25 de mayo de 2026
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214 años del decreto del Triunvirato que instauró la escarapela de Belgrano

Durante la campaña al Paraguay (septiembre de 1810–marzo de 1811), el abogado convertido en militar Manuel Belgrano advirtió una carencia práctica en sus tropas: hombres vestidos con uniformes diversos o con ropas improvisadas que no contaban con un distintivo que los identificara en el combate.

Cuando el gobierno ordenó reforzar la vigilancia en la costa del río Paraná frente a las incursiones españolas que partían de Montevideo, Belgrano partió el viernes 24 de enero de 1812 al frente de su regimiento hacia la villa del Rosario.

Regresó a la vida pública tras estudios en las universidades de Salamanca y Valladolid, fue nombrado funcionario del Consulado y, durante la primera invasión inglesa, logró cruzar a la Banda Oriental cuando el general Beresford buscaba que jurara lealtad al rey británico. En el gobierno revolucionario de 1810 ocupó el cargo de vocal. En diciembre de 1811 comunicó al gobierno que renunciaba a la mitad de su sueldo, aclarando que no podía cederlo todo porque era su medio de subsistencia.

Vivía en la tercera cuadra de la calle de Santo Domingo, cerca del río. Era soltero y mantuvo relaciones afectivas discretas, entre ellas con Josefa Ezcurra; la pareja tuvo un hijo, Pedro, quien luego fue criado por Juan Manuel de Rosas.

Antes de emprender las sesenta leguas del viaje, cumplió la promesa hecha a Mariano Moreno y donó 49 volúmenes a la Biblioteca Pública. La institución, compuesta por cerca de ocho mil libros procedentes de donaciones y confiscaciones, abriría sus puertas el 16 de marzo de ese año.

Se le encomendó la construcción de dos baterías para defender Rosario desde el Paraná. La obra quedó a cargo del ingeniero y artillero Ángel Augusto de Monasterio, un español que se había adherido a la Revolución de Mayo. Una batería se instaló en las barrancas de la villa, muy cerca de la actual catedral, y recibió el nombre de Libertad; la otra se ubicó en la isla del Espinillo y se llamó Independencia.

El 13 de mayo Belgrano dirigió una carta al gobierno del Primer Triunvirato solicitando la declaración de una escarapela nacional: consideraba necesario un distintivo que evitara confusiones con el enemigo y uniformara el uso entre las distintas unidades, para impedir que la variedad de emblemas se convirtiera en señal de división.

El 18 de mayo de 1812 el Triunvirato decretó el uso de la escarapela, incorporándola como distintivo oficial y suprimiendo el emblema rojo que hasta entonces formaba parte del uniforme patriota. El 21 de mayo se informó a los vecinos de Buenos Aires que debían lucirla en los sombreros.

Para Belgrano la adopción de la escarapela constituyó un paso más en la firme resolución de sostener la independencia de América.

El origen de sus colores carece de certeza documental y existen varias explicaciones: algunos sugieren que reprodujeron el color del cielo, otros que reflejaban tonos asociados a la casa de los Borbones, otros vinculan los colores a los que emplearon los regimientos de Patricios y Húsares en la segunda invasión inglesa, y hay quienes remontan la explicación a las cintas que French y Beruti distribuyeron en los convulsos días de mayo de 1810.

Algunos historiadores atribuyen los colores a símbolos coloniales presentes en los distintivos usados por combatientes durante las invasiones inglesas, como cintas o moños.

Aunque la Asamblea de 1813 oficializó la escarapela junto con la bandera, el escudo y el himno patrio, Belgrano afrontó más trabajo cuando diseñó la bandera y la izó por primera vez en la batería Libertad.

Tras recibir la respuesta favorable sobre la escarapela, Belgrano decidió encargar una bandera en los colores celeste y blanco, conforme a los tonos de la escarapela nacional.

El Primer Triunvirato, que aún gobernaba en nombre de Fernando VII, se opuso a la iniciativa: en ese momento se dependía del apoyo británico para lograr el retiro de las tropas portuguesas de la Banda Oriental, y no convenía provocar el desagrado de España, aliada de los ingleses. No se consideraba oportuno adoptar una bandera propia.

Rivadavia le recomendó ocultarla y presentar su izado como un gesto entusiasta y discreto: “La situación exige que nos conduzcamos con la mayor circunspección y medida; haga pasar como un rasgo de entusiasmo el suceso de la bandera blanca y celeste enarbolada, ocultándola disimuladamente…”.

Belgrano no recibió esa instrucción a tiempo. El 1 de marzo partió para asumir el mando del Ejército del Norte en reemplazo de Juan Martín de Pueyrredón.

El 25 de mayo, aprovechando el segundo aniversario de la Revolución, hizo bendecir la bandera en Jujuy por el cura Juan Ignacio Gorriti. Posteriormente informó al gobierno que la destruiría, en cumplimiento parcial de las órdenes recibidas.

Sin embargo, los cambios políticos le favorecieron: el 8 de octubre de 1812 la Logia Lautaro y la Sociedad Patriótica provocaron la caída del gobierno, asumiendo el Segundo Triunvirato, que impulsó el movimiento independentista. Entonces, a orillas del río Pasaje, Belgrano hizo jurar la bandera a las tropas; desde entonces ese curso de agua pasó a llamarse Juramento.

Desde 1935 se conmemora el 18 de mayo como el Día de la Escarapela, fecha que recuerda su aprobación por el Triunvirato.

La bandera, por su parte, también flameó en el campo de batalla de Salta, por orden de este abogado que se había convertido en general determinado y obstinado, y que enfrentó circunstancias difíciles a lo largo de su trayectoria.

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