El inesperado regreso de los pantalones bombachos marca la moda primavera-verano 2026 en el hemisferio norte. Detrás de esta tendencia hay una trayectoria de reivindicación femenina y transformaciones culturales que explican su persistencia.
Originarios de Oriente, los pantalones bombachos se han convertido en un símbolo con carga feminista desde su llegada a Europa hasta su resurgimiento actual.
A lo largo de los siglos, esta prenda ha estado ligada a la apropiación cultural, el empoderamiento femenino y los cambios sociales, razones por las que su relevancia trasciende las modas pasajeras, según señala Vogue.
Influencias orientales y llegada a Europa
La fascinación europea por las culturas orientales creció desde el siglo XVII, situando al imperio otomano como fuente de inspiración. En la corte de Versalles, la marquesa de Pompadour adoptó el llamado “traje a la turca”, apareciendo en retratos con turbante y pantalones bombachos como expresión de autonomía.
Otras figuras francesas, como la condesa de Vergennes y la bailarina Rosalie Duthé, se sumaron a esa estética. En Inglaterra, Lady Mary Wortley Montagu describió desde Estambul el atuendo de su hermana: “La primera parte de mi vestido consiste en unos bombachos muy amplios que llegan hasta los zapatos, y cubren las piernas con mayor modestia que tus enaguas”.
El auge del orientalismo, potenciado por obras como Las mil y una noches y las Cartas persas de Montesquieu, introdujo nuevas formas de concebir la feminidad en la moda y el arte. Los pantalones bombachos adquirieron así un papel destacado en la cultura europea, cruzando fronteras y resignificando su simbolismo.
De símbolo feminista a prenda deportiva
En el siglo XIX, los bombachos se asociaron con la lucha por los derechos de las mujeres. En Estados Unidos, Amelia Bloomer, editora de The Lily, popularizó la prenda —conocida como “bloomers”— y la vinculó al activismo y a la comodidad.
Al presentar el “nuevo vestido” inspirado en Elizabeth Cady Stanton, Bloomer contó: “En cuanto se supo que llevaba el nuevo vestido, recibí cientos de cartas de mujeres de todo el país preguntando por él y pidiendo patrones, lo que demostraba lo dispuestas y ansiosas que estaban por deshacerse de las polleras largas y pesadas”.
Aunque fueron objeto de burlas y críticas, activistas y universitarias mantuvieron los bombachos en el uso cotidiano. Bloomer explicó: “Me resultaba cómodo, ligero, fácil y práctico. Se adaptaba a las necesidades de mi ajetreada vida […] así que no permití que las burlas o la censura me afectaran”.
Con la expansión del deporte femenino, los bombachos se popularizaron en actividades como golf, tenis y ciclismo. La bicicleta facilitó su uso y se convirtió en un símbolo de libertad femenina.
Vogue ya recomendaba en 1895: “Los pantalones o bombachos deben ser del mismo material que la falda. La característica más importante de la falda para montar en bicicleta es su escasa amplitud […] así se consigue una silueta menos aparatosa”.
Un informe citado por la publicación afirmaba que la prenda “ha contribuido más a la emancipación de nuestro sexo que cualquier conferencia, artículo periodístico o libro denso”.
De la pasarela histórica a la tendencia de 2026
En el siglo XX, la influencia orientalista volvió a tener presencia en la moda. El diseñador Paul Poiret incorporó los bombachos a la alta costura tras la llegada a París de los Ballets Rusos en 1909.
Surgieron denominaciones como jupe-culotte (“pantalón-falda”), robe-pantalon (“vestido-pantalón”) o “pantalones harem”, la versión occidentalizada que aún se usa.
En los años 60 y 70, la diseñadora Thea Porter los incluyó en colecciones bohemias que mezclaban referencias del Oriente Medio con la moda europea.
A mediados de las décadas siguientes, Yves Saint Laurent consolidó los bombachos como prenda emblemática. En los 70 y 80 se mantuvieron en las pasarelas en versiones maximalistas con diversos estampados y texturas.
La variedad de versiones actuales —desde capri hasta estilos tipo short— demuestra la adaptabilidad de la prenda. Su regreso en 2026 no solo significa una tendencia, sino que resume siglos de lucha, transformación y afirmación femenina.
La historia de los pantalones bombachos muestra cómo una prenda puede desafiar convenciones y abrir caminos hacia nuevas formas de autonomía. En cada época, llevar bombachos ha sido una forma de reivindicar evolución y libertad, recuerda Vogue.


