4 de junio de 2026
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Piedra del altar de Stonehenge fue transportada 700 km por acción humana

Un estudio reciente de Curtin University concluye que la piedra del altar de Stonehenge fue trasladada deliberadamente por personas desde el noreste de Escocia hasta la llanura de Salisbury, en el sur de Inglaterra. Esa trayectoria de alrededor de 700–750 km descarta que la roca llegara allí por acción glacial y pone de relieve la capacidad organizativa de las comunidades neolíticas.

La piedra del altar, un megalito de arenisca de varias toneladas, habría sido movida por grupos prehistóricos sobre terrenos difíciles mediante combinaciones de arrastre terrestre y, posiblemente, el uso de rutas fluviales o costeras. Según Curtin University, los modelos indican que los glaciares de la última Edad de Hielo solo pudieron desplazar la roca hasta zonas como Dogger Bank en el Mar del Norte, de modo que las personas tuvieron que completar el trayecto hasta Salisbury.

Considerado uno de los mayores retos logísticos de la prehistoria británica, el traslado implicó llevar la piedra desde su cantera hasta Stonehenge atravesando regiones sin conexiones naturales directas. Los investigadores de Curtin University, liderados por el Dr. Anthony Clarke y en colaboración con universidades británicas, sostienen que el movimiento fue planificado y requirió un alto grado de coordinación social.

Cómo se descubrió la ruta del Altar Stone

El estudio combinó análisis mineralógico de la roca con modelos informáticos que simulan el comportamiento de los glaciares durante la última glaciación. Esas simulaciones permitieron descartar el transporte directo por hielo hasta el sur de Inglaterra.

La clave fue el análisis de tres minerales presentes en fragmentos de la piedra —circón, apatito y rutilo— y la datación uranio-plomo de esos granos. Los resultados mostraron edades de entre 1.000 y 2.000 millones de años en algunos granos y alrededor de 450 millones en otros. Esa firma geológica coincide con la Cuenca Orcadiana, en el noreste de Escocia, y no con formaciones rocosas de Gales ni de Inglaterra.

Los autores concluyen que no existieron rutas glaciares capaces de enlazar el origen en Escocia con la ubicación final de Stonehenge. Las pruebas mineralógicas y las dataciones modernas permiten afirmar el origen exacto de la piedra y sugieren que su transporte se organizó en varias etapas, combinando probablemente tramos terrestres y vías acuáticas.

El contexto de Stonehenge y sus piedras

El altar stone no es la única piedra del monumento con procedencia lejana. Stonehenge está formado por dos tipos principales: las sarsen, las más grandes, procedentes de Marlborough a unos 25 km, y las bluestones, más pequeñas, originarias de las colinas de Preseli en Gales, a unos 220 km. El altar stone, en cambio, recorrió una distancia muy superior —al menos 750 km—, lo que lo convierte en el traslado más largo documentado para una piedra utilizada en un monumento neolítico.

La pieza, un bloque de arenisca rojiza de unos 5 metros de longitud y aproximadamente 50 centímetros de espesor, se sitúa en el centro del círculo de Stonehenge, parcialmente enterrada bajo dos sarsen caídos. Durante décadas se pensó que su origen era galés; investigaciones posteriores fueron descartando fuentes de Gales e Inglaterra hasta que un estudio publicado en Nature en 2024 atribuyó de forma concluyente su procedencia a la Cuenca Orcadiana.

Qué revela el hallazgo sobre las comunidades prehistóricas

El equipo del Dr. Clarke interpreta este hallazgo como evidencia de una organización social y cooperación muy desarrolladas en el Neolítico. Transportar una piedra de ese tamaño habría requerido planificación, coordinación y conocimiento detallado del paisaje, según señalan los autores.

El debate sobre si el traslado fue principalmente marítimo o terrestre sigue abierto. El arqueólogo Jim Leary defiende la posibilidad de una travesía por mar, recordando que en aquella época ya se transportaba ganado por vía marítima. Por su parte, el historiador Mike Pitts argumenta a favor del transporte por tierra, alegando que el riesgo de perder una carga tan valiosa en el mar habría sido alto y que un desplazamiento terrestre permitiría la participación y el apoyo de comunidades locales a lo largo de la ruta, con paradas posibles en monumentos intermedios como los henges de Thornborough en Yorkshire.

Los autores subrayan que la combinación de análisis geológico y simulaciones digitales ha resuelto preguntas de larga data y aporta una visión de una tecnología y colaboración entre grupos prehistóricos más sofisticada de lo que se había estimado tradicionalmente.

Próximas investigaciones sobre Stonehenge

Con estos resultados, el equipo pretende localizar con mayor precisión la cantera original en el noreste de Escocia. La zona de búsqueda abarca un corredor desde las Orcadas y John O’Groats, en Caithness, hasta la franja costera del Firth of Moray, cerca de Inverness. Un estudio paralelo publicado en el Journal of Archaeological Science ya descartó que la piedra proceda de la parte continental de Orkney tras comparar su composición con megalitos del Ring of Brodgar y las Stones of Stenness.

Además, los investigadores planean analizar en detalle las posibles rutas y las técnicas empleadas para trasladar la pieza hasta el sur de Inglaterra. Esperan que estos trabajos permitan reconstruir con mayor precisión los procesos logísticos y constructivos asociados a Stonehenge y que confirmen el profundo conocimiento del paisaje y la determinación de las comunidades prehistóricas frente a retos colectivos de gran envergadura.

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