La carrera por el polo sur lunar dejó de ser solo una idea científica y se convirtió en un reto estratégico y tecnológico que redefine la exploración espacial.
Bajo la superficie de esa región inhóspita, misiones internacionales buscan un objetivo común: extraer agua y convertirla en recursos clave, como combustible, para apoyar viajes interplanetarios.
El hallazgo de hielo en cráteres en sombra permanente posicionó al polo sur como el lugar más apto para instalar bases permanentes y desarrollar la logística necesaria para la autosuficiencia fuera de la Tierra.
El agua lunar: clave para la vida y la exploración
El interés por el polo sur lunar radica en la existencia de agua bajo el regolito, un recurso que puede permitir operaciones más independientes de los suministros terrestres y sostener misiones de larga duración.
Los cráteres polares permanecen en penumbra continua, lo que mantiene el hielo a temperaturas extremadamente bajas y favorece su conservación a largo plazo.
Las agencias espaciales buscan crear asentamientos donde el agua extraída del suelo lunar se transforme en insumos esenciales. George Sowers, ingeniero de la Colorado School of Mines, resumió esta idea: “El agua es el petróleo del espacio”.
Aparte de abastecer agua potable y oxígeno, el agua lunar puede usarse para fabricar propelentes en la superficie. Según Sowers, producir combustible localmente podría ahorrar hasta USD 12.000 millones por misión tripulada a Marte.
La extracción presenta dificultades. Julie Stopar, investigadora del Lunar and Planetary Institute, señala que las regiones en sombra son la mejor oportunidad para encontrar cantidades aprovechables de agua.
No obstante, el agua no suele encontrarse como capas de hielo puras sino mezclada con el suelo, lo que complica su detección y extracción y exige tecnologías avanzadas para separar el hielo del regolito y convertirlo en un recurso útil.
Innovaciones tecnológicas para liberar el agua lunar
Las técnicas actuales consisten en calentar el suelo hasta volatilizar el agua y capturar el vapor. Si hay suficiente hielo cercano a la superficie, se aplica calor directo y el vapor se recoge bajo una estructura, para luego condensarlo en trampas frías y volver a convertirlo en hielo antes de purificarlo.
Generar la energía necesaria es difícil debido a la radiación solar escasa y variable en el polo sur; por eso se contemplan pequeños reactores nucleares que proporcionen electricidad estable.
También se desarrollan robots autónomos y hornos especializados que permitan procesar grandes volúmenes de regolito con mínima intervención humana, mejorando la eficiencia y reduciendo riesgos para las tripulaciones.
Entre las iniciativas destacadas está LUWEX (Lunar Water Extraction), impulsada por la Agencia Espacial Europea. Paul Zabel, responsable en el DLR Institute of Space Systems, explica que calentar rocas heladas en la Luna es especialmente complejo por las bajas temperaturas y la ausencia de atmósfera.
El sistema de LUWEX emplea un módulo de agitación y rotación para optimizar la liberación de agua del material extraído. El líquido obtenido pasa por procesos de purificación que, según Zabel, alcanzan una “calidad de agua potable”, aunque aún se requieren mejoras para eliminar impurezas en suspensión.
Del agua al combustible: el siguiente paso hacia la autosuficiencia lunar
Tras la extracción y purificación, el uso más valioso del agua es convertirla en combustible mediante electrólisis, que separa el agua en hidrógeno y oxígeno. Aunque la electrólisis es una tecnología conocida en la Tierra, su implementación lunar exige adaptaciones importantes por las condiciones ambientales.
Es necesaria una segunda fase de purificación, ya que impurezas químicas pueden reducir la eficiencia o afectar la seguridad de los sistemas propulsores.
Los gases obtenidos pueden licuarse y almacenarse para alimentar cohetes o pilas de combustible en vehículos lunares. Zabel prevé que en los próximos años LUWEX produzca los primeros litros de agua en el polo sur, un paso relevante hacia la autosuficiencia.
El abastecimiento local reduciría costos y riesgos de las misiones y permitiría una presencia humana sostenida en la Luna y, eventualmente, en Marte. La baja gravedad lunar y la carencia de atmósfera facilitan los lanzamientos desde su superficie, lo que representa una ventaja frente a los despegues terrestres.
Pese a los avances, quedan retos importantes: la cantidad real de agua disponible aún es incierta, el acceso a cráteres en sombra permanente requiere tecnologías de exploración especializadas y alcanzar los estándares de pureza necesarios implica superar obstáculos técnicos pendientes de resolver.


