20 de abril de 2026
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Aspirante a enfermera de Turdera que asistió a soldados en Malvinas

La promoción 1981 de la Escuela Naval. En el centro de la imagen se encuentra Virginia, quien deseaba egresarse como enfermera.

Vecina de Turdera y protagonista silenciosa de una de las páginas más dolorosas de la historia argentina, Graciela Virginia Bonilla (65) fue una de las aspirantes a enfermeras que atendieron a soldados durante la Guerra de Malvinas. Su testimonio, marcado por el dolor y la vocación, muestra el compromiso de quienes, lejos del frente, trabajaron por la vida y la patria.

Virginia nació y se crió en el partido de Almirante Brown. En 1980, siendo aún joven, vio en la televisión un aviso en el que la Armada incorporaba mujeres a la Escuela de Sanidad Naval de la Base Puerto Belgrano en Punta Alta; decidió inscribirse.

“A fin de ese año rendí el examen. De más de mil aspirantes quedamos solo ocho de Buenos Aires. Tras un período selectivo, comencé la carrera en abril de 1981, que duraba tres años para recibirse como enfermera naval”, relató.

Fotografía de la promoción 1981 (archivo de imagen)
La promoción 1981 de la Escuela Naval. En el centro de la imagen se encuentra Virginia, quien deseaba egresarse como enfermera.

La promoción 1981 de la Escuela Naval. En el centro de la imagen se encuentra Virginia, quien deseaba egresarse como enfermera.

En junio de 1981 Virginia juró la bandera, sin imaginar que diez meses después se desataría un conflicto en el que tendría que aplicar sus conocimientos para asistir a soldados heridos y afectados por la guerra.

Vocación al servicio de la guerra de Malvinas

“Como aspirantes vivíamos en la Base Puerto Belgrano y estábamos bajo orden militar. Al comenzar la guerra, en abril de 1982, atendíamos a los heridos que llegaban desde las Islas Malvinas”, recordó.

Para Virginia, el hundimiento del crucero ARA General Belgrano el 2 de mayo de 1982 fue uno de los episodios más difíciles del conflicto de 74 días. “Estábamos desbordados de trabajo. Había mucho llanto, dolor y sufrimiento, no solo físico sino también psíquico”, contó. Durante su tarea observó todo tipo de heridas y a muchos soldados visiblemente traumatizados por lo vivido en las islas.

Virginia compartió esa experiencia con su hermana menor, Aurora, que también ingresó como aspirante a la Escuela de Sanidad Naval en febrero de 1982.

La muerte de un paciente era una tristeza enorme, sobre todo porque la vida de esa persona estaba en sus manos. También le marcó el regreso de quien entonces era su novio, un enfermero que volvió del crucero General Belgrano con secuelas psicológicas y problemas en las extremidades por el frío.

Días antes del final del conflicto, Virginia dejó de prestar servicio y, pese a intentarlo luego en la Clínica Espora, no pudo reintegrarse al área de salud. Atribuye esa dificultad a las secuelas personales por lo vivido durante la guerra y no completó la carrera que había iniciado en la Armada.

Para Bonilla, ella y sus compañeras aspirantes son heroínas: “Si bien no estuvimos en el frente con un arma, luchamos para defender la vida de los soldados y sanar también su alma”.

Volver a empezar

En 1988 Bonilla se mudó a Lomas de Zamora. Vivió primero en Temperley y luego se estableció en Turdera, donde formó su familia: se casó con Guillermo y tuvieron dos hijos, Agustín y Mateo.

Hoy cuida a un adulto con discapacidad cuyo madre falleció hace dos años y tiene un emprendimiento dedicado a plantas epífitas —orquídeas, helechos, bromelias y tillandsias—. “Sigo cuidando vidas, solo que ahora son vidas vegetales”, reflexionó.

Recientemente participó en la jornada “Mujeres en Comunidad en Turdera”, dedicada a visibilizar el trabajo y liderazgo de las vecinas. Allí fue homenajeada por su labor durante la guerra y se exhibieron cuadros con temática de Malvinas realizados por su hermana mayor, Margarita, artista plástica.

Imagen de la obra pictórica relacionada con Malvinas (archivo)

Uno de los cuadros pintados por la hermana mayor de Virginia, con temática de Malvinas.

“A los excombatientes y a los caídos los llevo en mi corazón; son parte de mi ser. Como enfermera de esa época me siento parte de la historia y sé que la Guerra de Malvinas nunca la voy a olvidar: solo los que la vivimos de cerca sabemos lo doloroso que fue”, cerró.

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