Un segundo misil ruso impactó el lunes en Járkiv mientras cinco rescatistas del Servicio Estatal de Emergencias de Ucrania combatían un incendio provocado por un ataque anterior, informó el ministro del Interior, Igor Klymenko. Los cinco murieron en el acto y, según Klymenko en su cuenta de Telegram, al menos otros cinco resultaron heridos.
El ministro no precisó el tipo de munición ni el momento exacto del segundo impacto, ni identificó el distrito afectado. Sí señaló que los rescatistas no fueron víctimas colaterales de un ataque indiscriminado, sino el blanco directo de un segundo bombardeo deliberado en una zona donde ya operaban equipos de emergencia.
Esta táctica, conocida como “doble golpe”, consiste en lanzar un segundo proyectil sobre el mismo objetivo minutos después del primero, durante la fase en que los primeros respondedores se despliegan. Ucrania acusa a Rusia de emplearla de forma sistemática desde 2022, con una intensificación documentada a partir de 2024; en ciudades como Odesa, Zaporizhzhia y la propia Járkiv, esa táctica causó la muerte de decenas de bomberos, paramédicos y policías en pocas semanas en la primavera de 2024.
Járkiv, la segunda ciudad más grande de Ucrania con más de un millón y medio de habitantes antes de la guerra, está en el noreste del país a apenas unos veinte kilómetros de la frontera con Rusia, lo que la convierte en un objetivo recurrente. Según datos del Ministerio del Interior ucraniano, desde comienzos de 2026 las fuerzas rusas han lanzado cerca de 740 ataques sobre la región; cada día permanecen en alerta más de 500 rescatistas y 150 vehículos de emergencia.
El patrón del lunes reproduce ataques anteriores en la ciudad. En abril de 2024, un enjambre de drones iraníes Shahed golpeó Járkiv de madrugada y, cuando llegaron los equipos de emergencia, un segundo impacto mató a tres bomberos, entre ellos Vladyslav Logienko, de 52 años. Su hijo, también rescatista, llegó poco después y fue registrado por las cámaras mientras sus compañeros intentaban consolarlo entre los escombros.
La Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU documentó ese año un “patrón particularmente preocupante” de ataques de doble golpe en Ucrania, calificándolos de “crueles” e “injustificables” y exigiendo su cese. Esa práctica vulnera el derecho internacional humanitario, que protege expresamente a los trabajadores de emergencia en zonas de conflicto.
Las autoridades ucranianas han denunciado además que la táctica persigue un objetivo estratégico más allá de las bajas inmediatas: minar la capacidad de respuesta civil y disuadir a los rescatistas de acudir a los puntos de impacto. El gobernador regional, Oleh Syniehubov, señaló en 2024 que Rusia había comenzado a incorporar ataques de repetición “de día y de noche”.
El Kremlin niega sistemáticamente que sus fuerzas ataquen a civiles o al personal de emergencia y atribuye los daños a fragmentos de las propias defensas aéreas ucranianas; sin embargo, las pruebas reunidas por organismos independientes y misiones de la ONU contradicen de forma consistente esa versión.
La muerte de los cinco rescatistas se produce en un momento de presión sostenida en el frente nororiental. Desde enero de 2026, según el Ministerio de Defensa ucraniano, Ucrania ha recuperado cerca de 600 kilómetros cuadrados de territorio anteriormente ocupado, y las fuerzas rusas han respondido intensificando los bombardeos sobre centros urbanos, con Járkiv entre los objetivos más frecuentes. Para los servicios de emergencia de la ciudad, el lunes no fue una excepción: confirmó que, con creciente frecuencia, responder a los ataques implica convertirse en el siguiente objetivo.


