Un equipo internacional descifró la relación entre la actividad volcánica en los Andes, cambios climáticos y el desarrollo de ballenas gigantes mediante el uso de modelos climáticos avanzados y registros fósiles. El estudio, con participación destacada de la Universidad de Colorado Boulder, muestra cómo procesos geológicos ocurridos hace millones de años crearon condiciones que favorecieron el gran tamaño de estos mamíferos marinos.
Según el trabajo, las ballenas alcanzaron dimensiones excepcionales porque la intensa actividad volcánica en los Andes durante el Mioceno tardío liberó nutrientes al océano, lo que fertilizó las aguas, impulsó la productividad de la cadena alimentaria marina y proporcionó los recursos necesarios para su crecimiento.
El periodo analizado, el Mioceno tardío (entre 11,6 y 5,3 millones de años atrás), coincidió con frecuentes erupciones en el Altiplano andino, una región que abarca partes de Perú, Bolivia y el norte de Argentina.
Peter DiNezio, investigador asociado de la Universidad de Colorado Boulder, explicó que el equipo integró múltiples disciplinas para reconstruir los efectos de esos eventos. El proyecto, liderado por Barbara Carrapa, surgió tras el hallazgo de fósiles de ballena en Cerro Ballena (Chile), lo que planteó preguntas sobre el origen del gigantismo en las especies modernas.
Volcanes andinos y nutrientes en el Mioceno tardío
Los depósitos de ceniza y sedimentos del Altiplano registran la magnitud de las erupciones. Los investigadores identificaron capas de ceniza y estimaron la potencia de las erupciones por el espesor de esos depósitos.
Las erupciones liberaron sílice, un nutriente que favorece el crecimiento de las diatomeas, microalgas fundamentales para los ecosistemas marinos. Mediante simulaciones, el equipo rastreó la trayectoria de la ceniza hasta el Océano Austral y determinó que ese sector fue donde se produjo un aumento notable de la productividad marina.
Ese intervalo temporal también coincidió con un enfriamiento global, lo que plantea interrogantes sobre la interacción entre procesos geológicos y cambios en la vida marina.
Modelos climáticos y cadena alimentaria marina
Los modelos climáticos permitieron evaluar hipótesis sobre el vínculo entre volcanismo, clima y biodiversidad marina. DiNezio subrayó que estos modelos tratan la Tierra como un sistema interconectado, donde alteraciones locales pueden desencadenar respuestas en regiones lejanas.
Las simulaciones indicaron que una fuente de ceniza en Sudamérica pudo fertilizar el Océano Austral con efectos a escala planetaria. Los resultados muestran que una única región andina puede aumentar significativamente la productividad de ese océano.
El aporte de nutrientes favoreció el crecimiento del fitoplancton, especialmente de las diatomeas, lo que elevó la biomasa en distintos niveles de la cadena trófica. Parte del carbono fijado fue almacenado en las profundidades marinas, contribuyendo al enfriamiento climático.
Evolución del tamaño de las ballenas y próximos pasos
El mayor suministro de alimento amplió la posibilidad de que mamíferos marinos como las ballenas alcanzaran tallas que antes eran poco probables. El análisis de los fósiles de Cerro Ballena respalda esta hipótesis y ofrece una perspectiva renovada sobre el origen del gigantismo en estos animales.
El equipo liderado por Carrapa planea ahora reconstruir los patrones migratorios de las ballenas en el Mioceno tardío para precisar mejor sus conclusiones. Los investigadores esperan que futuras pruebas y nuevos datos permitan profundizar, matizar o revisar la hipótesis y abrir nuevas líneas de investigación en paleoclimatología y evolución marina.
La colaboración entre paleontólogos, geólogos y modeladores climáticos es clave para entender cómo los cambios ambientales influyeron en la biología y distribución de estos mamíferos marinos.
Este enfoque interdisciplinario también facilitará la identificación de eventos similares en otras regiones y la evaluación de su impacto en la evolución de distintas especies oceánicas.

