El gobierno iraní advirtió a Donald Trump que un conflicto podría expandirse más allá de la región. La amenaza de la Guardia Revolucionaria surgió después de que el presidente estadounidense lanzara un ultimátum para alcanzar un acuerdo que ponga fin al enfrentamiento, sin que se lograran resultados.
El jefe de Gobierno de la República Islámica afirmó, tras las nuevas advertencias de Estados Unidos, que no cederá hasta lograr un pacto. “Si se repite una agresión contra Irán, la guerra regional que había sido prometida, esta vez se extenderá más allá de la región, y nuestros golpes devastadores los hundirán en la miseria en los lugares que ni siquiera imaginan”, dijo en un comunicado difundido por la agencia Tass-Min. El canciller iraní, Araghchi, añadió que un retorno al conflicto traería “más sorpresas” para las fuerzas armadas estadounidenses.
Mientras tanto, Vladímir Putin y Xi Jinping se reunieron y pidieron la pronta reanudación de las negociaciones para encontrar una solución, además de reafirmar la solidaridad bilateral. El encuentro ocurrió poco después de la reunión entre Xi y Trump. En el comunicado conjunto afirmaron que consideran que los ataques militares de Estados Unidos e Israel contra Irán violan el derecho internacional y socavan gravemente la estabilidad en Medio Oriente.
En la última semana de mayo, con las negociaciones en marcha, la tregua militar se mostró frágil. Se reanudó la ofensiva israelí contra Hezbollah en Líbano y el gobierno israelí ordenó a sus fuerzas ocupar hasta el 70% de la región de Gaza, según se informó. Irán denunció además acciones estadounidenses contra sus bases en el sur del país, y se registró un conflicto abierto entre Estados Unidos y Omán, lo que complica aún más la posibilidad de mantener una calma real y avanzar en la negociación.
El tema nuclear sigue siendo central. Irán estaría dispuesto a entregar su uranio enriquecido a potencias consideradas “amigas”, como Rusia o China, una solución que no satisface a Estados Unidos. Mantener la tregua de sesenta días sobre la que se intenta articular un proceso de negociación largo se vuelve cada vez más difícil. Trump parece mantener una estrategia de avances y retrocesos con el fin de presionar y desorientar a sus adversarios.
El control del estrecho de Ormuz, clave para los precios del petróleo, permanece incierto. Varios buques esperan autorización para cruzar y, pese a las pérdidas, la marina iraní conserva cierta capacidad para influir en el paso. La armada estadounidense no ha emprendido una operación para terminar con ese bloqueo, aunque algunos barcos han transitado tras negociaciones y permisos iraníes. El paso por Ormuz forma parte de las discusiones entre Irán y Estados Unidos, sin que se haya alcanzado aún un acuerdo.
El desarrollo nuclear iraní y su control sobre Ormuz constituyen los puntos centrales de desacuerdo entre Teherán y Washington. El conflicto muestra desorden y actitudes cambiantes entre los protagonistas; los países del Golfo no actúan de manera conjunta y el mundo árabe está dividido. Estados Unidos no ha logrado conformar una coalición que respalde una acción político-militar contra Irán en el Golfo. Pakistán, cercano a China, intenta reconstruir canales de negociación sin éxito hasta ahora. Los cinco meses previos a la elección estadounidense prometen ser tensos y complejos, aunque los mercados calculan un efecto positivo a largo plazo.
La situación interna del presidente estadounidense se complica en términos electorales. Aunque las elecciones de medio término no siempre son determinantes, la guerra con Irán ha convertido este ciclo en una circunstancia relevante, y las operaciones militares se están considerando también por su impacto en el electorado nacional.
Paralelamente, Estados Unidos muestra disposiciones para actuar en Cuba. Algunos analistas sostienen que una intervención podría buscar consolidar el apoyo de la comunidad hispana hacia los republicanos. Encuestas recientes indican un fuerte voto anti‐Trump y que una parte de la propia base republicana no apoyaría a su liderazgo, lo que complica la proyección electoral.
El presidente impulsa cambios en los sistemas electorales de varios estados que, si son aprobados por la Justicia, podrían mejorar sus perspectivas. Se especula con que un éxito militar o político en Cuba podría modificar la tendencia electoral, pero esto sigue siendo incierto. En los meses que restan hasta las elecciones pueden ocurrir muchos acontecimientos; la decisión de Trump parece estar entre buscar poner fin al conflicto con Irán y declarar victoria, aun con resultados limitados, o arriesgarse a una operación orientada al cambio de régimen en Cuba.
El régimen cubano ha permanecido en el poder durante casi siete décadas y las fuerzas armadas, de seguridad y los servicios de inteligencia mantienen una adhesión estructural al sistema. Repetir en Cuba un proceso de cambio de régimen similar al que se intentó en Venezuela no resulta sencillo. Una intervención exitosa en Cuba combinada con la suspensión de operaciones en Medio Oriente generaría una situación compleja y difícil de explicar al electorado.
En ese marco, Trump evaluará sus opciones militares buscando siempre retener la mayor cantidad posible de votantes republicanos en la antesala de noviembre.

