El 21 de junio de 1994, Diego Armando Maradona anotó ante Grecia el último gol de su carrera con la selección argentina. Fue en el debut del equipo dirigido por Alfio Basile en el Mundial de Estados Unidos, una jugada colectiva en Foxboro que quedó como la imagen más destacada de su regreso antes de que un control antidopaje positivo tras el partido con Nigeria lo apartara del torneo y marcara un cierre abrupto de su trayectoria mundialista.
La AFA y la cuenta oficial de la selección argentina recordaron ese tanto en sus redes sociales, publicando: “Reconocimiento: un día como hoy, pero de 1994, Diego Maradona le marcó a Grecia su último gol con la camiseta de la selección argentina”.
Aquel gol cumple ahora 32 años y mantiene un significado particular por lo que condensó: la reaparición del capitán en una Copa del Mundo, el cierre goleador de su historia con la Albiceleste y el anticipo de una salida que cambió el destino del equipo. Más de 54.000 espectadores llenaron esa tarde el Foxboro Stadium, en Massachusetts, con unos 24 °C y una lluvia ligera.
La jugada llegó a los 15 minutos del segundo tiempo, cuando Argentina ya ganaba por dos tantos de Gabriel Batistuta. Fernando Redondo recibió un pase de Abel Balbo, tocó de primera en una combinación con Claudio Caniggia y Maradona, y el capitán definió con un zurdazo que se clavó en el ángulo del arco griego.
La celebración posterior quedó inseparable del gol: tras empujar el balón a la red, Maradona corrió hacia una cámara de televisión con los puños apretados y un grito entre la furia y la euforia, una imagen que se volvió una de las más recordadas de sus Mundiales.
En su libro México 86. Mi Mundial. Mi verdad. Así ganamos la Copa, Maradona explicó ese desahogo: “Yo llegué al Mundial limpio como nunca, como nunca… Porque sabía que era la última oportunidad de decirles a mis hijas: ‘Soy un jugador de fútbol, y si ustedes no me vieron, me van a ver acá’. Por eso, por eso y no por otra cosa, no por alguna gilada que se dijo por ahí, grité el gol contra Grecia como lo grité. ¡No necesitaba droga para tomarme revancha y para gritarle al mundo mi felicidad!”.
Ese regreso fue el desenlace de cuatro años agitados: la suspensión por dopaje, la salida de Napoli, la experiencia fallida en Sevilla, el breve paso por Newell’s Old Boys, el retorno a la selección para el repechaje ante Australia y la preparación para el Mundial en un campo de Santa Rosa, La Pampa, con el trabajo del preparador físico Fernando Signorini.
El intento de volver al máximo nivel también sorprendió a quienes lo conocían. “Si Diego fuera alemán, no jugaría este Mundial. Solo alguien con la mentalidad de un argentino y la genialidad de Maradona es capaz de intentar esta locura a su edad, después de tantas batallas”, comentó en su momento el alemán Bernd Schuster, excompañero suyo en Barcelona.
La respuesta que aún rodea esa tarde es clara: el gol ante Grecia fue el último que Maradona marcó con la camiseta argentina y también su último tanto en una Copa del Mundo. Lo consiguió en el debut del equipo en Estados Unidos, en un partido que en ese momento parecía inaugurar una nueva resurrección futbolística.
El encuentro se jugó en el Foxboro Stadium, en Foxborough, a unos 40 kilómetros del centro de Boston. Ese estadio fue demolido en 2001 y en su lugar se construyó el Gillette Stadium, que más tarde fue elegido entre las 16 sedes de la Copa del Mundo 2026.
La historia de ese Mundial cambió poco después: tras el partido contra Nigeria, un control de dopaje positivo por pseudoefedrina dejó a Maradona fuera del resto del certamen y convirtió aquella tarde contra Grecia en la última gran postal de su trayectoria en los Mundiales.


