14 de junio de 2026
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Prometen repatriar a Borges en Ginebra a 40 años de su muerte

(Desde Ginebra) Alejandro Vaccaro, coleccionista, afirma en la Maison Rousseau, una librería y centro cultural en la Ciudad Vieja de Ginebra, que repatriar a los argentinos fallecidos en el exterior es una tradición y que Jorge Luis Borges no será la excepción. A su lado, el empresario Alejandro Roemmers confirma la intención: en 2019 compró a Vaccaro un conjunto de unas 30.000 piezas relacionadas con el escritor y desde entonces ambos desarrollan proyectos vinculados a su obra.

El anuncio sobre la posible devolución del cuerpo de Borges a Buenos Aires se hizo durante la presentación de Borges, la colección, un libro que documenta esas piezas y que se presentó en este local, identificado como la casa natal de Jean-Jacques Rousseau. El acto fue en castellano y contó con la presencia de argentinos y algunos asistentes de otros países.

Jorge Luis Borges, el escritor argentino de mayor proyección internacional, murió hace 40 años en Ginebra, ciudad con larga historia que data de la época romana. Llegó allí con su esposa María Kodama el 28 de noviembre de 1985, tras una enfermedad y una internación, consciente de que no volvería a pisar Buenos Aires.

El escritor está enterrado en el cementerio De Plainpalais —también llamado “De los reyes”—, donde descansa junto a otras figuras como el músico Alberto Ginastera. Marcos Liyo, guía de un tour sobre Borges en Suiza, afirma que su tumba es la más visitada y que los visitantes dejan flores, cartas y libros. Esa distancia con Buenos Aires contrasta con la famosa afirmación de Borges sobre su pertenencia a la ciudad porteña.

Se especula sobre las razones por las que Borges murió en Ginebra, ciudad en la que vivió parte de su adolescencia. Se recuerda su poema “La Recoleta”, publicado en 1923, donde el autor evoca el cementerio porteño, pero las circunstancias personales y temporales cambiaron desde entonces.

Cómo hacer que Borges vuelva

No es la primera vez que se plantea la repatriación de Borges. En 2022, los nietos de Norah, su hermana, expresaron su voluntad de traerlo de vuelta y relataron gestiones previas.

Durante la charla, la idea de repatriar a Borges surgió a partir de una pregunta del público. Vaccaro mencionó su intención y citó a Roberto Alifano, amanuense de Borges cuando el autor ya estaba ciego y dictaba mientras Alifano transcribía. Alifano estuvo presente en el evento, sentado junto a Vaccaro y Roemmers.

Alifano relató que acompañaba a Borges una vez por semana al cementerio de la Recoleta y que el escritor le había pedido que cumpliera su deseo de descansar allí con sus parientes.

Roemmers agregó que la repatriación permitiría a los argentinos, en especial a los habitantes de Buenos Aires, rendir homenaje a quien consideraban suyo.

La posibilidad de trasladar los restos implica cuestiones legales, económicas y prácticas; por ahora no hay decisiones firmes, pero se han iniciado gestiones que podrían avanzar si interviene el gobierno argentino.

La idea de traer a Borges a Buenos Aires está ligada al proyecto mayor de Vaccaro y Roemmers: abrir un Museo Borges para albergar las cerca de 30.000 piezas de la colección, que actualmente se encuentran en la casa de Vaccaro. Quieren que sea un museo público; entre las alternativas se mencionó el Palais de Glace, que está en refacciones. Si no fuera posible un espacio público, evaluarían un museo privado.

Vaccaro vincula ambos objetivos: mostrar la colección en Buenos Aires y ponerla al servicio de la comunidad, y en paralelo trabajar para que los restos de Borges regresen a la ciudad que fue central en su vida.

Habla Borges

Una de las sorpresas del evento fue la aparición de la voz de Borges mediante un trabajo de inteligencia artificial realizado por Juan Vaccaro, hijo de Alejandro. En la pantalla, un retrato del escritor se movía levemente y simuló un diálogo con Alifano, Vaccaro y Roemmers.

En esa intervención, la versión digital de Borges recordó episodios compartidos con Alifano, agradeció a Vaccaro por su trabajo biográfico y preguntó a Roemmers por sus novelas. El intercambio, claramente ficcional y homenaje, recreó un diálogo entre los presentes y la figura del autor.

Borges de punta a punta

En un pequeño vestíbulo de la Maison Rousseau se exhiben copias de las Cartas a Godel, la correspondencia que Borges mantuvo en su adolescencia en Ginebra con su amigo de escuela Roberto Godel.

Roemmers recordó la relación entre Borges y Ginebra: para muchos lectores la ciudad tiene un lugar central en la historia del pensamiento europeo y, para quienes trabajan en preservar el legado del autor, representa un espacio clave en su formación intelectual. Señaló un diálogo simbólico entre Rousseau y Borges, ambos figuras que, desde épocas distintas, cuestionaron fronteras del pensamiento, la identidad y la palabra.

Destacó además que, aunque Borges nació en Buenos Aires, fue en Ginebra donde se consolidó como lector y escritor: allí desarrolló su amor por los libros y dijo en algún momento que Ginebra le parecía la más propicia para la felicidad. Al mismo tiempo, en esas calles sufrió el exilio y la nostalgia por Argentina, lo que convirtió su figura en un puente entre Latinoamérica y Europa. El libro presentado fue descrito por Roemmers como el testimonio físico de ese viaje.

En medio de una ciudad con comercios cerrados y una notable presencia policial por una manifestación contra la reunión del G7, Roemmers también leyó un mensaje político: honrar la memoria de Borges implica reivindicar obras como Los conjurados, en las que el autor aboga por la razón y la resolución pacífica de los conflictos.

Borges de cerca

Roberto Alifano habló de su trabajo con Borges: coincidían todas las mañanas a partir de las nueve y media, comían juntos y a veces continuaban la tarea después de una siesta del escritor. Describió la relación como muy enriquecedora y un motivo de orgullo haber sido elegido por Borges entre tantos aspirantes.

Alifano contó que, cuando Borges le dictaba, casi siempre tenía la idea resuelta y luego la corregía; señaló que el autor corrigió incluso su primer libro a lo largo de su vida. Relató también que Borges lo llamaba temprano cuando tenía una ocurrencia y quería que el cambio se hiciera de inmediato.

El encuentro concluyó con aplausos y emoción; en la planta baja de la librería, el café ofrecía empanadas y vino argentinos, en pleno Ginebra.

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