22 de junio de 2026
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Asesino de la mafia de Nueva York desaparece tras 35 años en prisión

Durante décadas el nombre de Anthony Senter apareció en expedientes judiciales, informes del FBI y en relatos de antiguos miembros de la mafia. Fiscales e investigadores lo señalaron como un ejecutor frío y peligroso, vinculado a una de las organizaciones criminales más violentas de la segunda mitad del siglo XX en Nueva York. A pesar de ello, el 22 de junio de 2024 Senter salió de prisión.

La liberación sorprendió a especialistas en crimen organizado. Senter había sido condenado a cadena perpetua más veinte años por varios asesinatos cometidos durante los años más violentos de la mafia en Nueva York. Tras más de tres décadas en prisión, su nombre seguía asociado a una red a la que se le atribuyeron decenas —y según algunas estimaciones, hasta centenares— de homicidios.

Su excarcelación reavivó una pregunta central: ¿cómo pudo recuperar la libertad un hombre condenado por múltiples asesinatos y considerado uno de los sicarios más temidos de la época? Para entenderlo es necesario volver a su juventud en Canarsie, Brooklyn, cuando Anthony Michael Senter era un adolescente que creció en un entorno donde el crimen organizado era parte del paisaje.

Historia de un sicario

Anthony Michael Senter nació el 31 de marzo de 1955 en Canarsie, Brooklyn. Hijo de Michael Senter, un inmigrante italiano de la región de Trentino, vivió una infancia marcada por la separación de sus padres y por una dinámica familiar inestable que biógrafos y especialistas en la mafia han señalado como influyente en su desarrollo.

A diferencia de otros delincuentes que surgieron sin lazos previos con el ambiente criminal, Senter estuvo expuesto desde joven a negocios vinculados a figuras del hampa. Su tío Robert Senter mantenía relaciones con miembros de las familias Gambino y Colombo y tenía una empresa de reciclaje en Brooklyn; Anthony trabajó tanto en la empresa familiar como en la de su tío.

Los inicios en la mafia

El empleo legítimo no fue suficiente. En las calles de Canarsie conoció a Joseph Testa, con quien formó una alianza estrecha. Los dos, de edades similares, compartieron desde temprano la inclinación por el dinero fácil y la delincuencia.

Testa, uno de nueve hermanos, quedó marcado por la muerte de su madre cuando era adolescente. Ambos comenzaron con robos de autos y delitos menores; antes de los quince años ya acumulaban detenciones, aunque muchas causas se archivaron por su condición de menores.

Su unión les valió el apodo de “Gemelos Géminis”: inseparables en lo personal y en lo criminal, y vinculados al Gemini Lounge, un bar de Brooklyn que acabaría asociado a prácticas criminales particularmente violentas.

Entre mafiosos

A principios de los años setenta llamaron la atención de Roy DeMeo, un miembro ascendente de la familia Gambino. DeMeo dirigía un entorno criminal que combinaba robos de vehículos, desguaces ilegales, extorsión, usura y narcotráfico, pero también una gran cantidad de homicidios.

Investigaciones posteriores atribuyeron al grupo de DeMeo decenas de víctimas; algunas cifras oscilan entre más de 75 y más de 200 homicidios. Senter y Testa ingresaron en la organización alrededor de 1974, siendo aún jóvenes, y empezaron robando autos para redes de exportación clandestinas, destacando por su eficacia y lealtad.

A medida que ganaron confianza, los dos pasaron a tareas más violentas. Dentro del entorno de DeMeo surgió un procedimiento de ejecución y eliminación de cuerpos que décadas después sería objeto de estudio por su crueldad.

El relato de los crímenes

Según testimonios en juicios federales, las víctimas eran atraídas a un departamento usado para ejecutar y desmembrar cuerpos: eran disparadas en la cabeza, apuñaladas para acelerar la pérdida de sangre y luego desmembradas y descartadas en distintos puntos de la ciudad. Esa práctica se llegó a conocer como el “Método Géminis”.

Senter fue identificado como uno de los principales ejecutores. En los años setenta su reputación dentro de la organización creció: además de ser un eficaz operador en el robo de vehículos, se le describió como alguien con reacciones violentas e impredecibles.

Su lealtad hacia Testa era notable. Un episodio frecuentemente citado relata cómo, tras una agresión que dejó herido a Testa, Senter buscó y golpeó brutalmente al responsable, acción que reforzó la leyenda de los Gemelos Géminis.

Las aventuras de los Gemelos Géminis

Durante años parecieron intocables: testigos desaparecían y las pruebas eran escasas, lo que protegía a la red. Sin embargo, a finales de los setenta y principios de los ochenta las investigaciones federales se intensificaron, las escuchas telefónicas aportaron evidencias y algunos integrantes comenzaron a colaborar con la justicia.

En 1983 Roy DeMeo fue hallado asesinado en el baúl de un automóvil, un suceso cuyo autoría nunca se resolvió completamente en sede judicial. A lo largo del tiempo circularon versiones que apuntaban a miembros de su propia organización como responsables, y los nombres de Senter y Testa surgieron en varias hipótesis.

Tras la muerte de DeMeo, los Gemelos Géminis estrecharon lazos con la familia Lucchese y siguieron implicados en actividades delictivas, pero el cerco judicial se cerró: en 1984 fueron incluidos en una extensa acusación federal que enumeraba décadas de delitos organizados.

¿Será justicia?

El proceso demoró años, pero en 1989 los fiscales presentaron un caso contundente. Anthony Senter fue condenado por racketeering y por diez asesinatos, recibiendo cadena perpetua más veinte años; Testa recibió la misma pena. Para muchos, parecía seguro que no volverían a salir.

Un detalle legal determinante cambió ese panorama: los delitos se cometieron antes de que el sistema federal eliminara la posibilidad de libertad condicional para determinadas condenas. Esa circunstancia permitió que, tras décadas en prisión y un historial penitenciario sin incidentes graves, Senter pudiera optar a una revisión de su situación. Permaneció encarcelado durante treinta y cinco años, mientras el mundo exterior cambiaba profundamente.

Cuando en 2022 la Comisión de Libertad Condicional de Estados Unidos aprobó su eventual liberación, la decisión generó protestas de familiares de víctimas y críticas de exfiscales e investigadores. Figuras públicas que habían participado en los procesos contra la banda de DeMeo expresaron su oposición, argumentando que Senter debía permanecer internado.

La libertad del mafioso

La resolución se ejecutó: a finales de 2023 Senter fue transferido a un centro de reinserción y luego obtuvo libertad condicional. Desde entonces su vida privada ha sido poco conocida.

Los medios apenas registraron su salida; no hay declaraciones públicas relevantes ni proyectos mediáticos. Se sabe que quedó sujeto a condiciones de supervisión propias de la libertad condicional federal, lo que alimenta interrogantes sobre su situación personal y sus posibles contactos con antiguos miembros del crimen organizado.

Senter representa un vínculo directo con una era en que la mafia neoyorquina ejercía un control violento sobre barrios enteros, con secuestros, asesinatos por encargo y códigos de silencio. Hoy, con más de setenta años, ya no es el joven ladrón ni el ejecutor temido, pero su nombre sigue evocando episodios sin resolver y el terror que aquella etapa sembró.

Más allá de la mera condición de un hombre que recuperó la libertad, su caso simboliza una sombra de crímenes cuyo alcance puede no conocerse por completo. Mientras las familias de las víctimas cuestionan si la justicia fue suficiente, Senter vive en libertad por primera vez desde la presidencia de Ronald Reagan, lejos de la atención pública pero todavía ligado a una historia violenta que muchas veces queda en silencio.

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