29 de julio de 2026
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Red armada iraní en Irak: las milicias que alteran el equilibrio regional

Los bombardeos realizados el martes por Estados Unidos y Arabia Saudita contra instalaciones de las Fuerzas de Movilización Popular (PMF) en Irak —que, según la propia agrupación, dejaron al menos 20 combatientes muertos— volvieron a situar en el centro del debate a uno de los actores más controvertidos del país.

Las PMF son una coalición de decenas de milicias, muchas con respaldo iraní. Desempeñan un papel relevante en la seguridad iraquí, pero su existencia y vínculos externos generan fricciones permanentes entre Bagdad, Washington y Teherán.

Su origen se remonta a la invasión de 2003 y al vacío de seguridad que siguió a la caída de Saddam Hussein, cuando surgieron numerosos grupos armados. Irán proporcionó en ese periodo entrenamiento, financiamiento y armas a varias de esas organizaciones, que en ocasiones enfrentaron a las tropas estadounidenses.

En 2014, ante el avance del Estado Islámico, decenas de milicias se coordinaron bajo una estructura común: las Fuerzas de Movilización Popular, para combatir la ofensiva y recuperar territorios controlados por el grupo yihadista.

La coalición integró organizaciones con distintos grados de influencia y apoyos externos. Mientras varias recibieron asistencia iraní, algunas cooperaron también con la coalición internacional liderada por Estados Unidos durante la lucha contra el Estado Islámico.

Entre las milicias más relevantes figura la Organización Badr, considerada una de las más poderosas dentro del espectro chií iraquí. Participó en operaciones contra el Estado Islámico, aunque ha sido señalada por abusos contra civiles y fue uno de los objetivos de los recientes ataques.

Tras la derrota territorial del Estado Islámico, las PMF mantuvieron su estructura y ampliaron su presencia política: varios de sus dirigentes accedieron a cargos oficiales. No obstante, muchas unidades conservan un alto grado de autonomía pese a su integración formal en las fuerzas de seguridad iraquíes.

Los bombardeos del martes se produjeron después de que Estados Unidos responsabilizara a milicias iraquíes alineadas con Irán por una serie de ataques con drones. El Comando Central (CENTCOM) afirmó que esas agrupaciones, bajo la dirección de la Guardia Revolucionaria iraní, habrían realizado más de 30 ataques contra fuerzas estadounidenses en Medio Oriente y contra infraestructuras energéticas en Arabia Saudita.

El Ministerio de Asuntos Exteriores saudí declaró que el Reino no busca una escalada, pero advirtió que responderá ante cualquier agresión.

Desde Irak, la Organización Badr calificó la operación como “atroz e injustificada”, la consideró una violación de la soberanía iraquí y pidió al Gobierno que adopte una postura firme frente a los bombardeos.

La tensión venía en aumento desde meses antes. A finales de febrero, el cuartel de Kataib Hezbollah, grupo integrante de las PMF, sufrió un ataque que dejó tres muertos y varios heridos; aunque ni Estados Unidos ni Israel se atribuyeron la acción, las PMF señalaron a las “fuerzas sionista-estadounidenses”.

Tras ese incidente, Kataib Hezbollah y milicias aliadas prometieron represalias y se registraron ataques con drones y cohetes contra objetivos estadounidenses en Irak. Washington considera a Kataib Hezbollah estrechamente vinculada a la Fuerza Quds de la Guardia Revolucionaria iraní y la incluyó en 2009 en su lista de organizaciones terroristas extranjeras.

El grupo también ha sido implicado en acciones de alto perfil, como el secuestro este año de la periodista estadounidense Shelly Kittleson en Bagdad; la reportera fue liberada una semana después.

Ante la escalada, el Gobierno iraquí ha intentado evitar que el país se convierta en un escenario de confrontación regional o internacional. La Presidencia condenó los bombardeos, consideró la acción inaceptable y afirmó que constituyó una violación de la soberanía de Irak y del derecho internacional, incluida la Carta de las Naciones Unidas.

En el mismo comunicado las autoridades reiteraron que Irak rechaza que su territorio sea utilizado como plataforma para ataques contra países vecinos o para dirimir disputas regionales e internacionales.

Ese contexto también explica los esfuerzos del primer ministro Ali al-Zaidi por someter a las milicias al control estatal: tras asumir en abril, ordenó que todos los grupos armados quedaran bajo mando directo del Estado, pero varias organizaciones poderosas vinculadas a Irán rechazaron ceder su autonomía.

La persistencia de estas estructuras armadas, su influencia en instituciones estatales y sus lazos con Teherán mantienen a las Fuerzas de Movilización Popular como un actor determinante en la seguridad de Irak y como un eje central de la rivalidad regional entre Estados Unidos e Irán.

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