas noticias