29 de abril de 2026
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Intestino irritable: terapias eficaces, errores comunes y desinformación

El síndrome del intestino irritable (SII) suele generar confusión: diagnósticos que tardan en llegar y una gran cantidad de recomendaciones circulando en redes sociales. Entre infusiones, suplementos y remedios alternativos, muchas personas buscan aliviar síntomas persistentes sin diferenciar lo que tiene respaldo científico de lo que no.

Un informe de The Washington Post, basado en la experiencia clínica de la gastroenteróloga Trisha Pasricha, destaca la brecha entre la percepción pública y la evidencia científica disponible.

La especialista advierte que varias creencias comunes no reflejan el conocimiento actual sobre el SII, una condición que afecta entre el 10% y el 15% de la población adulta según distintos estudios.

Un trastorno con bases biológicas identificadas

Contrario a la idea de que no existe una explicación médica, la investigación ha identificado alteraciones concretas. Pasricha señala que la creencia de que se desconoce la causa subyacente es errónea.

Se han descrito modificaciones en el sistema nervioso entérico —una red compleja de neuronas que controla la digestión— que generan una sensibilidad aumentada; estímulos cotidianos como la digestión o la presencia de gases pueden producir dolor. Además, hay cambios en la microbiota intestinal, en la motilidad y pequeñas reacciones inflamatorias asociadas a células como los mastocitos. Estas alteraciones contribuyen a síntomas habituales: dolor abdominal, distensión, diarrea y estreñimiento.

Pruebas normales, síntomas reales

Un problema frecuente en la práctica clínica es que las pruebas convencionales no siempre detectan estas disfunciones. Colonoscopias y análisis rutinarios pueden resultar normales, lo que no equivale a un intestino sin alteraciones.

Pasricha enfatiza que muchas de las anomalías están en capas profundas del intestino o en mecanismos funcionales que no se valoran con métodos tradicionales. Asimismo, aunque el estrés puede empeorar los síntomas, el SII no se explica solo por factores emocionales: responde a una interacción compleja entre intestino y sistema nervioso.

Qué tratamientos tienen evidencia

Existen varias estrategias con respaldo científico. La fibra soluble, como el psyllium, suele ser una de las primeras medidas recomendadas por su eficacia en mejorar síntomas, a diferencia de la fibra insoluble, que en algunos casos puede empeorar la situación.

Distintos estudios han mostrado mejoras significativas con estas intervenciones.

La dieta baja en FODMAP puede ser útil, pero se aconseja aplicarla de forma selectiva y temporal para identificar alimentos desencadenantes sin imponer restricciones innecesarias a largo plazo.

El aceite de menta en cápsulas con recubrimiento entérico tiene evidencia de efecto antiespasmódico y puede aliviar molestias leves. Complementan el tratamiento medidas generales como la actividad física regular y la reducción de alimentos ultraprocesados.

Tratamientos populares sin respaldo

El informe también examina la influencia de las redes sociales, donde proliferan consejos sin respaldo científico. Un estudio en TikTok mostró que solo una minoría de contenidos provenía de profesionales sanitarios y que muchas recomendaciones carecían de evidencia.

Los probióticos, a pesar de su popularidad, no cuentan con suficiente respaldo para ser recomendados de forma general por las sociedades científicas. En cuanto a los masajes abdominales, la evidencia es limitada y, aunque pueden aportar algún beneficio en el estreñimiento, no hay base para una recomendación sólida.

Opciones farmacológicas disponibles

Si las medidas iniciales no controlan los síntomas, existen fármacos específicos. Para el SII con predominio de estreñimiento se emplean medicamentos como la lubiprostona y la linaclotida, que actúan sobre la secreción y el tránsito intestinal.

En los casos con predominio de diarrea se utilizan opciones como la rifaximina o secuestrantes de sales biliares. También pueden indicarse antidepresivos tricíclicos, como la nortriptilina, que modulan la señalización nerviosa intestinal incluso en pacientes sin depresión.

Pruebas y soluciones comerciales en debate

Ha aumentado la oferta de pruebas comerciales para analizar el microbioma desde casa. Según Pasricha, estas herramientas no están validadas clínicamente y pueden implicar gastos elevados sin aportar información útil para el manejo del paciente.

La especialista recomienda acudir a profesionales cualificados y desconfiar de soluciones sin respaldo científico. “El síndrome del intestino irritable es real, común y tiene tratamiento”, concluye.

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