3 de junio de 2026
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Josué Herrera: de vendedor de chatarra a dueño de llantera tras la tragedia de Villa Nueva

Lo que para muchos era una llantera ubicada al borde de una transitada calle de la colonia Villa Nueva, en Tegucigalpa, representó años de sacrificio, esfuerzo y perseverancia para Josué Leónidas Herrera Baquedano, uno de los ocho fallecidos en el accidente causado por una volqueta que perdió el control y arrasó con vehículos, negocios y viviendas.

Detrás de ese establecimiento había una historia de lucha que familiares, amigos y vecinos recuerdan con dolor. Josué, de 50 años, había logrado construir su patrimonio tras años de trabajo constante y se convirtió en un ejemplo de esfuerzo para quienes lo conocieron.

Originario de la comunidad de Buena Vista, El Porvenir, en el departamento de El Paraíso, Herrera encontró en Tegucigalpa la oportunidad de formar una vida basada en el trabajo honrado.

Quienes convivieron con él lo describen como un hombre dedicado a su familia, disciplinado y comprometido con cada proyecto que emprendía.

Antes de ser propietario de la llantera, Josué recorrió un camino de sacrificios.

Durante años se dedicó a la compra y venta de chatarra, actividad que le permitió generar ingresos y reunir los recursos necesarios para poner en marcha su propio negocio.

Su madre recordó que la llantera no surgió de la noche a la mañana: fue el resultado de una década de esfuerzo, jornadas largas de trabajo y la búsqueda constante por salir adelante.

Horas antes de que las autoridades confirmaran oficialmente su fallecimiento, la mujer llegó desesperada al lugar de la tragedia con la esperanza de encontrarlo con vida y, en medio de la incertidumbre, ofreció uno de los testimonios más conmovedores del hecho.

“Viera, mi hijo, cuánto le ha costado al pobre estar ahí”, expresó entre lágrimas mientras observaba el escenario de destrucción dejado por el accidente.

Según relató, su hijo comenzó trabajando en la compra y venta de chatarra y, poco a poco, fue edificando el patrimonio que más tarde sería su principal fuente de ingresos.

“Él lo que tenía era una chatarrera primero, pero tiene como diez años de estar en ese puesto ahí”, recordó la madre.

La rutina de Josué reflejaba su compromiso con el negocio: empezaba alrededor de las siete de la mañana y trabajaba hasta las cuatro o cinco de la tarde. Esa disciplina mantuvo en funcionamiento el establecimiento que durante años sostuvo a su familia.

El pasado lunes 01 de junio, todo cambió en cuestión de segundos cuando una volqueta, que aparentemente sufrió una falla en el sistema de frenos, descendió sin control por una calle de la colonia Villa Nueva e impactó vehículos, mototaxis, comercios y viviendas.

La fuerza del impacto destruyó gran parte de la llantera donde Josué trabajaba diariamente; el negocio que había levantado quedó reducido a escombros.

Las autoridades confirmaron que el accidente dejó ocho personas fallecidas y once heridas, convirtiéndose en una de las tragedias viales más impactantes registradas recientemente en la capital hondureña.

La muerte de Josué causó profunda conmoción entre familiares, amigos y vecinos, quienes recuerdan no solo al comerciante, sino también al hombre que dedicó gran parte de su vida a trabajar para construir un futuro mejor.

En redes sociales, numerosas personas compartieron mensajes de solidaridad para su familia y recordaron el trato amable que ofrecía a quienes llegaban a su negocio.

Mientras continúan las investigaciones para determinar las causas exactas del accidente, la historia de Josué Herrera se ha convertido en uno de los rostros representativos de la tragedia que golpeó a Villa Nueva.

Su legado, aseguran quienes lo conocieron, no se mide únicamente en el negocio que levantó con esfuerzo, sino en el ejemplo de perseverancia que dejó a sus hijos, familiares y amigos.

Detrás de cada víctima existe una historia. La de Josué Herrera es la de un hombre que comenzó entre montañas de chatarra, trabajó durante años para levantar su propio negocio y encontró en la llantera el fruto de toda una vida de esfuerzo.

Una historia que terminó de forma inesperada, pero que permanece viva en la memoria de quienes compartieron su camino.

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