3 de junio de 2026
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Estados Unidos condiciona la paz al control del uranio iraní

El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, reconoció este miércoles ante la Comisión de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes que las negociaciones con Irán no han dado lugar a un acuerdo definitivo y señaló que el principal escollo sigue siendo el destino de las reservas de uranio iraní enriquecido a niveles cercanos a los necesarios para armas nucleares. La declaración se produjo en un contexto de escalada: ese mismo día, fuerzas iraníes atacaron el Aeropuerto Internacional de Kuwait con misiles y drones, causando la muerte de un civil y 63 heridos.

Rubio describió las conversaciones como un proceso en progreso pero sin resolución final. Dijo que algunos asuntos aparecen reflejados en documentos intercambiados, pero que aún no hay aprobación definitiva por parte del sistema iraní, lo que evidencia las dificultades para asegurar compromisos vinculantes de un régimen cuya cadena de mando quedó gravemente afectada tras los ataques de febrero.

La posición de Washington sobre lo nuclear es concreta: exige que Irán entregue, destruya o diluya sus reservas de uranio enriquecido al 60 %, un nivel cercano al 90 % que se considera necesario para fabricar un arma atómica. Según el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), Irán había acumulado antes de la guerra cerca de 440 kilogramos de ese material, cantidad que, si se enriqueciera hasta grado armamentístico, podría dar lugar a varias ojivas. Gran parte del uranio permanece en instalaciones subterráneas dañadas pero no destruidas; el director general del OIEA, Rafael Grossi, advirtió que su extracción exigirá una operación técnicamente compleja.

Teherán impuso a su vez condiciones propias. Fuentes vinculadas a las negociaciones citadas por la agencia Iran International indican que el régimen exige el desbloqueo de al menos 12.000 millones de dólares en activos congelados en Catar como precondición para avanzar en cualquier memorando de entendimiento. Además, fuentes iraníes sostienen que el borrador del acuerdo no contempla la destrucción ni el traslado del material nuclear, algo que según esas fuentes contradice las declaraciones públicas de la administración Trump.

La desconfianza mutua quedó patente en los hechos del miércoles. Las Fuerzas Armadas de Kuwait informaron de la intercepción de trece misiles balísticos y diecisiete drones procedentes de Irán, aunque varios impactos alcanzaron la Terminal 1 del aeropuerto, que suspendió operaciones. La cancillería kuwaití calificó el ataque de “agresión criminal”. El Comando Central de Estados Unidos (CENTCOM) respondió con un ataque a una instalación iraní en la isla de Qeshm, en el estrecho de Ormuz.

Rubio sostuvo que la Operación Furia Épica —la campaña militar conjunta lanzada con Israel el 28 de febrero— concluyó con una victoria estadounidense y enumeró objetivos que, según Washington, se habrían cumplido: la destrucción de la base industrial de defensa iraní, la reducción de lanzadores de misiles, la merma del arsenal de drones y el debilitamiento de la armada convencional. Sin embargo, los ataques del miércoles contra Kuwait y Baréin ponen en cuestión esa narrativa.

El conflicto se inició el 28 de febrero con ataques conjuntos sobre instalaciones nucleares, militares y de liderazgo iraní, que incluyeron el asesinato del líder supremo Ali Khamenei, y se extendió por la región. Como respuesta, Irán bloqueó el estrecho de Ormuz —por donde transita alrededor del 25 % del petróleo transportado por vía marítima—, lo que provocó una crisis energética internacional. El 8 de abril Pakistán mediió un alto el fuego que se mantiene de manera precaria; posteriormente, Washington impuso un bloqueo naval sobre los puertos iraníes.

Las negociaciones continúan bajo mediación catarí y paquistaní, mientras el estrecho permanece cerrado al tráfico comercial. Teherán reclama garantías financieras antes de ceder en asuntos nucleares, y Washington condiciona cualquier alivio económico a compromisos previos sobre el uranio. El ataque del miércoles contra el aeropuerto de Kuwait refuerza la percepción de que Irán no ha renunciado a su capacidad de presión regional mientras las conversaciones se prolongan sin un acuerdo a la vista.

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