28 de mayo de 2026
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Japón y Filipinas amplían cooperación en defensa frente a la amenaza china

Japón y Filipinas acordaron elevar su relación a una “asociación estratégica integral” durante la visita de Estado de cuatro días del presidente filipino Ferdinand Marcos Jr. a Tokio, una medida que, según The Japan Times, sitúa el vínculo en el nivel inmediatamente inferior al de una alianza militar formal y subraya la prioridad que ambos gobiernos conceden a la estabilidad del Indo-Pacífico ante riesgos de seguridad.

En paralelo, Marcos anunció que empresas japonesas se comprometieron a invertir 3.400 millones de dólares en Filipinas durante una mesa redonda con grandes conglomerados. La visita coincidió además con el 70.o aniversario de la normalización de las relaciones diplomáticas entre ambos países y constituyó la primera visita de Estado de un mandatario filipino a Japón en más de una década.

Marcos y la primera ministra Sanae Takaichi oficializaron la elevación del estatus bilateral en una reunión en el palacio de huéspedes de Estado de Akasaka, en Tokio. En la terminología diplomática japonesa, esa categoría es la segunda más alta, por debajo de una alianza militar.

“Mientras la situación internacional se vuelve cada vez más grave, la importancia de que Japón y Filipinas trabajen estrechamente para hacer realidad un Indo-Pacífico libre y abierto más desarrollado nunca ha sido mayor”, declaró Takaichi al anunciar la mejora del vínculo.

En una declaración conjunta, Marcos describió el avance como “un hito” y afirmó que “refleja la fortaleza, profundidad y amplitud de nuestros vínculos mientras respondemos a los desafíos y oportunidades cambiantes de nuestro tiempo”.

De la cooperación económica a la seguridad marítima

Con esta decisión, Filipinas se convirtió en el último país del Sudeste Asiático, tras Indonesia y Vietnam, en alcanzar ese estatus con Tokio. The Japan Times señaló que el anuncio muestra cómo dos antiguas potencias enemigas de la Segunda Guerra Mundial ampliaron una relación inicialmente centrada en la economía y el desarrollo hacia una cooperación anclada en la seguridad marítima, la estabilidad regional y la defensa del orden internacional basado en normas.

Esa reorientación se aceleró después del despliegue, por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial, de tropas japonesas con capacidad de combate en Filipinas para los ejercicios militares multinacionales Balikatan en abril y mayo de este año. El trasfondo es la creciente preocupación por la presión de China en el mar de China Meridional y por un posible conflicto en el estrecho de Taiwán, según el medio.

Aunque ni Takaichi ni Marcos mencionaron directamente a China en sus intervenciones, The Japan Times indicó que ambos gobiernos consideran amenazas a su seguridad los intentos de alterar por la fuerza el statu quo regional. Japón y Filipinas se hallan sobre pasos marítimos clave de la llamada “primera cadena de islas”, que van desde Japón hasta Borneo y marcan áreas de influencia estratégica entre Estados Unidos y China, según el mismo informe.

Antes del encuentro, Marcos dijo que planeaba abordar la evolución de la postura japonesa en defensa y seguridad; no obstante, no quedó claro si la cuestión de Taiwán fue discutida en detalle durante las conversaciones.

El presidente filipino ha afirmado previamente que Manila no desea verse arrastrada a un conflicto sobre Taiwán, aunque su proximidad geográfica podría implicar su involucramiento. Takaichi, por su parte, generó tensiones con Pekín en noviembre pasado al afirmar ante legisladores que las Fuerzas de Autodefensa japonesas podrían desplegarse bajo el derecho a la autodefensa colectiva en situaciones extremas, como un bloqueo naval chino sobre Taiwán, que ella describió como una amenaza a la supervivencia de Japón.

Pactos militares e inteligencia clasificada

En su intervención ante el Parlamento japonés —la primera de un mandatario filipino en más de una década— Marcos expresó que Japón y Filipinas, como “democracias marítimas”, comparten el compromiso de que “nuestros mares sigan abiertos, seguros y regidos por normas, no por la fuerza”. También destacó el compromiso común con el derecho internacional, la estabilidad y la resolución pacífica de disputas.

Marcos añadió que la relación con Tokio ha evolucionado “de la reconciliación a una profunda confianza mutua”, y que esa base permitirá colaborar en ámbitos “más complejos y estratégicos”, como la cooperación marítima y de defensa, el fortalecimiento de cadenas de suministro y el desarrollo de tecnologías emergentes, incluida la inteligencia artificial.

La cooperación en materia de seguridad ha avanzado con rapidez. En 2024 ambos países firmaron un Acuerdo de Acceso Recíproco que facilita el despliegue de fuerzas en territorio del otro para ejercicios, y este año cerraron un pacto para compartir combustible, alimentos y apoyo logístico en operaciones conjuntas y multilaterales.

Japón ya ha empezado a suministrar equipamiento de defensa a Filipinas y, tras flexibilizar sus restricciones a la exportación de material militar, estudia la transferencia de equipos usados de mayor envergadura, como destructores de escolta de la clase Abukuma, misiles antibuque Type 88, misiles de defensa aérea Type 03 y aeronaves TC-90. Takaichi señaló que acordó con Marcos “acelerar los intercambios entre autoridades de defensa” para avanzar en la posible transferencia de buques de la clase Abukuma.

Los dos mandatarios anunciaron asimismo el inicio formal de negociaciones sobre un pacto de intercambio de inteligencia que permitiría compartir información de seguridad clasificada. De concretarse, sería el primer acuerdo de este tipo entre Japón y un país del Sudeste Asiático.

Ese mecanismo, conocido como Acuerdo General de Seguridad de la Información Militar (GSOMIA), ayudaría a cerrar vacíos de inteligencia a lo largo de la primera cadena de islas y podría proporcionar a ambos países una imagen operativa continua de la actividad naval y aérea china desde el mar de China Meridional hasta el mar de China Oriental.

Japón podría aportar imágenes satelitales avanzadas, inteligencia de señales y seguimiento de submarinos en el mar de China Oriental y el estrecho de Miyako, mientras Filipinas, que opera radares de vigilancia fabricados en Japón, podría suministrar datos de rastreo en tiempo real desde el mar de China Meridional y el estrecho de Luzón.

Funcionarios citados por el medio sostienen que este esquema también reforzaría la coordinación trilateral con Estados Unidos, al replicar mecanismos de intercambio de inteligencia ya existentes entre Washington, Tokio y Seúl.

Aunque Japón no reclama soberanía sobre el mar de China Meridional, ha subrayado repetidamente la importancia de esa vía para el comercio global y la ha vinculado con sus propias preocupaciones de seguridad en el mar de China Oriental, donde se ubican las islas Senkaku, administradas por Japón y reclamadas por China como Diaoyu.

Energía, condecoraciones y un acuerdo sobre reservas de combustible

Analistas describen el vínculo entre Manila y Tokio como crecientemente complementario desde el punto de vista estratégico: Japón aporta capital, tecnología y equipamiento de defensa, mientras Filipinas ofrece una posición geográfica estratégica sobre rutas marítimas clave. Para Manila, esa relación facilita la modernización militar dentro de limitaciones presupuestarias; para Tokio, representa una forma de “defensa adelantada” debido a su dependencia de rutas marítimas que atraviesan o rodean el mar de China Meridional.

The Japan Times añadió que, si Filipinas perdiera el control de su espacio marítimo, esas rutas se verían amenazadas, con impacto directo sobre la seguridad energética japonesa y arterias económicas cruciales. En ese contexto, Japón ofreció a Marcos una recepción de alto nivel que incluyó una audiencia con el emperador Naruhito, un banquete en el palacio y la concesión del Gran Cordón de la Suprema Orden del Crisantemo, según el medio.

Más allá de defensa y seguridad, los líderes acordaron un marco de cooperación energética dentro de POWERR Asia, un programa liderado por Japón anunciado recientemente. Uno de los objetivos de esa iniciativa es ayudar a países del Sudeste Asiático a acumular reservas de combustible con asistencia japonesa, en respuesta a las perturbaciones y riesgos derivados de conflictos internacionales.

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